El club uruguayo que le contestó a Trump

Estados Unidos recomendó evitar zonas "peligrosas" de Montevideo. La respuesta de Villa Española, el club de uno de los barrios estigmatizados: "Tal vez se sentirían más seguros si pudieran portar armas como en su país".
Por Roberto Parrottino - @rparrottino
11 de Agosto de 2019

Bella Italia. 40 Semanas. Borro. Casavalle. Casabó. Cerro. Cerro Norte. Hipódromo. La Teja. Marconi. Malvín Norte. Tres Ombúes. Villa Española. El Departamento de Estado del gobierno de Donald Trump recomienda evitar los barrios “peligrosos” a los estadounidenses que viajen a Montevideo. Eleva a Nivel 2 “la precaución” ante “la criminalidad”. Y el Centro Cultural de Villa Española le responde a Estados Unidos, incluso antes que la devolución diplomática de Uruguay, donde también habrá elecciones presidenciales el 27 de octubre. “De nuestra parte -comienza Villa Española, club humilde que juega en la segunda división-, queremos agradecer la advertencia de un país donde la tasa de homicidios con armas de fuego es 25 veces mayor que la de cualquier otro país desarrollado, donde casi 100 residentes son asesinados diariamente. Tal vez se sentirían más seguros si pudieran portar armas como en su país”. Y, después de aclarar que seguirán “insistiendo con la cultura de barrio, la educación popular, la solidaridad y todos los valores que alejen la 'vieja cultura frita' del individualismo”, invita a todos los ciudadanos del mundo.

El Villa es el club cuyo estadio se llama Obdulio Varela. El capitán de Uruguay en el Maracanazo de Brasil 1950 nació en La Teja. Pero después del Mundial escapó de la fama y se recluyó en la casa de 20 de Febrero 3030, en Villa Española, cerca de la fábrica de neumáticos Funsa, que llegó a emplear a cerca de 4000 personas, cerró en la crisis de 2002, y luego fue recuperada por los trabajadores. Un mural en la esquina de la sede recuerda hoy al Negro Jefe. Aparece con Alfredo Evangelista, el boxeador que peleó por el título del mundo ante Muhammad Ali, y el Canario Luna, la voz de la murga uruguaya. Fue pintado en 2016 por los vecinos. Entre ellos, por Santiago “Bigote” López, el goleador histórico, aún a los 37 años en el plantel que canta el himno del club cada vez que termina un partido. “En verdad -dice Bigote, que encabezó la rebelión de los futbolistas ante la Mutual y que puso como cláusula en su contrato ausentarse en caso de un recital del Indio Solari- fuimos la voz de todos esos barrios. La discriminación que sufrimos es terrible. Si mirás a Villa Española por la tele, es zona roja. Los que tienen plata nos estigmatizan. Que es un barrio pobre, de rastrillos, y todo lo contrario: acá hay pila de fuerza cultural”.

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El gobierno de Tabaré Vázquez contestó dos días después que Villa Española. Primero el deporte, esta vez, y después la política. Alertó a los uruguayos que viajen a Estados Unidos a “extremar las precauciones ante la creciente violencia indiscriminada, en su mayor parte por crímenes de odio, como el racismo y la discriminación”. En la última semana hubo 32 muertes en menos de 13 horas en los tiroteos de El Paso y Dayton. Supremacistas blancos. Gerardo Caetano, uno de los historiadores más prestigiosos de Uruguay, integró como delantero el Defensor campeón de 1976 que cortó los 44 títulos entre Peñarol y Nacional desde el inicio del profesionalismo. “La nota de Estados Unidos refiere a esa dimensión imperial de una tradición que ha llegado a límites insospechados bajo la administración Trump”, dice Caetano. “La sociedad uruguaya también vive temas de la inseguridad. Y hay muchos barrios estigmatizados por buena parte de la clase media y alta. Montevideo era la ciudad hiperintegrada donde convergían el hijo del pobre y el hijo del rico. Hoy la fractura social y fenómenos como el narcotráfico generaron una desintegración territorial”.

De Cerro, otro de los barrios “peligrosos”, era Juan Martín Mujica. Lateral izquierdo de pie y pegada fuerte, campeón de la Copa Libertadores con Nacional, es aún el único uruguayo en lograrlo como futbolista (1971) y entrenador (1980). A pesar de jugar en México y Francia, nunca quiso irse de “El Cerro”, de las “villas dignas”, como dice Caetano, no de “cantegriles ni asentamientos”. Mujica comía asados y salía en bote a pescar por la bahía. De ahí también es Justo y Nico (2019), un conmovedor cortometraje: Justo, padre vivo hincha de Cerro, y Nico, hijo muerto hincha de Rampla, “una historia más allá de los colores” de los rivales clásico. Nueve minutos de dolor y amor, de fútbol en el barrio de los frigoríficos. No está en Netflix. Fue producido por la agencia montevideana Cámara/TBWA y financiado por la Secretaría Nacional del Deporte. Porque, como canta el Canario Luna en Saludo a los barrios, “la misma brisa impulsa al Cerro fiel/ Villa Española y Peñarol/ la Aguada hermosa que acunó/ en su pecho al soñar/ de aquel que al emigrar/ no esperaba ser tan bienvenido”.

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