Columna de opinión
Como síntoma contemporáneo, existe un modo de sufrimiento particular en el sujeto. El mandato de consumir en exceso lleva a una saturación, que posiciona al sujeto en la bipolaridad de «tener todo» o «no tener nada». El modo de la época se define como el sin límite y la desmesura. La existencia del hombre actual se encuentra condicionada por la dicotomía «ser o tener». Pareciría que se debe adquirir para ser. Y la sensación de vaciedad deja al sujeto sin espacio para cuestionar su deseo.
La libertad, como posibilidad de elección, parte de lo que se quiere, lo que se puede y lo que se debe. Asumir esto, ser conscientes de la propia libertad, otorga sentido a la existencia humana y permite realizar un proyecto de vida. Mientras, la cercanía virtual hace que el hombre se conecte constantemente de manera superficial y efímera, poniendo de manifiesto la fragilidad vincular y la carencia afectiva.
Cada sujeto asume los requerimientos de este nuevo modo social de manera singular. Las respuestas estarán subjetivamente condicionadas por la estructuración psíquica y las exigencias sociocognitivas. El discurso capitalista sugiere una economía psíquica diferente: hace desaparecer al hombre en su singularidad. En esta cultura, son preponderantes los vínculos laxos, inconsistentes e imperdurables; lo impredecible o que requiere responsabilidad afectiva es evitado. Y el cuerpo manifiesta el desborde que ello conlleva por el constante incremento de la ansiedad. La polaridad del todo o nada nos sumerge en una sociedad en estado de alerta permanente que incrementa de manera desmedida este tipo de trastornos. «
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