Fue de apenas U$S 323 millones en marzo, la séptima parte de lo obtenido un año atrás. La cifra está muy lejos de las proyecciones del gobierno y el FMI.

El magro resultado se entiende a partir del boom de importaciones, que crecieron 38,7% interanual y alcanzaron los U$S 6.006 millones. La entrada de productos del exterior se duplicó en rubros como vehículos automotores, donde el monto subió 107%, y también creció fuertemente en bienes de consumo (75,7%), bienes de capital (74,1%) y combustibles y lubricantes (71,6%). El volumen podría haber sido más abultado si el promedio de precios a los que se importó no hubiese bajado un 6 por ciento.
En comparación, las exportaciones bajaron 2,5% y quedaron en U$S 6.329 millones. Los precios aumentaron levemente (1,8%), pero las cantidades vendidas bajaron 4,2%. La participación de los productos primarios en el monto total se redujo a 23,2%, mientras que las manufacturas de origen agropecuario (34,8%) e industrial (30,1%) ganaron algo de terreno. El 11,9% restante fue para el sector de combustibles y lubricantes.
De esa manera, en el primer trimestre del año el resultado positivo fue de U$S 761 millones. En el mismo período de 2024 había sido de U$S 4.401 millones.
De haberse mantenido los precios del año pasado y no haber mejorado los términos de intercambio (es decir, la relación entre los precios a los que se vende y los que se compra), el resultado del período habría sido negativo en U$S 532 millones, según calculó el Indec.
Los datos explican, en buena parte, los motivos por los que el gobierno se vio obligado a devaluar: el aluvión importador incentivado por un fuerte retraso cambiario que abarató las mercaderías del exterior en relación a los precios internos. Un tipo de cambio más elevado podría ayudar, en parte, a paliar ese desequilibrio, lo que podría elevar el superávit en los meses venideros.
Pero también ponen un signo de interrogación sobre el cumplimiento de las proyecciones incluidas en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, difundido la semana pasada. En las planillas que forman parte del informe técnico, se consigna que para 2025 se espera un superávit comercial de U$S 18.400 millones, que crecería paulatinamente en la medida en que crezcan las exportaciones de energía (Vaca Muerta y Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones mediante).
La exigencia del FMI es que la Argentina consiga más dólares con los que atender sus compromisos externos. Por eso el superávit comercial es clave. El resultado del primer trimestre, decididamente, no contribuye a lograr ese objetivo.
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