Excesos, arbitrariedades y maltratos detrás de la pelea contra las barras

Juan Manuel Lugones, titular de la Aprevide, se presenta como un luchador contra lo que llama las mafias en el fútbol. Sin embargo, hay críticas al accionar contradictorio del organismo.

El martes, en el sur del Conurbano bonaerense, Lanús y River definirán qué equipo será finalista de la Copa Libertadores. La semifinal entre argentinos tendrá un condimento particular, más allá de lo futbolístico. Los presidentes de ambos clubes habían llegado a un acuerdo: que en Núñez y Lanús 10 mil entradas estarían destinadas al visitante. Pero Juan Manuel Lugones, el titular de la Agencia de Prevención de Espectáculos Deportivos en la Provincia de Buenos Aires (Aprevide), lo descartó. Cuatro semanas después, luego de que se conociera que hinchas de River compraron a través de Internet entradas para no socios destinadas a Lanús, Lugones mostró las garras: "Les recomiendo a los hinchas de River que se queden en sus casas. Si reconocemos a alguno, lo vamos a detener". 

Lugones –abogado, hincha de Nueva Chicago, candidato a legislador porteño en 2015 por el GEN de Margarita Stolbizer– es el titular de la Aprevide designado por la gobernadora María Eugenia Vidal. Trabaja bajo la órbita del ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo. El hombre fuerte de la Aprevide tiene un perfil muy alto, con numerosas apariciones en los medios y con participación en los timbreos de campaña de los funcionarios de Cambiemos. No es por lo único que llama la atención: en esa "lucha contra las mafias en el fútbol", como suele poner en su cuenta de Twitter, publicita cada detención de un barrabrava como un triunfo. 

Pero hay contradicciones y excesos. 

En junio, cuando ya tenía el título a la vuelta de la esquina, Boca visitó Mar del Plata para medirse ante Aldosivi: 16 mil hinchas estuvieron en una platea, camuflados como "neutrales", con globos, camisetas y bengalas azules y amarillas. Para Lugones, aquel operativo fue un éxito: "Es muy bueno que no hayan estado los barras de Boca". Ahora, para la semifinal de la Libertadores, a los hinchas de River que se acerquen a Lanús para intentar entrar al estadio los amenaza con la detención. No es la primera vez que la Aprevide carga contra hinchas sin relación con la barra ni con esas mafias. En Racing y en Independiente, los equipos más populares de la Provincia, se repiten casos de socios que denuncian maltrato policial. 

El 19 de agosto, en Banfield, Racing se enfrentaba a Mitre de Santiago del Estero por la Copa Argentina. En el ingreso hubo empujones. Hasta que la policía empezó a reprimir. Mariano P. sintió el rocío del gas pimienta después de escuchar que un agente le decía a otro: "Tirale". Al rato, un policía de civil lo puso contra una reja. Después, lo subieron al camión celular. Pasó más de seis horas demorado. Al salir, le aseguraron: "Los agarramos de giles, para sumar gente. Esto no queda en ningún archivo, tranquilos". El fin de semana siguiente, Racing jugó de local con Temperley. Personas con chaleco de la Aprevide pedían DNI y lo hacían pasar por el programa Tribuna Segura para averiguar antecedentes. A Mariano P. le saltó el rojo. Otra vez fue detenido. Adentro del camión había caras repetidas de aquella madrugada en Banfield. "Cuando salí, pedí un certificado de mi detención para poder hacer el trámite de volver a la cancha. Me dieron un papel muy trucho, con mi apellido mal escrito. Me cansé de llamar a Aprevide. Me mandaron al juzgado de Lomas. De ahí fui a La Plata. No figuraba en ningún juzgado. Me dijeron que tenía que ir a la calle México al 100, en Capital, a Tribuna Segura. Ahí me dijeron que para que me den el alta tiene que venir una notificación de Aprevide. Mientras, se pasan la pelota, y no puedo ir a la cancha", cierra Mariano. 

Ese mismo sábado 9 de septiembre, Federico B. también pasó seis horas demorado en la Comisaría 1° de Avellaneda. Llegó al Cilindro unas horas antes con un amigo. Tomaban un Campari arriba de un auto, cuando dos personas de civil se acercaron. Tuvieron un cruce de palabras y los hicieron bajar. "No reaccionamos bien –explica Federico–, no sabíamos quiénes eran". Al rato, se presentaron como personal de la Aprevide. Los revisaron. Les encontraron un cigarrillo de marihuana. Los llevaron al camión. "Pasamos todo el partido ahí, con 30 personas más, de las que 28 estábamos en la misma. Éramos todos socios, sin antecedentes. Nos llevaron porque nos llevaron". De ahí, a la comisaría: "Sufrís violencia verbal y física si no respondés. Entrás y quedás sin aviso a un familiar. Quería hacer una llamada, mi mujer y mi hija me esperaban en un cumpleaños. No pude. Firmé una hoja sin leerla, porque si la leía me dijeron que me dejaban adentro. Y salí". Federico B. repitió el camino de Mariano: fue hasta Aprevide, a La Plata, a averiguar si podía seguir yendo a la cancha. Una chica, cuenta, se fijó en el sistema y le dijo que sí. Al salir, se sacó una foto en la puerta del edificio para subir a sus redes sociales y comentar su alivio. Se le acercaron las personas que lo habían obligado a bajar del auto, también vestidas de civil. "Se presentaron como personal policial, me pidieron el DNI y que borre las fotos, amenazándome. Me despidieron diciendo: 'Encima sos de Racing...'". 

Del otro lado de la calle Bochini, en Avellaneda, también se escuchan críticas a Lugones. El 1 de octubre, durante Independiente-Vélez, 20 policías de la Bonaerense entraron a la tribuna sur para llevar detenido a un joven que había colgado una bandera: "Basta de AFAno". A Independiente, aseguraban los hinchas, lo venían perjudicando los arbitrajes. Y así lo expresaron en esa bandera. La voz del estadio pidió que la sacaran. Y la policía actuó. "Lo fueron a buscar al pibe, a llevarlo detenido y a sacarle la bandera. En el medio, le pegaron a la gente, había nenes jugando a la pelota", cuenta el socio Pedro Gabarini. Con la presencia de los efectivos en la tribuna, empezaron los disturbios. Hubo gente que llegó a salir de la popular. Gabarini quedó en el medio: "Me pegaron balazos de goma entre el labio y la pera, y también en el gemelo derecho. Todavía tengo las marcas. Puse las fotos en Facebook, el abogado las vio y decidí a hacer la denuncia civil". 

Las detenciones arbitrarias en la Provincia no entienden de categorías. En julio, Diego Moronta, entonces vocal de Flandria, fue detenido en el Carlos V de Jáuregui acusado de ayudar a entrar a barras ante Douglas Haig por la B Nacional. Minutos después, la policía difundió la foto de Moronta. "Lo que pasó fue un bochorno. Tenemos una puerta –dice Fabián Poli, actual presidente de Flandria– que da justo al vestuario y dejó pasar a familiares de los jugadores y entraron tres socios que tocan la trompeta, nada más. Fue un error, pero lo trataron como a un delincuente. Fueron con la idea de meter preso a alguien o a buscar un incidente". 

"Nosotros no hacemos abuso de autoridad. La gobernadora Vidal me encargó que la familia vuelva a la cancha. No vamos a perjudicar a nadie que no sea un barra. Si se ha cometido un exceso o un error, podemos sacarlo de la base de datos", fue el descargo de Lugones en Racing XII, un programa partidario en el que lo consultaron por la situación de Mariano y Federico, quienes aún no pudieron salir de la prohibición a la que entraron por la arbitrariedad de la Aprevide.

Bebote, de las amenazas a la cárcel

El futuro de Pablo Álvarez, jefe de la barra de Independiente, conocido como "Bebote", parece estar otra vez en una cárcel. Después de ser denunciado por la Aprevide por extorsión y amenazas al técnico Ariel Holan, y de tener una orden de captura internacional, Álvarez se entregó el viernes en el Polo Judicial de Avellaneda. Al mando de la barra a la que entró a los 13 años –de ahí su apodo– hace más de dos décadas, tuvo su pico de popularidad cuando Javier Cantero, entonces presidente de Independiente, lo enfrentó abiertamente en el club, la Justicia y hasta los medios. Según la policía, tenía todo lo necesario para pasar a la clandestinidad. En uno de los once allanamientos dispuestos, a una quinta en Berazategui, encontraron 117 mil pesos, 6900 dólares, cuatro cheques de 50 mil pesos, un auto y un teléfono con línea nueva. Pero eligió entregarse. Ahora permanece en una celda de la alcaldía de San Martín. Los cargos de extorsión y amenazas tienen como pena de cinco a diez años de prisión. "El barrabrava más famoso de la provincia de Buenos Aires está preso. Se entregó porque no tenía adónde escaparse", celebró Juan Manuel Lugones, titular de la Aprevide. Entre 1999 y 2003, Álvarez estuvo tras las rejas por robo calificado, tenencia de arma de guerra, atentado a la autoridad y lesiones, entre otros delitos ajenos al fútbol.

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