El despido de Gustavo Costas expone las desprolijidades de la dirigencia y el costo humano de gestionar con el ídolo en el banco. Tras un fin de semana plagado de rumores y operaciones en off, la gestión de Diego Milito queda obligada a no fallar en la elección del próximo DT para frenar el sobregiro político.

Pero la evaluación del cargo no puede ser al ídolo, al hincha apasionado, tiene que ser al técnico. Y el equipo ya no daba respuestas. Se puede llegar a la peor conclusión sobre el plantel, los jugadores, hablar de mala fortuna, pero hubo problemas en el funcionamiento durante este tiempo que fueron responsabilidad del entrenador. Y marcar esa responsabilidad no te hace quererlo menos. Vimos pasar por ese banco a tipos amados como Perfumo, Fillol, Mostaza, Maschio y el Coco Basile que también un día tuvieron que irse. Es el fútbol.
Dicho esto, fue muy desprolijo -y triste- lo que pasó este fin de semana. Si la decisión era que Costas no siguiera y Costas quería seguir, ¿había otra manera de hacerlo? No lo sé. Ningún despido es agradable, siempre es conflicto, mucho más con una figura tan querida. Faltó muñeca política y también humanidad, era una noticia que le iba a doler no sólo a Costas también a miles de hinchas y que resultó tramitada de mala manera. ¿Por qué dejar abierta una ventana de un día entero sin hablar para que se llene de murmullos, versiones, agitación y en la que unos y otros se acusan de operaciones? ¿Por qué en la conferencia de prensa de hoy, a la que no se invitó a medios partidarios, no participó Sebastián Saja, que es el director deportivo? ¿“Traicionó” Costas la conversación privada y largó a correr la información? Y bueno, estaba siendo despedido, muchachos, ¿cómo creen que funciona el mundo?
Milito tiene derecho como presidente -y, casi que diría, tiene la obligación porque para eso fue votado- de elegir su propio proyecto futbolístico. El problema es que no lo hizo -no pudo, no quiso- hacerlo apenas asumió. Costas no lo era. Lo que acaba de ocurrir fue un sinceramiento. Quedará por explicar, entonces, por qué se le hizo un contrato por tres años. Pero no explicarlo en off, explicarlo públicamente, con preguntas y respuestas, que es lo que más faltó en este tiempo.
Quedan expuestas, por cierto, algunas miserias montadas también en la poca memoria. Como en cada tropiezo de Racing desde hace un año y medio, están quienes quieren sacar algún rédito. O simplemente quieren tener razón. Hoy se llegó a pedir que se adelanten las elecciones. Es un sobregiro muy peligroso que no debiera permitir ni el opositor más furioso.
Milito ahora no puede fallar en la elección del nuevo técnico, que ojalá sea la mejor para Racing. Será un semestre que, además, dejará huellas para el 2027. Así como el “Milito hay uno solo” fue el grito de reclamo desde aquella renuncia de 2020, a partir de ahora el enojo tendrá el nombre de Gustavo Costas, a quien desde ahora se le debe un homenaje a la altura de lo que consiguió con Racing. Por fuera de eso, y de la tristeza que invade estas horas, del agradecimiento a Gustavo, ojalá lo mejor esté por venir. Porque ante todo está Racing.
El arzobispo de Buenos Aires reclamó ante el Gabinete nacional terminar con el odio que…
La Libertad Avanza despidió a casi cien empleados y sumó pases a disponibilidad en las…
Se podrán instalar comercios, cafeterías, kioscos u otros locales. Los privados pagarán un canon irrisorio…
El fracaso del "corredor humanitario" en la vía La Paz-Oruro dejó como saldo la muerte…
El capitán sintió una molestia en el isquiotibial a los 27 minutos del segundo tiempo…