Solidaridades y fragmentos, por Vicente Muleiro

Por: Vicente Muleiro

Columna de opinión.

Ante la lluvia meteórica de medidas regresivas del actual Gobierno de Destrucción Nacional la compensatoria fantasía es inevitable ¿cómo no tratar de conciliar el sueño o de procurarse un súbito suspiro feliz imaginando, por caso, la unidad de todas las protestas antimacristas en una sola para arrinconarlo políticamente? ¿cómo no ilusionarse con la puesta en marcha de una mesa coordinadora contra la represión y el ajuste integrada por los organismos de derechos humanos y todas las fuerzas que se oponen al oficialismo?

Se pronuncian frases como “por la décima parte de esto De la Rúa estaría rumbo a Marte en una nave espacial?” o “la obstrucción de la CGT frena la lucha y sin esa traidora avenida Triunvirato iríamos mucho más rápido” o ”falta una chispa que ya va a aparecer”. Humanas, comprensibles, inevitables, estas imaginerías forman parte de la misma reparación sueñera, pero se saltan el áspero tramo “del dicho al hecho” porque se originan en campos políticos que ya han sido desmalezados con el brillo de espejos neoliberales, con la propaganda espectacular y berreta pero eficaz, con el acelerado cambio de las condiciones económicas, o con nuevos métodos de desorganización laboral y con los esfuerzos de desconectar a la sociedad de su tradición emancipatoria.

El Gobierno de Destrucción Nacional plantea una relación débil o nula con todos los posibles despliegues de la democracia porque sabe que en la actualidad debiera tributar directamente a la rebeldía. No se puede decir que la sociedad se ha quedado quieta ante el salvajismo neoliberal, pero entre los zigzagueosde resistencia, el conservadurismo represor impuso ya gran parte de su catecismo vengativo, multiplicó y concentró tasas de ganancias y arrojó a la intemperie a gran parte de la población.

Para un porcentaje de ciudadanos que acaso se pueda cuantificar luego de las próximas legislativas, la ratio liberal circula como lugar común: los derechos, las garantías constitucionales y jurídicas, las políticas asistenciales y distributivas promueven un rechazo que –a sabiendas o no- se extiende como reprobación al mismo sistema democrático. Con una transparencia inusitada que tanto se ha notado en el Congreso, está más claro que nunca la exitosa captación corporativa de dirigentes y representantes que se ganaron una tarima con apoyo popular para revestirla luego con el plástico de prestigiosos tarjeteos.

Esa no fue la única inoculación que se aceleró ya en los años 90, cuando quedaba claro los dos grandes partidos exhibían su ala y aún su cuerpo neoliberal. Hay, en paralelo,una transformación económica que incide fuertemente en el proceso de des-solidarización con una profundización de la caída del empleo que provoca una gran heterogeneidad en las clases medias e incremento de la pobreza en los sectores populares. Con el veloz pedaleo de la bicicleta financiera y la apertura importadora, los núcleos hasta allí relativamente estables reciben ese golpe de nock-out que ya había preparado la dictadura y el menemismo: los sectores ocupacionales que aún mantenían cierto grado de cohesión se abrieron en abanico para que cada uno disparara hacia donde pudiera.

Era esta la forma local de un proceso que se verificaba desde que la dupla Thatcher-Reagan comenzaba a imponer en occidenteel fin del estado de bienestar. Un ensayista francés, Francois Dubet, precisa en 2014: “La mitad de los franceses piensan que los desempleados no hacen el esfuerzo de buscar trabajo, contra el 15 de los suecos, el 18 de los daneses y el 35 de los alemanes. En Francia en 75% de las personas piensa que “las relaciones entre las personas son malas” ¡y crece el 89% en los sectores populares!”.

Por estas costas pasa como un halo en medio de la crisis el “piquete y cacerola la lucha es una sola” antes que un proceso de recomposición laboral y salarial reubique a los sectores medios pero ya en otro perfil: el creciente bombardeo a la seguridad social por parte de la prensa hegemónica prende como una vacuna, el predominio kirchnerista llega a su festiva expansión en 2010, pero el virus para que un “nosotros” posible no sedimentara estaba inoculado.

Ahora sabemos en donde estamos. Bajo la más brutal dispersión y degradación laboral –no completada aún para los sueños precapitalistas del macrismo-. Y hacia el fondo, allá, un poco más allá, una luz que solo puede agrandarse con una gran soldadura política que diluyauna fragmentación que se pretende de hierro.

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