Cómo es el respirador artificial que mantiene con vida a Vicentin

El grupo empresario rosarino Olio, de meteórico crecimiento, viene siendo el sostén principal de la malograda cerealera, a un año de su default y llamado a concurso de acreedores.
(Foto: Télam)
22 de noviembre de 2020

A días de cumplirse un año del anuncio oficial de default, la agroexportadora Vicentin sigue abonando sueldos y manteniendo sus plantas mayormente operativas. No resulta un dato menor, teniendo en cuenta el antecedente de empresas que tuvieron sus fierros oxidados y cientos de trabajadores en la calle a poco de iniciar sus crisis. La fórmula que le permite seguir a flote tiene varios elementos, pero hay uno que se destaca sobre el resto: los contratos a fasón con el Grupo Olio, una firma que viene experimentando un meteórico crecimiento que deja perplejos a propios y extraños.

Grupo Olio es el nombre de un conglomerado que tiene en el rosarino Ariel Olio su principal referente. Dedicado históricamente al agronegocio, el empresario tuvo su primer gran hito en 2016, cuando se hizo cargo de la operación del puerto de Barranqueras, en Chaco, con una inversión de U$S 40 millones. Ya en 2019 anunció una serie de novedades que no pasaron desapercibidas: en marzo informó el lanzamiento de una marca propia para comercializar productos premium de exportación (desde carnes hasta vinos, pasando por aceitunas y garbanzos), la apertura de una oficina en Madrid y una emisión internacional de deuda en la Bolsa de Viena. Meses más tarde, se hizo cargo del 50% del paquete accionario del frigorífico Alberdi –ubicado en la localidad entrerriana de Oro Verde– para potenciar las exportaciones cárnicas, una jugada que implicó U$S 3 millones. Este año, a través de la operación de las plantas de Vicentin, el grupo alcanzó cifras récord de exportación: según revelaron los investigadores Alejandro Gaggero y Gustavo García Zanotti, en un informe encargado por el Banco Nación, para julio de 2020 ya acumulaban U$S 212 millones exportados, 50 veces más que lo registrado en todo 2019.

La apuesta de Olio es ambiciosa. El juez de la convocatoria de Vicentin ya autorizó nuevos contratos de fasón para 2021 y 2022, que le permitirán a la malograda exportadora ingresos por entre U$S 80 y 100 millones  por año. El piso que establece el acuerdo es de 3 millones y medio de toneladas de soja y medio millón de toneladas de girasol por todo concepto (crushing y molienda). Asimismo, aunque supeditado a la coyuntura, Grupo Olio podrá sumar la tarea de refinado para su posterior venta en el mercado doméstico. Envalentonada, la firma rosarina ya dejó trascender un plan para quedarse con Vicentin: según reveló el portal Punto biz, el proyecto incluye la llegada de fondos chinos. En ese marco de proyección internacional, la compañía acaba de abrir una oficina en Miami, como paso previo para cotizar en Wall Street.

Preguntas

Frente a este panorama, no son pocos los que se preguntan cómo hizo una empresa que hasta hace poco era una más en el universo agrícolo-ganadero para hacerse lugar en un mercado dominado por multinacionales. Estas últimas no parecen haberla recibido muy bien: el CEO de Grupo Olio, Fernando Jurado, declaró al portal Rosario3 que "hubo actores de la competencia que se encargaron de hacernos sufrir bastante". Según dijo, esas compañías preferían ver cerradas las plantas de Vicentin.

La incursión del grupo rosarino en la agroexportadora se dio a través de una de las tres firmas que lo componen –Díaz & Forti SA, especializada en el negocio granario–. Las otras dos son Los Reartes SA (ganadería) y el mencionado Frigorífico Alberdi SA. A ello debe sumarse que, a título personal, Ariel Olio participa en varias sociedades más, como la financiera Compañía Bursátil SA y la metalúrgica Iron Concept SA. En estas dos tiene como socio a Gabriel Adrián Guglielmino, quien a su vez preside MG Group SA, una financiera especializada en la comercialización digital de créditos prendarios.

Según los registros públicos del Banco Central de la República Argentina (BCRA), entre las fuentes de financiamiento nacional a las que acudió Díaz & Forti en el último tiempo aparece la Asociación Mutual 18 de Julio, una entidad que estuvo suspendida en 2018 y 2019 por el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) por relaciones irregulares con MG Group SA. Tanto esta última, como la mutual y las dos sociedades anónimas en las que participan Olio y Guglielmino, funcionan en un mismo edificio del microcentro rosarino, aunque en diferentes pisos.

La información provista por el BCRA también indica que actualmente Díaz & Forti no utilizan los bancos tradicionales como alternativas principales de financiamiento. En los últimos meses incrementó su pasivo con dos "proveedores no financieros" –según la terminología oficial– emplazados en la city porteña: Crediserv SA y la Cooperativa de Crédito, Consumo y Vivienda Fincredit Ltda.

El respirador y la vacuna

Según revelaron los integrantes del actual directorio de Vicentin –tras el recambio autorizado por la última asamblea del 15 de octubre–, gracias al fasón con Grupo Olio, la compañía ya tiene cubiertas las necesidades de todo 2021. "Tenemos comprometido el 70% de la capacidad en soja y el 50% de girasol. El resto lo tenemos disponible para nuevos operadores que quieran acercarnos una propuesta", dijo Omar Scarel, el histórico contador de la empresa que hoy encabeza el management.

Más allá de esa afirmación, aún nadie sabe dar precisiones sobre qué pasará con la compañía, que necesita millones solo de capital de trabajo para volver a operar con normalidad. Mientras la empresa juega con los tiempos del concurso preventivo, las plantas siguen funcionando con respirador artificial, a la espera de una vacuna que, siendo optimistas, podría ser realidad recién a lo largo de 2021. «

Se estrenó el documental sobre la cerealera

Ayer se estrenó el documental Vicentin: de gran empresa a gran estafa. Se trata de un trabajo de investigación testimonial sobre la historia y el desarrollo de la cerealera Vicentin, hasta llegar a la defraudación y estafa cometida en los últimos años, la complicidad con la empresa de diversos gobiernos y funcionarios a lo largo de los últimos cincuenta años y la responsabilidad penal de sus principales socios.

A partir de la idea original de Enrique Pepe Albistur y en coproducción con Renato Miari, el documental pone de relieve la mirada de Pino Solanas, Ricardo Alfonsín, Luis Rubeo, Carlos del Frade, Eduardo Hecker, Claudio Lozano, Leandro Busatto y el economista Horacio Rovell, entre otros políticos, economistas y personalidades.

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