Se le fue la mano: Scioli, su yerba mala y las prioridades del Estado libertario

En un país lidiando con la urgente necesidad de reactivar el turismo, proteger el ambiente y fomentar el deporte, el converso secretario del área presentó la yerba mate "Pichichi". No es comercial.

Mientras la compleja maquinaria gubernamental de Javier Milei intenta (o dice intentar) desregular la economía, Scioli se elevó por encima de las trivialidades de la gestión en la Asamblea del Consejo Federal del Turismo (CFT). ¿Con un plan de infraestructura? ¿Con medidas de fomento de inversión? No. El exgobernador se presentó con la máxima expresión de su legado: la yerba mate «Pichichi».

Con un envase naranja chillón, color que evoca, no la puesta del sol patagónica, sino la camiseta del equipo de fútbol La Ñata, Scioli formalizó su auto-homenaje. ¿La justificación de esta movida institucional? La más sólida de las comparaciones: si Lionel Messi tiene su yerba, ¿por qué no él? Una pregunta que, de tan absurda, roza lo filosófico y pone en perspectiva las prioridades de quienes nos gobiernan. Es decir, si el astro del fútbol mundial puede capitalizar su imagen, es impensable que un político con una trayectoria tan… singular no pueda hacer lo propio.

El producto, cabe aclarar, no es comercial. No, señor. Es una edición limitada, un «souvenir institucional» para obsequiar a gobernadores como Rogelio Frigerio o, con una visión de geopolítica sin igual, al mismísimo ministro de Emiratos Árabes. ¿Qué mejor embajador de la Marca País que un paquete de yerba mate que grita «Pichichi» y está teñido del color de una aspiración política eterna?

La ironía del paquete se completa al dorso, con un eslogan que es un guiño a su propia historia de vida: “Se te fue la mano”, en alusión a su accidente motonáutico. Un chiste privado, compartido en el ámbito de un organismo clave para el desarrollo nacional, que en realidad le recuerda al país que, aunque el gobierno de Milei pregone la seriedad y el ajuste, en las capas más profundas de la administración, las viejas costumbres y los gestos de culto a la personalidad están más vigentes que nunca.

Mientras el país espera definiciones sobre su futuro económico, Scioli nos ofrece una lección: la verdadera política se hace con yerba, apodos de fútbol y el color naranja. Lo demás, evidentemente, puede esperar.

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