Hugo Nardone lleva 30 años como guardavidas en las playas céntricas de Mar del Plata.

¿Cómo cambió la profesión en estos 30 años?
Hoy hay más elementos. Por ejemplo, años atrás no había las piletas que hay hoy para entrenar, ni existía la preparación física actual. Los chicos están mucho más preparados. Antes era todo más a pulmón, pero con el tiempo se fue profesionalizando.
¿Es un trabajo riesgoso?
No. Nos gusta tanto que no sentís miedo. Y salvar a una persona es una alegría, una satisfacción. Y tener dos hijos a los que la gente aplaude tras un rescate hermoso, es un orgullo bárbaro.
¿Cómo se afronta el trabajo diario con los jóvenes?
Hay que saber manejarlos. Hay pibes que vienen a comerse el mar y creen que no hay peligro. Ojo, hay personas y personas. A todas hay que saber llevarlas. Y si las cosas se ponen mal, se deriva a la policía. Porque la verdad es que no se respetan mucho las indicaciones que damos y la señalética de las banderas. La gente quizá no toma conciencia. Y tampoco podemos hacer de policías. Nosotros cumplimos la función de cuidar el agua.
Todas las mañanas, Hugo sale a correr y a nadar. Y de 14 a 20, toma el control. Miro que no falte nada: que el botiquín esté completo, que estén todas las banderas y los elementos de salvataje, dice, mientras contempla cómo la voracidad del mar y la inacción del hombre vienen haciendo estragos. Hemos perdido casi 20 metros de playa. Al no hacer obras y no alargar los espigones, que evitan que las correntadas fuertes del sur entren con mucha fuerza, el agua toma. Pero no sólo en Mar del Plata. Es un problema de toda la Costa. «
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