El agresor, un ciudadano de Sri Lanka residente en Auckland desde 2011, apuñalo a las víctimas (ninguna fatal) en un supermercado de la capital neozelandesa antes de ser abatido por la policía.

Compradores aterrorizados corrieron a las salidas del supermercado, y las imágenes captadas por testigos muestran el momento en que los policías acudieron rápidamente al lugar, donde abatieron al agresor. La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, se declaró «devastada» por el hecho en una comparecencia ante la prensa en la que explicó que la identidad del agresor no se puede revelar por orden judicial, y que se trata de un “lobo solitario” que, el pasado mes de mayo, fue declarado culpable de poseer propaganda de la milicia radical, por lo que se resolvió que estuviera bajo vigilancia policial las 24 horas del día. El fiscal intentó que se le juzgara bajo la Ley Antiterrorista, pero el juez concluyó que no había suficientes pruebas para proceder.
Ante consultas periodísticas sobre por qué un individuo considerado tan peligroso seguía en la comunidad, Ardern defendió la actuación de las autoridades y explicó que “por ley no podíamos retenerlo en prisión. Si hubiera cometido un acto criminal que nos hubiera permitido encarcelarlo, así lo hubiéramos hecho. Desafortunadamente, no lo cometió”. El hecho trajo a la memoria el peor ataque islamista en Nueva Zelanda, ocurrido en una mezquita de Christchurch en marzo de 2019, cuando un supremacista blanco abrió fuego matando a 51 musulmanes e hiriendo a otros 40.
Ardern no reveló cuántos «sospechosos de terrorismo» están bajo vigilancia en Nueva Zelanda, y se limitó a decir que «hay muy pocas personas que entran en esta categoría», El responsable policial Andrew Coster dijo que las autoridades confían en que el hombre actuó en solitario y que por ello no hay más amenazas para la sociedad. Reconoció que existen dudas sobre cómo pudo realizarse un ataque prácticamente en presencia de los agentes, pero defendió su labor.
«Estoy satisfecho, basado en la información que tengo, de que el personal implicado no solo hizo lo que se espera en semejante situación, sino que hizo prueba de gran valentía», declaró Coster. «La realidad es que cuando se vigila a alguien 24 horas sobre 24, y los siete días de la semana, no es posible estar a su lado todo el tiempo», agregó.
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