Ser como De Vicenzo, por Martín Nuñez

Por: Martín Nuñez

Columna de opinión.

Todos los deportes tienen a un elegido, a uno que rompe con el molde y que abre las puertas de lo imposible hacia un mundo nuevo.  Ese tocado por la varita mágica no solo se destaca por su talento, sino también por su legado. Roberto De Vicenzo, que falleció el jueves a los 94 años, hizo eso por el golf y mucho más por el deporte argentino. Dejó un legado.

No son muchos los jóvenes que arrancan como caddies, cargando palos y pelotitas en todos los campos que se reconvierten en jugadores profesionales exitosos. De Vicenzo lo hizo en una época en la que el golf en la Argentina no era tan popular. Dio a conocer ese deporte en el país, se adjudicó un histórico Abierto británico en 1967 en la Liverpool de Los Beatles y conquistó cerca de 230 títulos, aunque ni él llevaba la cuenta. 

Todo eso lo metió dentro del Olimpo del deporte nacional junto a nombres como los de Diego Maradona, Carlos Monzón, Guillermo Vilas, Emanuel Ginóbili, Lionel Messi y Juan Manuel Fangio.

Sin embargo, su máxima expresión llegó con un error, porque no se trató de una derrota: su compañero de ronda Tommy Aaron anotó mal los golpes (cuatro en lugar de tres) realizados por el argentino en el hoyo 17 del Masters de 1968, y lo dejó sin el trofeo más preciado en el universo del golf. Lejos de echar culpas, De Vicenzo asumió el error como propio.

Otra anécdota que muestra el perfil de De Vicenzo ocurrió tras ganar un certamen en Houston, cuando se le acercó una persona pidiéndole ayuda por su hija con leucemia. El argentino le dio 100 dólares, pero al enterarse que se trataba de una estafa su reacción fue única: «Que bien, la chica no está enferma.»

Trató de esquivarle a la política, aunque tuvo gente poderosa a su alrededor. Y siempre estuvo al tanto de lo que sucedía en el país: «Hay falta de trabajo y de inversiones. Los inversores piensan mucho antes de apostar por la Argentina. Y si no hay inversiones no hay trabajo.»

En estos días lo recordaron varios golfistas argentinos, quienes siguieron su ejemplo y también se iniciaron como caddies, como José Cóceres y Ángel Cabrera. Pero fue Eduardo Romero quien confesó que su sueño era ser como De Vicenzo. «Tengo infinidad de consejos y de anécdotas. En Villa Allende hizo una inversión con terrenos que tuvo por 40 años, pero lo estafaron. El dinero le importaba muy poco», contó Romero.

Jack Nicklaus, el estadounidense catalogado como el mejor golfista de la historia y al que le ganó en Liverpool, también tuvo palabras para De Vicenzo: «No sé qué decir en estos momentos, salvo que él representó a su país, que representó al juego del golf y que fue uno de los tipos brillantes. Fue un gran amigo.»

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