Alicia María Zorrilla: "Una lengua milenaria como el español no cambia de la noche a la mañana"

La académica acaba de publicar Sueltos de lengua, una encendida defensa del idioma español contra los abusos a que lo sometemos los hablantes. Un libro de un humor tan inteligente como inusual que se lee de principio a fin con una sonrisa.

8 de noviembre de 2020

Los antecedentes académicos de Alicia María Zorrilla son tantos que solo son comparables con su sentido del humor. El lector puede corroborarlo en Sueltos de lengua (Libros del Zorzal), una fotografía que nos muestra como hablantes del español en la que salimos poco agraciados, con los verbos torcidos, la sintaxis eclipsada, los gerundios al rojo vivo, las comas despeinadas y los anglicismos a flor de piel.

Los ejemplos que consigna en su libro provienen de distintos ámbitos y son tan graciosos que nos hacen reír, aunque deberíamos llorar. Basta con citar “Atentaron contra la tumba de alguien que ya estaba muerto”, “Por favor, no pasar Si no sabe leer pregunte en Boletería Los Cocos Park. Gracias”, “Pelucas para mujeres permanentes e indetectables”.

Estas expresiones hacen que parezcan más elocuentes que nunca los versos de Lope de Vega que cita la autora en su libro: “Si rey fuera, instituyera / cátedras para enseñar / a callar”.

¿De dónde viene su sentido del humor?

–Tengo una mezcla de sangres: la andaluza con la gallega. Creo que esta veta me viene de la andaluza porque en mi familia andaluza había mucho humor. La familia gallega era más seria, más reconcentrada, aunque mi abuelo gallego era muy gracioso. Siempre tratamos de cultivar el humor.

¿Con qué parámetros se determina qué es lo correcto y lo incorrecto en la lengua?

–Por la difusión de las palabras o las expresiones. En cada país las academias están atentas a lo que prefiere el hablante, siempre que esté dentro del sistema gramatical. Luego se comunica a la Academia Española, allí se analizan las expresiones y las palabras de cada una de las academias y se verifica si realmente esos usos se han difundido en el mundo hispánico, no solo en el país que manda el informe. Luego esas palabras o expresiones se registran como correctas o incorrectas. En realidad, en las academias preferimos decir lo recomendable o lo no recomendable.

–¿Podría dar un ejemplo?

–Sí, la locución “arriba de”. “Arriba” es un adverbio, por lo que siempre se consideró que debía usarse solo. Por ejemplo: “El paquete está arriba”. Pero el hablante por analogía con “detrás de”, “delante de”, etcétera, comenzó a decir “arriba de”. Primero se aprobó en México como un mexicanismo, pero luego se dieron cuenta de que todos los países hispanoamericanos usaban “arriba de” y hoy es una locución prepositiva.

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–¿Cuál es la función de las academias de la lengua? Creo, sobre todo en lo que se refiere al lenguaje inclusivo, que se las considera policías que aceptan o prohíben. 

–No es que las academias acepten o no acepten el lenguaje inclusivo, sino que se dan cuenta de que es una cuestión sociopolítica, pero nosotros estamos en el ámbito lingüístico y la morfología del español no puede aceptar eso. Si le ponen una equis, hay palabras que ni siquiera se pueden leer. Está fuera de la morfología del español, fuera del sistema gramatical de la lengua española. Una lengua milenaria como la nuestra no se puede reinventar de la noche a la mañana. 

El argumento de quienes defienden esta postura es que la lengua cambia. ¿Pero de qué forma cambia?

–Cambia con el uso, no puede cambiar conscientemente. Además, no podemos hablar de cambio. Un cambio lingüístico puede llevar más de cien años y esto es una invención de quienes consideran que el español no es inclusivo y yo creo que el español es una lengua muy inclusiva.

–¿Por qué?

–Porque cuando usamos el masculino genérico, por ejemplo en “los ciudadanos eligen a sus representantes” o “los ciudadanos votarán el domingo”, hablamos de todas las personas, no de varones, porque en ese caso las mujeres no podríamos votar. Cuando hice mi fundamentación en la Academia Argentina puse el ejemplo “todos los hombres son mortales”. Si me hubiera referido solo a los hombres, querría decir que las mujeres somos inmortales. Cuando me hicieron una entrevista por radio y di este ejemplo, una periodista gritó “Dios quiera” (risas).

Pero la Academia no le manda a quien dice “todes” una nota quejándose ni le cobra una multa.

–No, por supuesto. Cada uno tiene absoluta libertad para hablar y escribir como lo desea, siempre que lo que diga se entienda.  



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–Hoy se dice, “te comparto” y no “comparto esto con vos”.  ¿Es aceptable?, ¿este cambio proviene de las redes sociales?

–Es algo incomprensible. Sí, creo que viene de ahí. No comprendo el cambio, pero señalo que en español se dice “comparto con vos algo”. Hay quien también dice “te colaboro”. Creo que quienes hablan así no quieren quedar fuera de la jerga. Esto es algo que está en auge en la adolescencia y el adulto, por no quedar marginado, copia la jerga adolescente. Yo lo atribuyo a eso. Creo que para algunas personas las redes sociales como Facebook son la libertad total. Como diría Mafalda, “no estoy despeinada, mis cabellos tienen libertad de expresión” (risas). Y aquí le hago un homenaje a Quino porque me encanta. 

–Sorprende el creciente uso de los anglicismos. ¿Es legítimo usar palabras como “sale” cuando en nuestra lengua tenemos “rebaja” y muchas otras?

–No, no es correcto. Recuerdo que una vez, una persona muy sencilla que no sabía inglés le preguntó a otra: “¿Por qué en todos los negocios "salen"? (risas). El préstamo lingüístico es legítimo cuando no se dispone en una lengua de una palabra para nombrar algo, pero no cuando la tenemos. Si se necesitan, bienvenidas sean, pero no hay que usarlas por esnobismo. Una vez le pregunté a una alumna por qué mezclaba el inglés con el español. Me contestó: “profesora, es más cool” (risas). No entiendo por qué no se cuida lo que es de uno. Cuando yo tomaba clases de inglés me exigían muchísimo. Teníamos que hablar en inglés con la sintaxis inglesa, pero acá parece que como nacemos con la lengua española incorporada, todo está bien.

Usted menciona también el uso del potencial en lugar del subjuntivo. Por ejemplo, “si yo sería…”. Se lo he escuchado a gente que se supone que es culta.

–Se supone, usted lo dijo bien. Se puede tener una gran cultura de otra índole pero no cultura lingüística. No hay voluntad de aprender bien la lengua de uno, se deja a un lado la estética de la lengua que, al mismo tiempo, es ética.

¿Podría tratarse de una tendencia que se imponga?

–Creo que no, porque no está dentro del sistema gramatical en el español. En España yo comentaba la tendencia que hay acá de decir cosas como “me dijo que venga” y no “me dijo que viniera”.  Algunos gramáticos me miraron raramente. Parece que hoy la gente prefiere que todo se haga en presente, lo que puede ser hasta una cuestión psicológica.

La primera parte de la oración transcurre en el pasado y la segunda, en el presente.

–Exactamente. Pero en el español hay una correlación en los tiempos verbales.

Hace años tuve un jefe de Redacción que decía “hay que escribir como se habla”. ¿Es así?

–No es así. El periodismo tiene que ser didáctico. Se debe escribir bien para enseñar bien a los lectores. Mis alumnos me llevaban a la clase errores que aparecían en los distintos diarios que salen en Buenos Aires. Algunos también conseguían a través de Internet diarios de las provincias. Entonces se daban cuenta de que había problemas que subsanar.

En el periodismo hay un prejuicio con el uso de adverbios terminados en “mente”. Pero si existen en la lengua, supongo que tienen una razón de ser.

–Está mal el abuso, que es influencia del inglés. No puede ser que en una página haya seis o siete adverbios terminados en “mente”. Por supuesto que son correctos, pero todo abuso es pobreza. En este caso hace muy pesada la sintaxis y produce rimas que hay que evitar. La repetición es otro problema que veo en los textos.

–¿El uso del gerundio es el que genera más confusión?

–Sí, sobre todo en el ámbito jurídico. Usan gerundios encadenados y alargan mucho los textos. Me decía un abogado que él había visto un párrafo de una carilla lleno de gerundios. Otro me habló de una oración de no sé cuántas líneas unidas –yo digo “soldadas”– con gerundios.

¿Podría dar un ejemplo de mal uso?

–Sí, cuando se usa con función adjetiva o de posterioridad. Un ejemplo del primer caso es “una caja conteniendo bombones” en vez de “una caja que contiene bombones”. “Robó un banco huyendo hacia su casa” es un ejemplo del segundo tipo de error. Lo correcto sería “Robó un banco y huyó hacia su casa” porque no son acciones simultáneas. Primero roba, después huye.

–¿El descuido por la lengua es un fenómeno reciente o viene de lejos?

–En el ámbito de la investigación, en el campo académico desde 2000 en adelante, cuando comenzamos con la Nueva gramática..., la Nueva ortografía, el Libro del español correcto, el Libro de estilo de la lengua española, hay una mayor preocupación. La lengua no se habla bien en todos los casos, pero está en la mira de todos, gracias a Dios. Tanto que mis colegas notan que antes se hablaba más de lo literario y ahora en las academias hay un interés lingüístico por hablar y escribir bien para que los consultantes o para que los que se acercan a las academias reciban ese mensaje. La lengua tiene que estar bien escrita y bien dicha.

–¿Hay que cuidarla porque es un bien común.

–Claro que es un bien común, nos identifica, somos hombres por la lengua y somos lo que de la lengua hacemos.  «

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Una vida dedicada a la palabra

Alicia María Zorrilla nació en Buenos Aires en 1948. Es miembro de Número de la Academia Argentina de Letras y presidenta de esta Corporación; miembro Correspondiente Hispanoamericana de la Real Academia Española; doctora en Letras por la Universidad del Salvador; licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid; profesora especializada en Castellano, Literatura y Latín. En 2013, fue condecorada con la Medalla de San Jerónimo por el Colegio Nacional de Traductores de Perú. Es miembro de Honor de la Unión de Correctores de Madrid y Presidenta y Directora Académica de la Fundación LITTERAE. Fue miembro de la Comisión Interacadémica que creó la Real Academia Española para la composición de la Nueva gramática de la lengua española, la Ortografía de la lengua española, Libro de Estilo de la lengua española según la norma panhispánica y el Glosario de términos gramaticales. Es autora de obras literarias y lingüísticas, entre ellas, Retrato de la novela, La voz sentenciosa de Borges; Diccionario de las preposiciones españolas. Norma y uso; Dudario. Diccionario de consultas sobre el uso de la lengua española; Diccionario gramatical de la lengua española; La norma argentina y Diccionario normativo del español de la Argentina. 

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