Agustín Navarro, referente social de la Villa 31: morir por Covid, vivir por sus vecinos

La historia del militante de Barrios de Pie y fundador de un merendero que alimenta a decenas de pibes y sin techo en el Barrio Mugica. Las voces de sus amigos, de sus compañeros de lucha y de su hija: “Se mueren los militantes que están poniendo el cuerpo, mientras el Estado no está.”    

26 de mayo de 2020

A Agustín Navarro no lo mató el Covid 19. “A mi papá lo mató el abandono del gobierno de la Ciudad. No estuvieron presentes en el barrio. Por eso se mueren los militantes como mi viejo, que están poniendo el pecho en los comedores”. Verónica es la hija de Agustín Navarro, referente social del Barrio Padre Mugica que falleció el lunes 25 de mayo. La mujer denuncia la desidia estatal que se llevó la vida de su padre desde un hotel porteño, donde cumple el aislamiento obligatorio por estar infectada por el maldito virus.

Verónica cuenta que es estudiante de Trabajo Social, tiene 24 años y laburaba codo a codo con su viejo en el merendero que funcionaba en la casa familiar: “Se llama Otti y está en la manzana 24, zona YPF. Lo abrimos en 2018, cuando volvió el hambre al barrio. Damos merienda a los chicos y también salimos con la olla a dar un plato de comida a los sin techo. También tenemos un espacio en el playón oeste, se llama Esquina Libertad. Laburo social. Mi papá siempre decía que había que dar una mano al vecino, al que está en la calle, al que no tiene nada.”

Verónica hace memoria y reconstruye la vida de su padre. Agustín Navarro nació hace 57 años en Tupiza, una localidad del sur de Bolivia, no muy lejos de la frontera con La Quiaca. Migró muy joven. Dejó atrás el Altiplano y se vino a Buenos Aires para edificarse un futuro mejor. Se estableció en una piecita de la siempre postergada ex Villa 31. Laburó sin parar. Se casó con Rita. Tuvieron cinco hijos: Franco, Martín, Octavio, Vanesa y Verónica. “Era un papá muy presente. Preocupado por el estudio de sus hijos –recuerda Verónica-. También estudiaba, había empezado la carrera de Ciencia Política. Tenía una pata en la formación y la otra en el territorio luchando por su barrio. ‘Nunca dejen la escuela, que es el futuro de ustedes’, siempre nos decía.”

Derecho a la educación

Navarro ayudó con sus propias manos a que miles de pibes de la villa tuvieran la posibilidad de llegar a ese futuro. “Piense que Agustín ayudó a construir la histórica Banderita, la primera escuela del barrio, hace más de 25 años. Puso los ladrillos de las aulas, siempre solidariamente. Era un hombre muy activo en la lucha por las condiciones edilicias y la calidad de la educación para los chicos del barrio”, explica Walter Larrea, auxiliar docente del Polo Educativo Mugica y miembro de la Mesa Participativa de Urbanización.

Larrea resalta que Agustín estuvo muy presente en el proceso de lucha para que el gobierno porteño edificara el Polo Educativo que hoy cobija a la mayoría de los estudiantes de la barriada: “Estaba siempre poniendo el hombro. Participaba en las mesas de trabajo, venía con su familia y sus compañeros de Barrios de Pie a las radios abiertas y las marchas. Su muerte, junto a las de Ramona (Medina) y el ‘Oso’ (Giracoy), muestran la desidia, el abandono de Larreta en el Barrio Mugica. Son tres compañeros importantes que ya no están. Tres comedores menos. Tres vecinos que cayeron en plena batalla contra el virus y el abandono, dándoles una mano a sus vecinos. Tres referentes que vamos a  extrañar demasiado.”

Derecho a la urbanización

Héctor Guanco es dirigente social del barrio y miembro del Comité de Crisis formado por los vecinos para capear la pandemia. Conoció a Agustín hace pila de años: “Desde la lucha eterna por la urbanización. Se acercaba a las mesas de trabajo, escuchaba atento las demandas y siempre colaboraba. Estaba con la camiseta del barrio siempre puesta. En las épocas en que Macri amenazaba con el desalojo, Agustín participó en todas las medidas que impulsamos con los vecinos para conseguir la ley de urbanización.” Navarro fue delegado de la manzana 24. Hombre muy comprometido con sus vecinos, sus necesidades, sus derechos, con mejorar la calidad de vida: “Un ferviente peronista. Un compañero que se merece un homenaje, que no merecía terminar así.”

Guanco está aislado en su casa en forma preventiva, a la espera de que le hagan el testeo: “Ya hay más de 1000 casos en el barrio. Es desesperante que se mueran los referentes como Agustín. Los que les da un vaso de leche, un mate cocido a los pibes. Los que ponen el pecho en los merenderos. Si el gobierno de la Ciudad no aparece, vamos a terminar todos contagiados. Se están yendo muchos compañeros que siempre acompañaron las luchas populares. Por eso estoy muy triste.”

Derecho a la alimentación

“Compañero muy solidario”. No duda Walter Córdoba a la hora de recordar a Agustín. Compartían espacio de militancia en Barrios de Pie. “Puso el techo de su casa para abrir un comedor. También armaba ollas populares para ayudar a la gente que estaba en la calle. Un hombre muy querido en el barrio. Su muerte es un golpe muy fuerte para nosotros, porque era un compañero que siempre estaba en la primera línea, al pie de la olla”, explica el coordinador de Somos Barrios de Pie Capital.  

En la cuarentena la mayoría de los comedores se sostienen a pulmón, con el apoyo de los vecinos y las organizaciones: “El Estado llega tarde, nos faltan insumos para cuidar a los compañeros, como barbijos, guantes, lavandina –dice Córdoba-. Las muertes de Agustín y Ramona se podrían haber evitado. La pandemia desnudó las ausencias estructurales en los barrios populares. La falta de agua, de luz, del plato de comida, de la salud, que tendrían que estar resueltos.”

Derecho a la vida

Verónica cuenta que cuando el virus llegó al barrio allá por mediados de abril, tuvo varias charlas con su papá: “Estaba preocupado, decía que el gobierno tenía que actuar. Pero lamentablemente llegaron tarde una vez más. No hubo agua por semanas, entonces aumentaron los casos. Y lo de los testeos no fue puerta a puerta. Los vecinos nos tuvimos que acercar.”

Cuando su papá empezó a manifestar los primeros síntomas, lo aislaron en un hotel: “Lo tendrían que haber llevado a un hospital. Cuando lo internaron era demasiado tarde. Me da rabia. Era un gran hombre mi viejo”.

Antes de despedirse, Verónica dice que cuando termine su aislamiento obligatorio vuelve derechito al merendero: “Hoy está cerrado, pero no vamos a bajar los brazos. Vamos a seguir ayudando al barrio, a los vecinos. Como hacía mi papá.”

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