
A lo largo de la entrevista soportamos sus silencios largos, comimos chocolates mientras hablaba sobre política y literatura, la Revolución Rusa y el peronismo, la situación de China. Hasta que se cansó y pidió que nos fuéramos, que lo dejemos en paz. Eso hicimos. Le dimos las gracias y Susana nos despidió en la puerta.
Lo volvimos a ver dos o tres veces más y estuvimos cerca hasta que murió el 23 de diciembre de 2016. Por eso, no pudimos ni quisimos cumplir su otro pedido: dejarlo en paz. El obrero de la literatura confirma nuestra traición juguetona. Es un reconocimiento, además, a una obra honesta y original, que perturba y moviliza y a la que vuelvo a menudo porque es fuego y abrigo.Con Federico Sturzenegger a la cabeza, el poder ejecutivo busca desregular áreas sensibles como medicamentos,…
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