
¡Es el Diez!
Tuve la dicha de decírselo el año pasado. Fue fantástico. Mi hijo Jorge, que vive en España, vino a Buenos Aires para votar a los Fernández. Y había iniciado las gestiones para que podamos conocer a Maradona. No pudo estar él, porque se tuvo que volver antes del encuentro. El día que Diego podía yo no, y al revés. Hasta que coincidimos. Fuimos mi hija Fabiana, su pareja Fernando, Julián Scher, quien gestionó el encuentro, y yo. Lo esperamos un rato largo, porque estaba entrenando al equipo. Hasta que apareció. Cuando llegó nos quedamos todos paralizados. Tenía un halo, Diego. Se acercó caminando despacito como caminaba él. “Qué placer conocerte, Taty”, me dijo. Y le dejé de regalo el libro de poesías que escribió mi hijo Alejandro. Fue un ratito corto, pero muy cálido. Nos dejó a trazo firme un autógrafo para mi bisnieto. Y nos sacamos la foto del recuerdo. Cuando volvíamos en el auto, nos pellizcábamos. Fue un impacto conocerlo.
¡Es el Diez! ¡Es Diego Maradona!
Por eso mandé el pañuelo de las Madres, que Alberto puso arriba del cajón, junto con el de las Abuelas y un pin de HIJOS. Hubo una persona de Villa Fiorito que estos días dijo algo que me resultó muy lindo: Diego nos enseñó a ser felices. Apareció en un momento en que, entre otras cosas, necesitábamos un Diego Maradona.
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