Saúl Feldman: por qué el cine importa, qué dice sobre nuestro tiempo y cómo ayuda a pensar la crisis

Por: Nicolás Peralta

En "A la salida del cine", el sociólogo y crítico analiza cómo las películas dialogan con el miedo y el odio que hoy marcan el ritmo del mundo. Un libro que interpreta las películas como una forma de conocimiento.

Muchas veces los relatos cinematográficos buscan generar una sensibilidad interrogativa sobre el sentido común profundo que domina la coyuntura. El caos global fue el disparador para el sociólogo y crítico Saúl Feldman, quien lanzó hace algunos meses su segundo libro, A la salida del cine, un ensayo que explora cómo las películas, a través de sus planos, ritmos narrativos y diálogos, fomentan una mirada renovada frente al odio, el miedo, la incertidumbre y el hiperindividualismo que hoy parecen adueñarse del planeta. Para Feldman, el cine despliega alternativas para resistir el desorden y vislumbrar horizontes posibles.

“Creo que es fundamental no solo pensar el ritual de ir al cine como una distracción o como una forma de olvidarse de lo que nos pasa, sino todo lo contrario: ir en busca de conocimiento, porque, aunque sea ficción, es ver algo que va más allá de nosotros mismos”, afirma Feldman, licenciado en Sociología por la UBA y máster en Comunicación por la Hebrew University de Jerusalén, asesor de instituciones como Unicef y autor de La conquista del sentido común, un análisis del dispositivo comunicacional del macrismo. En su prosa combina teoría y sensibilidad para proponer el cine como herramienta de pensamiento crítico.

El libro recorre una constelación de directores contemporáneos, desde Béla Tarr y Apichatpong Weerasethakul hasta Lucrecia Martel, Radu Jude, Hong Sang-soo, Ken Loach y Jonathan Glazer. A través de estas miradas, Feldman indaga en las estrategias estéticas del arte para enfrentar la realidad, más allá del entretenimiento.

¿Cómo fue la experiencia de hacer este libro?

-Fue un lindo desafío. Estoy dedicado desde hace años, fundamentalmente, a la semiótica y la narrativa, así como al análisis del discurso periodístico, pero el cine también es algo que siempre me gustó y sobre lo que venía reflexionando a partir de las películas que veía y comentaba. También participé en varios talleres de análisis cinematográfico y, con el tiempo, sentí el impulso de reflejar charlas y conversaciones que tuve en un grupo de cine del que formé parte durante 18 años. Tengo un libro anterior sobre política comunicacional, sobre cómo Macri planificó la batalla cultural. Tenía ganas de reflexionar sobre la realidad desde otra arista, así que busqué articular otros de mis intereses.

-¿Por qué se llama A la salida del cine?

-Imagino que lo que escribo surge luego de salir de la sala, de ese encuentro en una sala oscura con una luz proyectada en la pantalla. Hay un nervio que nos atraviesa cuando miramos una película. Lo que vemos nos deja algo, inevitablemente, aunque no siempre de manera directa: a veces de forma solapada. Cuando los espectadores ven algo, hay algo que se sugiere también en un sentido político. En el grupo de cine mirábamos eso más allá del entretenimiento. Nos reuníamos cada dos semanas, íbamos al cine y luego dialogábamos sobre las películas. Esas charlas son parte de lo que incorporo en esta mirada, siempre con ejemplos. También tomo en cuenta los contextos fundamentales: por un lado, las corrientes culturales en las que las películas están hechas; por otro, la situación sociopolítica que narran, independientemente del momento en que fueron producidas. Y, por supuesto, está lo individual: la historia personal, la emoción de la vida cotidiana, lo que cada película te genera. Hay capítulos dedicados al cine nacional, otros al cine iraní o al rumano, y uno específico sobre cine político. Todo tiene que ver con eso que nos pasa después de ver una película.

-¿Es importante poder hacer cine hoy?

-Sin duda. Y no solo para quienes somos cinéfilos. El contexto es muy difícil, y lograr calidad o profundidad se vuelve complejo cuando se recortan recursos y no se alienta la creación. Con el gobierno de Milei estamos frente a una destrucción casi absoluta y, entre actitudes y discursos, se demuestra una manera inepta de manejar un área productiva como la creación audiovisual. La lógica de esta política —destruirlo todo y permitir solo grandes producciones— no entiende lo que representa este arte. Estamos en un momento muy complicado. Son muchos años de ver cine y disfrutarlo, sin estar en el negocio, pero mi labor profesional me permite dimensionar la importancia de esta tarea. Hacer cine es también generar pensamiento crítico, apostar a que no todo es lo material. El cine que cuenta historias, más allá de la taquilla, es quizá tan importante como el que se convierte en un fenómeno masivo. La incertidumbre que lo domina todo a veces genera parálisis, y en este libro intento mostrar que hay títulos, de otros países y del nuestro, que prueban que, a pesar de todo, los relatos de ficción nos ayudan a salir de las crisis.

-¿Aporta algo a la sociedad que otras expresiones no?

-Claro. Tuve la oportunidad de escuchar todo tipo de comentarios, te diría políticos y reflexivos, sobre el valor del cine, y ninguno nos pone tan a flor de piel el destino común. El cine es fundamental, aunque también lo son el teatro o la literatura, cada uno desde distintos costados y formas. Tiene una potencia particular por ser imagen en movimiento y diálogo. No diría que aporta más o menos que otras artes, pero aporta lo suyo y hay que defenderlo. Es fundamental.

-¿Por qué así lo cree?

-Es mi forma de ver el mundo, pero entiendo que, más allá de eso, el cine cumple un rol importante incluso para quienes no lo consideran esencial. Muchos no entienden que, para mejorar en algo, hay que alentar y apoyar: cuanto más, mejor, acá y en todos lados. Tenemos profesionales y creadores de altísima calidad, como Lucrecia Martel, por ejemplo. Sus películas y sus entrevistas demuestran hasta dónde se puede llegar. Está claro que una narración permite conversar, generar preguntas —más que respuestas— y, más allá del entretenimiento, influir en nuestra vida cotidiana. Esa influencia se vuelve inservible si solo consumimos comedias vacías o películas de terror que no cuentan nada más que una matanza. Una buena historia, local, pequeña, cotidiana, siempre tuvo y va a tener mucho para aportar. No lo digo yo: lo demuestra la experiencia. Cuando el cine es interesante, aporta luz donde hay oscuridad, genera empatía y una complicidad que te permite pensar, reflexionar, compartir con amigos y charlar. Eso es hermoso.

A la salida del cine, de Saúl Feldman

Un libro por y para cinéfilos que propone un diálogo entre corrientes cinematográficas, tendencias culturales y contextos comunicacionales, frente al abismo al que asoma el panorama actual. De La Marca Editora. Disponible en tiendas online y librerías.

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