“Tenemos cosas imposibles de reparar, como las muertes de nuestras compañeras”

Por: Maby Sosa

Travestis y trans autoconvocadas se movilizaron frente a la Casa Rosada para exigir una audiencia con el presidente y exponer la crítica situación de las personas mayores del colectivo.

El promedio de vida de una travesti en la Argentina es de 35 y 40 años. Mueren enfermas o asesinadas por un travesticida o por la misma policía. Durante décadas la comunidad travesti y trans es víctima de los embates de una sociedad patriarcal y machistas que las abandonó. Recién en 2010 con la ley de matrimonio igualitario y luego con la Ley de Identidad de Género promulgada en 2012 la vida de muchas travestis y personas trans comenzó a cambiar.

Sin embargo, falta mucho y la pandemia en 2020 dejó al descubierto la desprotección de esta comunidad. Esa historia de violencia es la que movió a un colectivo de travestis y trans de todo el país a exigir al Estado argentino un resarcimiento histórico por los años de violencia institucional y social padecidos.

“Decimos, que no nos pueden reparar, no nos pueden devolver que nos quitaron, porque ya tenemos 40, 50 60 años, estamos quemadas, limadas. Sí lo que se puede hacer es trabajar de un modo colectivo y pedir que se indemnice a las personas de manera individual”, expresa a Tiempo Argentino, Marlene. “Tenemos cosas imposibles de reparar, como lo son las muertes de nuestras compañeras. Y tenemos que velar para que esto no vuelvan a suceder. Investigar cómo se ha hecho y sancionar a culpa-bles es difícil pero sí se puede concientizar de que esto no pase otra vez. Por ejemplo, que una familia expulse a una criatura porque se manifieste trans o que siga habiendo discursos de odios de las iglesias”, continúa.

El proyecto de ley de reparación histórica que piden presentar, implica una indemnización por las violencias que las mujeres trans y travestis sufrieron históricamente.

Foto: Pedro Pérez

La voz que no está

El 3 de septiembre de 2020 se decretó el cupo laboral trans en la administración pública, y en junio de este año se votó la ley en diputados. La ley, al igual que el decreto, planteaba además del cupo, capacitación técnica y educativa. También a lo largo del año pasado se generaron una serie de programas para apuntalar la situación de las travestis y trans que no tenían viviendas y tampo-co les alcanzaba para comer. “Una de mis compañeras tiene 60 años y con esa edad está parada en la colectora trabajando en la prostitución. Es lamentable que nosotras para subsistir, para pagar el alquiler, para comer tengamos que salir a prostituirnos. ¿Dónde viste a una travesti que esté en un lugar trabajando? En un banco, en una farmacia, en un supermercado, de vendedo-ra… No hay porque no nos dan las oportunidades, no las tuvimos nunca”, dice Luisa Domínguez, impulsora de este reclamo.

Afirma también que el cupo trans sirve a las nuevas generaciones pero a las que tienen más de 50 no. “A nosotras no nos cambia nada. El cupo laboral no le va a salvar la vida ni a la mitad de las compañeras, es el 1 por ciento. Imaginate yo con 58 años quiero trabajar, me encantaría tener un trabajo digno, tener todos los meses mi plata, vivir dignamente y no puedo porque al trabajo no me lo van a dar jamás. Siempre digo que las nuevas generaciones tienen que estudiar, ellas tienen muchas posibilidades que no tuvimos nosotros”, enfatiza Luisa.

La violencia institucional y los discursos de odio

Luisa tiene 58 años y atravesó años de violencia en su vida, en especial, la dictadura militar. “En 1978, mientras ganaba Argentina, yo era violada por cuatro policías. Tenía 15 años, era menor de edad. Nosotras tuvimos una vida… Nadie tiene idea lo que fue nuestras vidas. Más que nada, a nosotras nos tienen que reparar todo el año que nos han hecho por el sólo hecho de ser travestis. Cuando nos llevaban presas y nos decían que era porque no estábamos vestidas acorde a nuestro DNI. Fue una mierda nuestra vida”.

El discurso social es, afirman, también responsable de la violencia que sufrieron. “Nuestro promedio de vida es por los discursos sociales de odio y los fundamentalismos religiosos. Queremos que esto sea un diálogo social interesante y que este resarcimiento sea también en términos colectivos. Hay proyectos que se vienen trabajando pero sin nuestra opinión. Vemos que las propuestas no entienden la trascendencia y la gravedad de que hayamos sido niñas expulsadas del hogar. El concepto básico es que la policía es la mala y el resto de la sociedad que es la que sostiene la policía y genera las políticas públicas, hace silencio. Las instituciones educativas también actuaron mal, nos han expulsado, así como las instituciones de salud. Toda esa construcción sociedad y Estado no es abstracto”.

“La sociedad tiende a lavarse las manos y buscar un chivo expiatorio, por ejemplo, la policía federal. Sí, habrá sido una de las herramientas más crueles y sistemáticas, pero detrás está la justicia que nunca actuó, que permitió que los comisarios en cualquier comisaría sean el juez en primera instancia, algo que no le pasa a ningún otro ciudadano o ciudadana. Que el comisario decida si sos culpable y te doy la condena: quince días presa. Y esto pasaba a la vista de todos, por acción u omisión toda la sociedad hemos sido culpables de este estado de situación. Entonces los resarcimientos también deben ser en términos colectivos”. «

Poner el cuerpo, la voz y el relato

El jueves 9 de septiembre fue la segunda convocatoria frente a Casada Rosada para presentar el petitorio. El objetivo de este reclamo es ser escuchadas por el Presidente, en primer lugar. “Simbólicamente es muy importante que nos escuchen y que la sociedad tenga como insumo nuestra voz”, afirma Marlene. “La verdad es que no sabemos a ciencia cierta lo que se viene trabajando porque se hace de forma muy cerrada, muy discreta, y vos te enterás cuando largan algo que ya está decidido, como el tema de la x en el DNI. Las compañeras quieren participar y que sus testimonios sean valorados como elemento de prueba”.

“Las travas piensan que esta sociedad tiene que tener como insumo primero sus relatos, sus testimonios porque son dejadas de lado y hay cosas que no se puede negociar, como que esta sociedad asuma su carácter genocida respecto de la comunidad travesti, al menos. Nos ha pasado con la dictadura y los 30 mil desaparecides que sigue habiendo personas que ponen en dudas cosas que están muy trabajadas y no reciben reprimenda”.

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