Un libro para llevar a la playa junto con los anteojos de sol y el protector solar

Por: Mónica López Ocón

Una guía que propone poner asombro en la mirada para percibir lo archiconocido como si lo viéramos por primera vez. Un texto que vuelve extraordinario lo ordinario.

Hay guías y guías.  Algunas son burocráticas como lo fue, por ejemplo, la ya desaparecida guía telefónica. Otras, en cambio, son capaces de llevarnos de la mano por lugares fabulosos incluso si estos lugares no existen. A este segundo  pertenecen, por ejemplo, la Guía de Lugares Imaginarios del Alberto Mangel y Gianni Guadalupi y también una made in Argentina como la Guía Maravilloa de la Costa Atlántica (Sudamericana) que escribieron Andrés Gallina y Matías Moscardi e ilustró Aruki.  Luego de leerla los lobos marinos hechos en piedra que son un ícono de Mar del Plata ya no serán los mismos. O quizá sería más correcto decir que el lector ya no será el mismo, por lo que ese lugar al que escapó por unos días para huir de la rutina del trabajo y que terminó siendo el espacio de la rutina del placer será otro.

Fabián Casas lo dice con mucha claridad en la contratapa del libro: “La Guía Maravillosa de la Costa Atlántica produce esto: que algo tan cotidiano para muchos, en épocas de vacaciones, se vuelva un misterio. Este es un libro sobre el mar, el viento y las olas, los lobos marinos, los balnearios y los faros, los muelles y las escolleras, las rarezas costeras y las tienditas de souvenires. Pero también, y sobre todo, es un poema inmenso, raro, inestable.”

Para corroborar lo que dice Casas es rigurosamente cierto, basta con abrir la Guía y comenzar a leer por el principio. La primera frase dice: “La arena es la ametralladora del viento” y a continuación da una serie de informaciones poéticas sobre la arena que nos hace percibirla como lo que realmente es: una maravilla de la naturaleza y  un milagro que suele pasarnos inadvertido.

Y los autores prosiguen con sus descripciones poéticas: ”Con la mojada se construyen castillos, esculturas montañas o volcanes y hasta bolas que los niños usan de proyectiles esféricos para jugar a la guerra. La arena mojada es papel, una invitación a escribir: nombres de amantes encerrados en corazones que la espuma de la orilla borra.”

Con el mismo criterio poético los autores se refieren a las olas, las nubes, los vientos. Las descripciones descubren aspectos tan poéticos que el lector termina por preguntar si la Costa Atlántica que él visita todos los veranos será la misma de la que hablan Andrés Gallina y Matías Moscardi y hasta siente el impulso de sacar un paisaje para ir de inmediato a corroborar in situ si realmente están hablando del mimo lugar.

Sin embargo, contrariamente a lo que podría suponerse luego de lo dicho, esta guía sui generis está llena de información y resulta evidente que los autores conocen palmo a palmo el territorio del que están hablando. Sin embargo, en esta guía las palabras tienen un lugar protagónico que hace que no compita con los mapas o las guía virtuales. Un dato puede consultarse a través en Internet, pero la mirada sobre un lugar es una  irremplazable mirada de autor. Más aún, podría decirse que la guía misma es una guía de autor.

La guía ofrece además,  una singular visita guiada por distintos lugares de la costa Atlántica: las ramblas, los casinos, los parques acuáticos, el Torreón del Monje, El paseo de las Estrellas, El Pato, las playas nudistas, el Rocío del Mar, las termas marinas, la Costa Salvaje, la Carabela de Santa Teresita (una embarcación que replica con un 95 por ciento de exactitud la Carabela Santa María con la que Colón se encaminó hacia el Nuevo Mundo), el Laberinto de la Toninas, el túnel submedanal  de Reta  o la casa embrujada de Leo Matteoli (esta casa no figura en el rubro de visitas guiadas, sino en otro capítulo, pero su historia es fascinante.)

Andrés Gallina nació en Miramar y Matías Moscardi, en Mar del Plata. No se trata de simples datos de sus respectivas biografías, sino de la posible razón por la que su guía elude los estereotipos turísticos para hablar de los distintos espacios de la costa atlántica  con el afecto que producen los territorios de la infancia.

Contrariando las características el género, ellos no muestran “la” costa, sino “su costa”, aquella en el que cada rincón es un recuerdo que habla de sus propias vidas, de su propia historias.

Recomendación: no olvidar poner la guía en el bolso junto con todos los enseres que llevamos a la playa. Será como llevar unos lentes mágicos para poder ver lo conocido como si lo hubiéramos visto jamás.

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  • Leo siempre tus notas desde hace un año más o menos. Me alegra haberte descubierto. Gracias por la recomendación. Estoy por irme a Mar de Ajóció

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