Una comedia dramática de Damián Kepel que muestra la brecha de la desigualdad y la hipocresía social. Una situación seria resuelta en tono cómico.

De un lado de la pared del restaurante, el mundo de “los jefes”, el empresariado pudiente de Argentina, representado en dos amigos que se juntan a tomar unas copas; y del otro lado, el mundo de los empleados, encarnado en dos trabajadores de cocina.
Estos dos universos se construyen de manera intercalada, mientras que la conversación entre los personajes va actuando en espejo: el dinero, el tiempo de ocio, la familia, las relaciones de pareja, la infidelidad, la deconstrucción (o no) de los roles de género y la violencia; todo se cuenta a través de la brecha de la desigualdad.
Pero en el medio del muro irreconciliable, hay otros dos personajes que actúan como nexo: el mozo, que viene y va, y la ve “de afuera”, y una mujer que es una incógnita. Tal vez, pareciera decirnos la obra, la vida del otro lado no es tan ajena como pensamos.
Damián Kepel, que además de dramaturgo es un premiado publicista, debutó en el campo del teatro como autor y director en 2017, con la obra Rehenes que se estrenó por entonces en el Teatro de la Comedia. Para escribir Del otro lado, que es su segunda obra, se inspiró en una escena de su adolescencia.
“Cuando a comienzos de 2021, Javier Daulte nos instó a escribir sobre algo que nos conmoviera, se me vino a la cabeza una imagen, un recuerdo de mi juventud: yo bailando en un boliche con un trago en la mano y un pibe de mi misma edad recogiendo los vasos de vidrio ya vacíos y abandonados por los rincones para que no se rompieran…Yo disfrutando, él trabajando”, recuerda Kepel.
“Yo, sin saber qué hora era, él cumpliendo un horario. Yo gastando plata, él ganándosela. Así nació Del otro lado, como un intento de reflexión sobre lo que pasa todos los días y tenemos naturalizado sin hacernos grandes cuestionamientos, aceptándolo sin más. Y como todo en la vida, por más duro que sea, intenté tomármelo con humor”, apuntó el autor. De este modo surgió la historia de dos universos lejanos separados sólo por una pared.
Aunque la historia pueda resultar dramática, el tono es cómico y explota una de sus máximas con rigor y soltura: poner algo donde no va o, más bien, donde las normas sociales dicen que no va. De ahí lo irreverente de Del otro lado, que logra mostrar a través de este código la hipocresía de la alta sociedad.
El empeño en la apariencia y el vivir para el afuera no pueden sostenerse cuando detrás de la pared hay una grieta que lo descalabra todo. Es por esto que la obra es capaz de llevar al espectador desde la risa a la incomodidad en un in crescendo que hace estallar a los protagonistas y al público. En todos los lados.
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