Scrapie, el golpe sanitario que sacude a la ganadería ovina y cuestiona el ajuste del SENASA

Por: Gastón Rodríguez

La detección de tres casos en Santa Fe y Entre Ríos encendió las alarmas y provocó que el país perdiera por primera vez en su historia uno de los activos valiosos de la agroindustria. "Es consecuencia de la falta de control", advierten los productores.

A tono con la época de retrocesos y récords negativos, Argentina sumó por estos días la perdida, por primera vez en la historia, de su condición de país libre de scrapie o prurigo lumbar, es decir, uno de los activos sanitarios más valiosos de la cadena agroindustrial y que refiere a la enfermedad neurodegenerativa, mortal y contagiosa que ataca a ovejas y cabras. El hallazgo de casos en establecimientos de Santa Fe y Entre Ríos provocó, por un lado, un fuerte impacto en mercados y exportaciones; por otro, volvió a ubicar en el ojo de la tormenta el rol de control sanitario de alimentos y certificación de exportaciones que debiera cumplir el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), uno de los tantos organismos recortados por las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei.

El propio SENASA confirmó el pasado 11 de abril el resultado positivo a scrapie clásico en ovinos reproductores importados desde Paraguay, luego de registrarse la muerte natural sin sintomatología asociada de tres animales en la cabaña “El Luchador”, de Sergio Taffarel, en Entre Ríos; y las santafesinas Dorper, de Andrés Lebus, y El Tacurú, de Luciano Toldo.

Algunos de los ejemplares machos, que habían sido adquiridos en 2021 y 2022, comenzaron a manifestar síntomas compatibles con la enfermedad. Ante el agravamiento del cuadro, los animales fueron sacrificados en 2025, lo que activó el protocolo sanitario correspondiente. Los productores remitieron las cabezas de los ejemplares al SENASA para que fueran analizadas y así el organismo detectó la enfermedad por prueba de tamizaje (ELISA). Las muestras fueron enviadas a un laboratorio de referencia en Zaragoza, España, que mediante la técnica Western Blot confirmó la presencia de scrapie clásico, ausente hasta la fecha en la Argentina.

“Nosotros mandamos las muestras a analizar en julio del año pasado. Otro colega lo hizo en febrero del 2025. SENASA las analizó en diciembre y nos enteramos recién este mes (por abril de 2026) de los resultados”, se queja Sergio Taffarel, uno de los productores involucrados en los casos de scrapie.

“Nosotros cumplimos con todos los requisitos –insiste–, con todo el protocolo que nos exigía el SENASA para traer los animales de Paraguay, pero en Argentina no tenemos la enfermedad mientras no controlemos; es evidente que cuando hubo un control, ahí saltó. Es raro que solo tres cabañas de unas cuantas que trajeron animales de Paraguay estemos pasando por esta situación. El SENASA debería entender que con hacernos matar a nuestros animales no va a solucionar nada”

Perejiles

El scrapie —también conocido como tembladera o, más coloquial, “la vaca loca” de las ovejas — es una enfermedad neurodegenerativa progresiva y fatal que ataca el sistema nervioso central de los animales, provocando trastornos progresivos sin posibilidad de tratamiento.

La patología se transmite de manera vertical, principalmente durante el parto, y se caracteriza por la aparición de signos clínicos como prurito intenso (rascado), ataxia (alteraciones de la marcha), temblores, pérdida de peso, aislamiento y cambios de comportamiento.

Lo más destacable, sin dudas, es que no se trata de una enfermedad zoonótica, por lo que no representa riesgo para la salud pública, ya sea por contacto directo con animales infectados o por el consumo de productos de origen animal.

Al confirmarse el primer caso en Argentina, el SENASA notificó la detección a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y al Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (SENACSA) de Paraguay, con el que se acordó profundizar la investigación epidemiológica.

En paralelo, a partir del cambio en la situación sanitaria de nuestro país, el SENASA debió adecuar los certificados de exportación, a fin de garantizar la continuidad de los mercados internacionales y evitar disrupciones en los envíos.

“Hoy por hoy los que cruzan los animales en canoa por el río, tanto desde Paraguay como desde Brasil, se están riendo. Mientras nosotros, los perejiles que hacemos todo lo que corresponde, estamos sufriendo, destaca Taffarel, cuyo establecimiento quedó con restricción de movimientos de las unidades productivas afectadas, junto con una vigilancia intensificada y la implementación de medidas sanitarias de contención, destinadas a evitar la diseminación de la enfermedad.

“Gran parte de la presencia de scrapie –concluye el productor– es consecuencia de la falta de control. El SENASA dio su explicación pero yo no la comparto. Falló esa medida de prevención”.

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