Las cifras totales del El Halftime Show recientemente difundidas confirman que se trató del más visto de la historia. En plena era de Trump y el ICE, la cultura resiste y crea lazos globales.

Los datos incluyen audiencias tradicionales y consumos online, aunque no se detallaron métricas específicas ni se confirmó verificación independiente de cada componente. Aun así, la cifra representa un salto extraordinario respecto a cualquier registro anterior en espectáculos de medio tiempo del Super Bowl, consolidando la actuación de Bad Bunny como un fenómeno de alcance global.
Durante la transmisión en vivo, el show promedió 128,2 millones de espectadores en Estados Unidos, según mediciones de Nielsen Big Data, lo que lo ubicó entre los halftime shows con mayor consumo simultáneo en la historia de la NFL. Ese promedio incluyó señales como NBC, Peacock, Telemundo y plataformas digitales vinculadas a la transmisión del partido.
La puesta en escena, de aproximadamente 14 minutos, reunió lo mejor de la carrera de Benito Antonio Martínez Ocasio, combinando sus éxitos más celebrados con una producción visual y coreográfica pensada para una audiencia masiva. La decisión de la NFL de elegirlo como protagonista del espectáculo, con casi toda la presentación en español, subrayó la importancia de un artista con enorme proyección global y una base de seguidores diversa y extendida por América, Europa, Asia y otras regiones.
El alcance en plataformas digitales también fue notable: el espectáculo generó millones de visualizaciones adicionales en redes y servicios de streaming, y el efecto en los rankings musicales fue inmediato. Canciones como “DtMF”, “BAILE INoLVIDABLE” y “Tití Me Preguntó” experimentaron picos de reproducción que las posicionaron en lugares destacados de las listas globales de música, y el interés por el repertorio de Bad Bunny creció de forma exponencial tras el evento.
Además, el récord se sumó a una tendencia más amplia: Bad Bunny ha sido uno de los artistas más escuchados en plataformas como Spotify durante varios años consecutivos, lo que amplificó el impacto de su actuación en la Super Bowl. La combinación de su popularidad previa con la exposición masiva del evento generó un efecto multiplicador que se tradujo en cifras de audiencia nunca antes vistas para un espectáculo de mitad de partido.
El fenómeno también tuvo repercusiones culturales. La presencia dominante de un artista que canta principalmente en español en uno de los escenarios más vistos del planeta contribuyó a visibilizar la música latina en un espacio tradicionalmente dominado por espectáculos en inglés, y evidenció el poder de la cultura popular para trascender fronteras y lenguajes.
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