Russo, de cambiar la historia reciente en los mano a mano con River a la frase que se volvió viral

Por segunda vez consecutiva, Boca eliminó al equipo de Gallardo por penales. "Me vibra el corazón y no el celular", fue la sentencia del DT, al borde de las lágrimas.

El tercer superclásico del año volvió a terminar en empate, como había ocurrido con el 2 a 2 de la Copa Diego Maradona, el 2 de enero pasado. Y como había ocurrido con el 1 a 1 en los cuartos de final de la Copa de la Liga, en mayo, cuando River jugó con juveniles por el brote de Covid que sufrió su plantel. Ahora, en La Plata, por los octavos de final de la Copa Argentina, fue 0 a 0. Y la definición en los penales volvió a caer para Boca, que lo festejó como un desahogo doble: por lo que había sufrido en Belo Horizonte ante Atlético Mineiro y la semana de aislamiento que debió sufrir el plantel; pero también porque parece empezar a dejar atrás una historia de frustraciones constantes ante el equipo de Marcelo Gallardo. Y ahí es donde se agiganta la figura de Miguel Ángel Russo. 

«Había una historia, no es fácil. Se mejoró en el funcionamiento del equipo, pero todavía tenemos que mejorar muchas cosas, lo reconozco. Pero vamos despacio en ese sentido, se venía de golpes muy duros en este tipo de partidos y lo estamos empezando a cambiar», dijo Russo, que ya le ganó su tercer mano a mano a Gallardo desde que se sentó en el banco de suplentes de River: a los dos de este año con el Xeneize, se agrega otro dirigiendo a Rosario Central, en la Copa Argentina 2014, también por penales luego de un 0 a 0. 

«Esto es para el hincha de Boca y para todos los que no creen en nosotros. Tuvimos suerte para poder llegar a los penales y pasar. Pero creo que es como un premio por todo lo que se sufrió en el último tiempo», dijo el entrenador de Boca, emocionado. El entrenador de 65 años es conocido en el ambiente el fútbol por su capacidad para transmitir tranquilidad en momentos de tensión y, también, por sus declaraciones sencillas, que buscan salir de la polémica. “Son momentos”, es su mantra. Cuando ya parecía en el tramo final de su carrera, le llegó su segunda chance en Boca, donde levantó la última Libertadores que ganó el Xeneize, en 2007. 

Russo debía reconstruir un plantel y a un club que venía golpeado por las derrotas coperas ante River: Sudamericana 2014, Libertadores 2015, Libertadores 2018 y Libertadores 2019. Los últimos dos mano a mano cayeron para Boca. Por penales, claro. Pero ese es el análisis fino. Russo igual mantiene la calma: “Lo disfruto con emoción y alegría, pero con tranquilidad. Por suerte estoy en una etapa en la que todavía me vibra el corazón y no el celular. Espero seguir así».

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