Un hijo sepultado como “soldado desconocido” y la búsqueda de su madre atraviesan décadas. El documental muestra cómo la restitución de la identidad reabre heridas y permite un reencuentro.

Monforte, quien festejó la ocupación de Malvinas en 1982 cuando estaba en segundo año de la secundaria y cuya familia donó hasta oro para la causa, pronto sufrió el dolor de la traición y, cuando salió de la secundaria, ya dedicado al cine, por medio de un compañero de atletismo se contactó con excombatientes en su natal Mar del Plata para hacer un documental: “Ahí abracé la causa”.
-¿Cómo te acercás a la historia de Elma?
-Cuando llegaron a Campo de Mayo, después de la guerra, los soldados habían firmado papeles que no les permitían hablar, así que yo hice mis primeros documentales de esa manera. Me persiguió el Ejército, y ahí conocí a Julio Aro y me hice amigo de él, que era el presidente del Centro de Ex Combatientes en Mar del Plata. En 2008, Julio decide, para cerrar su trauma personal, volver a Malvinas. Ahí estuvo una semana. Fue a visitar el cementerio de Darwin y se encontró con que prácticamente las tumbas no tenían nombre propio: decían “Soldado argentino sólo conocido por Dios”. Cuando vuelve, Julio se propone ver si había posibilidad de restituir las identidades y, junto con otros dos veteranos de guerra, empezaron a averiguar. Fueron a Buenos Aires, se contactaron con el Equipo Argentino de Antropología Forense, que les dijeron que hoy se podía hacer un examen de ADN, pero había que armar un banco genético con los familiares. Y además hacía falta que se pusieran de acuerdo los dos gobiernos.
-Eso fue durante el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
-Sí. Nosotros constituimos la Fundación No Me Olvides para darle un apoyo institucional a la idea. Pero después de cuatro años de golpear puertas sin resultados, la periodista Gabriela Cociffi consigue el contacto con Roger Waters, que venía a la Argentina. Waters es un gran activista y, además, él perdió a su abuelo y a su padre en la Primera y Segunda Guerra Mundial: son desaparecidos en acción. Sabe que fueron a determinada batalla, pero no sabe dónde están. Entonces, cuando tiene una entrevista con Cristina Fernández de Kirchner, le acerca la carpeta con nuestro proyecto. Ahí es donde el gobierno nacional toma, como corresponde, la idea y la empieza a llevar adelante, que no fue nada fácil. Fue una tarea de muchos años: los isleños no querían. Entonces hicimos el primer documental, que se llama Héroe Corriente, estrenado en 2017, que trata sobre la necesidad de la familia de llevar adelante este proceso.
-Ahí se destrabó la cosa.
-En parte. El gobierno nacional nos había pedido que los padres de estos soldados desconocidos manifestaran su acuerdo: había que preguntarle a la familia. Cuando Julio había estado en Malvinas, había dado una entrevista al Penguin News, que es el medio periodístico de allá, donde habla de la necesidad de restituir la identidad de esos cuerpos enterrados. A raíz de esa entrevista lo invitan a un encuentro sobre estrés postraumático de guerra entre veteranos ingleses y argentinos en Londres. Ahí Julio conoce a Geoffrey Cardozo, que es el oficial que había llegado a las islas después de la guerra y había sido el encargado de hacer el cementerio argentino de Darwin. Es decir, él fue quien los inhumó con honores militares y religiosos a los caídos que no había podido identificar. En ese momento, 1982-1983, Cardozo hizo un informe para su gobierno, del que le da una copia a la Cruz Roja y manda otro al gobierno argentino, que no hace nada. Él se entera de eso cuando conoce a Julio en 2008. Entonces le da una copia de ese informe y, en la Argentina, al traducirlo, descubrimos que aparece un número anotado en lapicera en un papelito en un cuerpo: era el del documento de Gavino Ruiz Díaz. Cruzamos datos y averiguamos que su mamá cobraba la pensión en Colonia Pando, en el medio del campo.
-¿Elma vio el documental? ¿Qué dijo?
-Sí, sí. Lo vieron ella y Lucía, la nieta del corazón que la cuida; las dos estaban muy emocionadas. Cuando tuve su ok, me decidí a presentarlo en el Festival de Mar del Plata. Y lo que se ve es que la gente descubre cosas. En general, con algunos tires y aflojes y siempre con la idea de que las Malvinas tienen que ser nuestras, se despierta la idea de lo humano. Lo principal es que sigamos teniendo una mirada un poco más luminosa, donde lo único que haya no sea la guerra. Hay que rescatar siempre que la gente tiene una gran resiliencia y que, cuando uno va a entrevistar a los familiares o a los veteranos, hay que ser muy cuidadoso: si les removés muchas cosas, terminan yendo al psiquiatra después de la entrevista, y por más que tu película sea muy exitosa, me parece que ahí está fracasando. Son aprendizajes también.
Dirección y guion: Miguel Monforte. Dos funciones únicas en el Cine Gaumont: sábado 4 (presentada por el director) y martes 7 de abril a las 19. También en Espacios INCAA de todo el país.
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