Vapors of Morphine: un legado en movimiento, lejos de la nostalgia

Por: Fidel Fourcade

El trío liderado por Dana Colley volvió a Buenos Aires. El repertorio se transformó en una experiencia vital, intensa y plenamente actual.

El legado de Morphine siempre fue un problema: ¿cómo mantener viva la llama de una banda sin convertir el remake en un acto de nostalgia zombie? Dana Colley, su saxofonista, que supo ser parte de aquella rareza de los ’90, parece haber encontrado la respuesta desde 2009 con Vapors of Morphine, el trío que volvió a pisar Buenos Aires este miércoles en el Teatro Vorterix, en lo que fue su sexta visita al país.

Nikolái Fiódorov, un filósofo ruso que veía los museos como laboratorios para resucitar muertos, tenía una obsesión que acá aplica sin vueltas: la conservación no es un fin, es el primer paso. Vapors of Morphine no es un museo de Morphine. No conservan las cenizas de Mark Sandman en una urna de cristal. Agarran sus huesos -el bajo de dos cuerdas, la estructura de «low rock», esa forma de entender el silencio como parte del ruido, que fue el punto más revolucionario de su música- y los ponen a funcionar en un presente que no le debe nada a la nostalgia.

El saxofonista Dana Colley.
Foto: Joaquin Pertierra para Recitarg

No resucitan a nadie, porque Sandman no está. Pero convierten el legado en algo vivo, que se toca, se gira y se ensucia en la ruta. Eso, para Fiódorov -y en ese punto nosotros también suscribimos-, era la verdadera inmortalidad: no mirar lo que fue, sino usarlo para seguir haciendo.

En su nueva aventura por la Argentina, que incluirá Córdoba y Santa Fe, con Sergio Dawi en gran parte de la noche como el cuarto Vapors, rindieron honor, homenaje y potencia a un repertorio que tuvo en un 90 por ciento de canciones de Morphine. A las 21, los músicos se hundieron en los zapatos del anochecer con canciones como “Have a Lucky Day”, “The Other Side”, “All Your Way” y “Mary Won’t You Call My Way”. Un tándem ganador y variopinto de los primeros discos del trío de Boston.

Esa rara avis que inventó el “low rock”

La formación actual del grupo reunió al núcleo duro del proyecto: Dana Colley (saxo barítono, ese instrumento grave que en sus manos suena a amenaza contenida), Jeremy Lyons (voz y bajo de dos cuerdas) y Tom Arey en la batería. Lyons llegó a Massachusetts tras el huracán Katrina, y le tocó la difícil tarea de ponerse en la piel de Mark Sandman sin imitarlo. No fue fácil para él, pero la química terminó por aparecer, y lo que empezó como un homenaje puntual en el festival de Palestrina, donde murió Sandman, se transformó en una banda con tres discos de estudio y una agenda de giras que ya lleva casi dos décadas rodando.

Sergio Dawi, el invitado especial.
Foto: Joaquin Pertierra para Recitarg

Una de las joyas de la noche estuvo en la inclusión del repertorio de “My Brain” + “Sharks”, esa pieza lisérgica de jazz en formato spoken word con momentos de vuelo en el saxofón de Dana. En la séptima canción, que fue todo lo que se aguantaron en esperar para invitarlo al escenario, subió Sergio Dawi -histórico saxofonista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota- para terminar de levantar los pies de la tierra con una gran versión a dos saxos de “A Head With Wings”.

Sobre el escenario, el «low rock» que Sandman ayudó a definir se desplegó con toda su rareza: un bajo de dos cuerdas, la batería seca de Arey y ese saxo barítono que Colley toca a veces como si fuera una guitarra distorsionada, otras como un lamento de cine negro. La influencia de Rahsaan Roland Kirk se hizo presente, claro, con Colley alternando el barítono y el tenor en algunas canciones, un gesto que empezó como una sugerencia de Sandman y que terminó siendo una marca de fábrica.

Foto: Joaquin Pertierra para Recitarg

“Estos tipos son increíbles, todavía no puedo creer que cada vez que vengan me llamen”, decía Dawi entre canciones para tratar de explicar el fenómeno arriba y abajo de las tablas del Vorterix. Finalizó su primera participación con “Let’s Get a Trip Together” y “Musiqawi”. Pasaron otras canciones imperecederas como “All Wrong”, “Thursday”, “I’m Free Now” y “Honey White”, mientras la noche avanzaba lentamente hacia su final.

Con la vuelta de Dawi, sonaron “Cure for Pain”, “Buena”, “You Look Like Rain” y “Souvenir” -el mejor tándem de canciones de la noche por escándalo- para, luego de una breve despedida, que Dana se calzara los dos saxofones y tocara “Radar” y luego “Whisper”, para así terminar una noche de 17 canciones que arañó las dos horas de show, homenaje y universo low rock.

Foto: Joaquin Pertierra para Recitarg

Habrá séptima

La relación del público argentino con el universo de Morphine es antigua y está llena de esos pactos que se hacen en la oscuridad de los bares. No fue casualidad que la banda eligiera incluir a Sergio Dawi como invitado en la gira anterior. Colley, que no habla español, encontró en Dawi un cómplice con quien comunicarse sin palabras, solo con las teclas de los saxos. Esa amistad, rara y genuina, habla de una sintonía que va más allá de la música y que explica por qué Vapors of Morphine se siente en Buenos Aires como en su casa.

Habrá sido la sexta vez, pero la sensación fue la de siempre: un público que coreó en inglés, que aplaudió los solos de saxo como si fueran estribillos y que entendió que esto no era un recital de clásicos, sino la continuidad de un sonido que sigue siendo esquivo, elegante y callejero al mismo tiempo. “Nos vemos el año que viene”, dijo Dana dos o tres veces durante la noche.

Foto: Joaquin Pertierra para Recitarg

En un país con tanta tradición musical, más en géneros como el rock y sus materias primas, tiene sentido que Vapors of Morphine sea número puesto cada año, ya que las canciones de Sandman, Colley y compañía suenan modernas -y necesarias- hoy, en el año 1400 o en el 3020.

No hubo concesiones, ni pirotecnia, ni caras de circunstancia. Pero tampoco se vio a una banda tocando «de taquito». Se nota que a Dana y a su troupe les gusta preparar el show y dejar al público con la boca abierta. Y eso habla muy bien de un músico de 64 años que todavía se da el lujo de regalar semejante noche. Hubo un trío al que no le interesa ser un monumento y que, a esta altura, ya ganó por derecho propio llamarse Vapors of Morphine sin que nadie se lo cuestione.

Vapors of Morphine

Miércoles 29 de abril en el Teatro Vorterix, Av. Federico Lacroze 3455

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