Vendedores de gatos; por Adrián Murano

Por: Adrián Murano

Columna de opinión.

En la madrugada del viernes, la policía ingresó a la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Jujuy. El episodio evocó «La Noche de los bastones largos», el operativo policial que la dictadura de Juan Carlos Onganía ejecutó en la Universidad de Buenos Aires en 1966. Desde entonces, la ley, la política y la sociedad consideran inadmisible que uniformados ingresen por la fuerza a una universidad.

Gerardo Morales demoró casi tres días en opinar sobre el atropello de su policía. «Nunca desde que militaba en Franja Morada ingresó la Policía Provincial en la Universidad. Una vergüenza que pase en mi gobierno», tuiteó el gobernador de Jujuy. El demorado ataque de pudor de Morales tiene su explicación: hasta sus propios correligionarios reprocharon el atropello de los uniformados jujeños.

Morales, por cierto, tiene razones de sobra para sentir vergüenza de lo que «pasa» en su gobierno. La intrusión policial a la facultad es el episodio más reciente de una saga de atropellos institucionales que se inició con el copamiento del Tribunal Superior de Justicia y la persecución de organizaciones sociales. El blanco predilecto de esa campaña: la Tupac Amaru que fundó y conduce Milagro Sala.

Morales mantiene cautiva hace más de un año a la dirigente social. Su larga «prisión preventiva» fue repudiada por gobiernos, organismos y organizaciones internacionales que defienden los Derechos Humanos. Imperturbable, Morales resiste las críticas con el respaldo del gobierno nacional y abundante propaganda.

En diciembre, el gobernador presentó su Consejo para la Consolidación del Estado de Derecho en Jujuy. La razón de ser de ese colectivo es justificar la prisión arbitraria de Milagro Sala. Entre los integrantes del consejo se encuentra el director de la carrera de Ciencia Política de la UBA, Luis Tonelli. Antiguo socio de una consultora, y cercano al eterno operador radical Enrique «Coti» Nosiglia, Tonelli suele fingir neutralidad analítica en distintos medios de comunicación. En las noches, por caso, suele compartir un «cafecito político» en radio Mitre, del Grupo Clarín.

Por supuesto, Tonelli no es el único de su especie. La tele, los diarios y la radio están repletos de comunicadores, economistas y politólogos que siembran opiniones desde una supuesta neutralidad. ¿Acaso está mal que la gente opine en los medios según sus convicciones? Por supuesto que no. Siempre y cuando, claro, se le informe a la audiencia desde qué lugar –idea o interés– se emite el mensaje. No es lo que suele ocurrir. Es más: los traficantes de intereses suelen ser los primeros en levantar el dedo para impugnar por «militante» a otro.

Los años electorales son campo fértil para el tráfico de promociones proselitistas encubiertas ejecutadas por opinadores «neutrales». Conviene estar atentos si se quiere evitar que, otra vez, en los medios se venda gato por liebre. «

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