Sin control estatal, crece la invasión de jabalíes y ya se ven cerca del AMBA: “Uno de estos bichos, enojado, te hace pelota”

Por: Luciana Rosende

Es una de las 15 especies exóticas invasoras más dañinas. Causa pérdidas por 1.600 millones de dólares anuales. “No es un problema que explotó ahora, pero se está profundizando”, advierten desde la Facultad de Agronomía de la UBA. Cómo actúan y por qué la necesidad de un Estado presente.

“Hay ejemplares de machos que pesan hasta 250 kilos. Con dientes de 20 centímetros. Uno de esos bichos, enojado, te hace pelota”. La descripción de los jabalíes que hace Francisco Pescio, docente de Producciones Animales Alternativas de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba), permite entender la complejidad que implica la expansión de la presencia de este animal en Argentina. Se trata de una de las 15 especies exóticas invasoras más dañinas, causante de pérdidas que se estiman en 1.600 millones de dólares anuales. Revertirlo exige políticas públicas coordinadas que brillan por su ausencia.

“Lo que viene pasando es que se siguen expandiendo. Está habiendo más avistajes en las cercanías del AMBA, como pasó en Escobar. No es un problema que explotó ahora, pero se está profundizando”, señala el especialista a Tiempo.

¿Por qué genera tanta pérdida económica la presencia de los jabalíes de origen europeo en Argentina? Por el daño que causan en el ambiente y la destrucción que pueden provocar. “Los jabalíes generan bastantes modificaciones. Desplazan a otros animales y modifican el ambiente. Tienen el hábito de hociquear -como los chanchos- y levantan cantidades enormes de tierra. En El Palmar, por ejemplo, se comen los renovales de las palmeras”.

Además, causan daños sobre cultivos, transmiten enfermedades y pueden ser riesgosos para las personas: “Son agresivos”. El portal Sobre la Tierra, Área de Divulgación Científica y Tecnológica de la Facultad de Agronomía de la UBA, detalló que el año pasado un jabalí mató a un puestero en Mendoza y hace pocas semanas se vieron ejemplares merodeando por Ingeniero Maschwitz, provincia de Buenos Aires, “lo cual encendió las alarmas en el periurbano bonaerense”.

Foto: Divulgación Científica y Tecnológica FAUBA

Coordinar esfuerzos

¿Cómo se hace para controlarlos? “Básicamente, con jaulas o cazando. El problema es qué hacés después con el animal. No lo podés dejar tirado. Una vez que lo matás, hay que faenar. Y como tiene riesgo de enfermedad, hay que garantizar que no sea peligroso. Entonces se necesita un frigorífico que garantice que ese animal no es un riesgo para la salud”, explica Pescio.

Por eso la importancia del Estado. Se necesita coordinar esfuerzos a nivel municipal, provincial y nacional. “Sin coordinación del Estado no se va a lograr controlarlos”, advierte. Tampoco alcanza con un frigorífico aislado en una provincia, porque obligaría a un traslado durante horas de un animal de grandes dimensiones. “Si los estados ayudan o financian o generan las condiciones para la inversión, después el proceso empieza a mejorar. El privado solo no lo va a hacer”, plantea el docente.

En Corrientes, por caso, se habilitó en mayo un frigorífico multiespecie para la industrialización de ciervo axis y chancho salvaje o jabalí. Para garantizar la faena de estas especies exóticas bajo estrictas normas sanitarias e intentar mitigar el daño ambiental y productivo que causan.

“Está también el ejemplo de El Palmar (Entre Ríos), donde lograron mantenerlo a raya con una estrategia piola: establecer áreas de caza con lugares habilitados para cazadores que vivían en la zona, en lugar de llevar cazadores furtivos. Cuando los cazaban, había control sanitario por triquinosis y una parte de la carne se destinaba a comedores comunitarios”, describe Pescio sobre una experiencia que comenzó en 2006. “Se hizo a nivel del Parque Nacional, híper controlado. La pregunta es cómo ampliar eso a un ámbito provincial o interprovincial”, apunta.

Presas difíciles

La carne del jabalí tiene buenos atributos nutricionales y es rica. Pero su comercialización obliga a tomar recaudos para no correr riesgos sanitarios. Por eso la necesidad de la presencia Estatal. Pescio da el ejemplo de un caso en Bariloche (Río Negro), donde una empresa fabricaba conservas de jabalí, con el costo extra que implicaba tramitar los controles del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). “Pero a unas cuadras había quienes venían esa carne a mitad de precio, sin pasar por los controles. Los que cumplían los requisitos terminaron dejando de vender jabalí”, repasa sobre la contracara de la falta de políticas públicas concretas.

Hay otra complejidad: son bichos muy inteligentes, no es tan fácil seguirlos, tienen bien olfato, se escapan”, apunta sobre la dificultad para concretar la caza. La falta de regulaciones nacionales sobre el tema también dificulta esa tarea: “En Provincia de Buenos Aires el Ministerio de Asuntos Agrarios trabaja el tema. Está declarado como plaga, se estimula la cacería. En Córdoba se habilita la caza, en Catamarca está regulada de otra manera. El animal no respeta fronteras, se necesita coordinar esfuerzos”, insiste.

“Las exóticas invasoras son especies que no pertenecen a un determinado ecosistema y no tienen enemigos naturales específicos. Son introducidas accidental o voluntariamente y una vez que se introducen, si logran colonizar ambientes y expandir sus poblaciones, generan impactos negativos sobre la biodiversidad, sobre el funcionamiento del ecosistema”, decía a este diario tiempo atrás Celeste Franceschini, del Laboratorio de Herbivoría y Control Biológico del Centro de Ecología Aplicada del Litoral.

Tanto el jabalí como el ciervo se introdujeron para la caza, como ocurre en otros países. En el caso del jabalí europeo, llegó a principios del siglo XX, a partir de un grupo de estancieros que trajeron los primeros ejemplares para la caza deportiva en La Pampa.

“Hace años se desconocía el efecto de las especies invasoras y se las introducía deliberadamente, como sucedió con el castor en Tierra del Fuego, que afecta enormemente los ecosistemas, incluso a escala de paisaje. Recién ahora se conoce más y hay otra conciencia. La gente ya ve la problemática y demanda soluciones. Por eso es tan importante difundir y que los científicos hagamos educación ambiental”, remarcaba Franceschini.

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