Maura Delpero estrenó un film que explora la vida rural italiana durante la Segunda Guerra. Su conexión con la Argentina y las ultraderechas.

Ambientada en 1944 en un remoto pueblo de los Alpes italianos, Vermiglio sigue a la familia Graziadei, encabezada por Cesare, un maestro respetado en esa comunidad aislada del norte de Italia. La llegada de Pietro, un soldado siciliano desertor de la Segunda Guerra, altera la rutina del pueblo y desencadena eventos que afectan a la familia, en especial a Lucía, la hija mayor, que se enamora del misterioso recién llegado.
La semilla de Vermiglio, cuenta Delpero, nace de una historia íntima ligada a su padre, que vivía en ese pueblo con una familia similar, de diez personas. “La película traza una línea que va de lo colectivo a lo individual, que empieza con una cama llena de gente y termina con esa misma cama vacía. Quise transmitir el status quo propio de la vida rural: uno es individuo, pero sobre todo parte de una comunidad. Lucía refleja el cambio social en ese contexto. Empieza siendo una chica de campo cuyo deseo parece ser casarse, y termina convertida en una mujer más libre. Ahí sentí que la película tenía algo mío porque une lo íntimo con lo macro, con el cambio social y el mundo que la rodea. Un pueblo puede protegerte, pero también juzgarte muchísimo”.
El pueblo de Vermiglio es más que escenario: es una presencia activa, un microcosmos, un escenario a puertas cerradas que refleja tensiones universales. “Quería que fuera tan local como universal”, dice la directora. El rodaje fue largo y minucioso, con una clara impronta documental: entrevistas durante dos años, caminatas por el pueblo, conversaciones con ancianos. “Ahí empecé a mezclar lo íntimo de mi familia con otras historias del pueblo”, señala, hallando detalles imposibles de rastrear en libros de historia. El personaje de Lucía, explica, tiene una base documental, pero fue moldeado para las necesidades del film.
La película combina actores profesionales y no profesionales, la forma que Delpero siente propia. “Trabajo mucho la escritura a partir del casting. Busco gente y lugares, los invito a la locación, y me inspiro en ellos. Cuando les entrego el guion, sus personajes ya llevan algo de su temperamento. Pero en rodaje no hay improvisación: las líneas son las que están en el guion”.
El lenguaje visual de Vermiglio remite a la pintura. Delpero le pidió a su director de fotografía ruso, Mikhail Krichman, cuidado para evitar que el paisaje se vuelva una postal. Las referencias son pintores como Caspar David Friedrich o Gustave Courbét, donde hombres diminutos enfrentan una naturaleza imponente. “Tenía que sentirse el respeto que esos hombres y mujeres le tenían a la naturaleza. En esa época era más fácil aceptar que la vida era más grande que nosotros y la muerte, algo natural”.
Comparando la emigración histórica de algunos habitantes de Vermiglio —que primero fueron a Chile y luego a la Argentina—, Delpero considera que su llegada a Buenos Aires fue una “emigración de lujo”. Cuenta que desde Bolonia seguía el cine argentino, con cineastas como Lucrecia Martel, y que en París bailaba tango, por lo que las conexiones con Argentina siempre estuvieron.
Al venir, encontró en Buenos Aires un lugar de pertenencia. “Yo venía de la literatura y acá hice una educación no formal, con cursos de Mauricio Kartun, viendo la relación entre teatro y cine. Me fui formando a pulmón, porque no vengo de una familia ni ciudad de cine, todo lo armé autodidacta”. Su primer largometraje, Hogar, nació de una investigación sobre hogares para madres solteras en Argentina. Aunque Vermiglio no es una coproducción argentina, el lazo se mantiene pues su hija vive aquí.
Actualmente hay dos realidades que igualan a Italia y Argentina: gobiernos de derecha con poco interés en el cine y la cultura. “La diferencia es que, dentro de la Unión Europea, el cine italiano sigue recibiendo ayudas. Acá hay poco respaldo y eso me duele. Pero siempre hay resistencia. Vermiglio tuvo éxito internacional yendo contra una cultura que apuesta solo a películas pochocleras. La falta de apoyo y la exigencia de que todo sea comercial pueden llevar a una muerte cultural peligrosa. Sin demonizar a las plataformas, temo que si sólo queda eso, la gente sólo consumirá un tipo de cine y no aceptará otros”.
Dirección y guion: Maura Delpero. Elenco: Giuseppe De Domenico, Martina Scrinzi, Tommaso Ragno, Carlota Gamba, Roberta Rovelli, Orietta Notari, Patrick Gardener y Anna Thaler. En cines.
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