Tres tácticas para reorganizar el liderazgo

Por: Juan Arrizabalaga

La reciente condena a Cristina contiene para nuestro campo por lo menos dos discusiones inmediatas; la democracia y el liderazgo. Dejando de lado ahora la primera cuestión, para lo cual se necesitan elaboraciones más profundas, reflexionamos sobre los caminos que se abren sobre el problema del liderazgo.

Venimos de una crisis nacional que decantó en una derrota electoral y política, todavía reciente, y en una salida neocolonial a la crisis representada en Milei. A estos elementos se suma la condena a prisión y proscripción política (aunque aún haya recursos judiciales pendientes como la Corte Suprema) del todavía principal liderazgo del espacio opositor que es Cristina, en un contexto donde además no termina de asomar un nuevo ciclo de luchas populares ni desencanto generalizado contra las políticas vigentes.

Creemos que en este escenario nacional en el que nos encontramos se presentan tres tácticas posibles; La retirada, el consumo del liderazgo o la reorganización del liderazgo.

La primera táctica es la retirada. Al estilo Mugica en Uruguay o López Obrador en México. Esto podría darse como forma de auto-retirada, o sea como retirada por decisión propia, o porque se generan condiciones internas en el espacio político y externas para “jubilar” al liderazgo. Creemos que ésta opción de auto-retirada no está en carpeta y la de jubilar al liderazgo todavía no tiene condiciones para hacerse efectiva. Simultáneamente. las condiciones para la sucesión o la transición hacia un nuevo liderazgo nacional popular aún están por construirse. Una retirada sin sucesión del liderazgo, y sin un nuevo ciclo de luchas populares, es sin duda uno de los objetivos del poder dominante, local y extranjero, en Argentina.

Una segunda táctica posible se trata del consumo del liderazgo. Podríamos denominarlo también como el gasto del capital político que le queda al principal liderazgo del espacio. Tiene que ver con una lógica de piloto automático en cuanto al ordenamiento de la política y con una perspectiva de ciclo corto. Condicionado por los errores propios, la derrota y la ausencia de un nuevo ciclo de movilizaciones populares que dé lugar a una nueva gestación nacional popular, lo que queda entonces es consumir el capital político que aún persiste en el liderazgo existente. Aquí la perspectiva no tiene que ver con el horizonte ni con gestar un nuevo proceso sino con la ocupación de un espacio. Se alimenta de una memoria colectiva propia del peronismo que tiene que ver con la narrativa del “regreso” del/la líder. Esta táctica de consumir lo que queda del liderazgo tiene dos opciones también; una primera variante que sería reconstruir una candidatura directa con ese liderazgo o una segunda variante que sería apostando a otra candidatura pero reteniendo el liderazgo desde afuera e impidiendo un traspaso de referencia y de poder. Los sectores que rodean a Cristina son sin duda afines a esta táctica.

Finalmente, es posible pensar en una tercera táctica; reorganizar el liderazgo. Se trata de asumirlo como parte de una perspectiva estratégica. Proyectar un ciclo largo, que además no se alimenta sólo de la política de la superestructura sino de la necesidad de un nuevo ciclo de movilizaciones populares y de contestación social antigubernamental. Se trata de un movimiento táctico para invertir estratégicamente la potencia y el capital político del liderazgo actual asumiendo un nuevo rol, que no puede ser la retirada ni la jubilación anticipada, pero tampoco el consumo del capital político en formato de ciclo corto. Se trata de una táctica o construcción de un liderazgo heterodoxo, poco afín probablemente a la cultura política latinoamericana y argentina, pero necesaria en función de los desafíos que enfrenta nuestro país entendiendo la coyuntura histórica de emergencia en la que nos encontramos.

Ésta táctica no queda supeditada a las internas, los tiempos electorales ni los tiempos judiciales, sino a la gestación de un nuevo ciclo nacional popular. Esta reorganización del liderazgo para hacerse posible como perspectiva de ciclo largo necesita de una re-discusión del horizonte de sociedad, de un programa político y también del surgimiento de nuevos liderazgos para una transición. Porque, al fin y al cabo, liderazgo y voluntad colectiva nacional-popular son elementos que se constituyen mutuamente, y esa voluntad colectiva de mayorías, que no es meramente electoral sino política e histórica, hay que reconstruirla, no está dada, está en crisis. Por lo tanto se trata de una reorganización táctica del liderazgo para una estrategia colectiva.

Está tercera opción, de reorganización del liderazgo, al darse en un escenario de crisis, derrota y desde una lógica de oposición, necesitará simultáneamente de un nuevo protagonismo popular, nuevas luchas y rebeliones, de una ampliación del sujeto social y político y de una actualización doctrinaria, sin lo cual la política nacional popular quedará de lo contrario apresada en una deriva inmediatista, electorera y socialdemócrata, de presente permanente, que difícilmente pueda sacar al país de ésta recaída neocolonial. Es momento de repensarlo.

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