Hace 20 años, el 9% de los jugadores tenía más de 30. Hoy ya es el 25%. Los motivos: el cuidado, el método de entrenar, el avance de la ciencia, las exigencias del sistema y un fútbol argentino que vende a la franja media al exterior.

Lo sabe Pablo Guiñazú, capitán de Talleres, el jugador de campo más viejo de la Superliga. El 26 de agosto cumplió 40 años. Guiñazú terminó el torneo pasado como el futbolista con mayor cantidad de pases acertados (1140) y como el segundo con más pelotas recuperadas (90), por detrás de Wilmar Barrios (94). Lisandro López es la figura del Racing puntero: suma 12 goles, más que ninguno en el campeonato. Cvitanich, que dejó Banfield, tiene 34 años, uno menos que Lisandro, su nuevo compañero en Racing. «Antes, el tiempo del futbolista era hasta los 32, 33 años –dice el Chino Luna, que juega a los 36 en Tigre–. Pero ha cambiado por el cuidado personal y el tener más herramientas para la prevención de lesiones graves. Ese es un punto fundamental. Aquellos que las sufrieron, como Maxi Rodríguez o Cvitanich, pueden volver al mismo nivel gracias al avance de la ciencia. Más los métodos de entrenamiento. De pendejos hacíamos sentadillas, pasadas, pesas, subíamos tribunas. Hoy no se hace más. Son entrenamientos cortos y dinámicos, no sobrecargan mucho las articulaciones. Todo ese combo alargó la vida del futbolista».
Al comienzo de la temporada 2018/2019, reveló Oscar Barnade, periodista y miembro del Centro para la Investigación e Historia del Fútbol (CIHF), el 25% de los jugadores tenía más de 30. Hace 20 años, sólo el 9% superaba las tres décadas. Entre los arqueros, los más experimentados son Sebastián Bértoli (41) y Cristian Lucchetti (40), capitanes de Patronato y Atlético Tucumán. No es un detalle que entre los diez más veteranos en el fútbol argentino, haya cinco arqueros y cinco mediocampistas de origen. En la mitad de la cancha, se corre más que en los puestos de la defensa y el ataque. Pero también se juega más con la cabeza. Y, a veces, la sensación es que ciertos futbolistas juegan «parados», a uno o dos toques sin necesidad de hacer grandes recorridos. En menor medida, continúan los aportes de Fabián Cubero (40, Vélez), Adrián Bastía (40, Colón), Rodrigo Braña (39, Estudiantes) y Juan Mercier (38, Atlético Tucumán). En Primera División, el jugador de campo que más extendió su trayectoria fue Ángel Labruna (41 años y 14 días), ídolo de River. Entre los arqueros, Hugo Gatti, a los 44 años y 23 días, símbolo de Boca.
El que ocupa el puesto 11 entre los más veteranos es Santiago Silva, delantero de Gimnasia La Plata. Cumplió 38 en diciembre. Silva tiene un récord: es el uruguayo con más goles en la historia del fútbol argentino (149). El año pasado superó a Enzo Francescoli. «Lo que ha cambiado es la manera de entender lo que es la profesión de futbolista», destaca Fernando Signorini, expreparador físico personal de Diego Maradona y parte del cuerpo técnico de la Selección en el Mundial de Sudáfrica 2010, y analiza: «Cambió la alimentación, el cuidado, el descanso, y hoy los jugadores están sometidos a un sistema de vigilancia, a mucha presión, y eso hace que se tengan que cuidar más y no caer en otros hábitos que antes no se condenaban, como puede ser andar de noche». En paralelo a la profesionalización, las exigencias de la industria, el avance de la medicina y los cambios en los métodos de entrenamiento, el argentino es un fútbol que acumula muy pibes y muy viejos. La franja media, en general, juega en las ligas del exterior.
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