"Fondo. Otra vez la misma receta", un film que derriba los mitos del neoliberalismo

Se realizó la avant premiere de la película dirigida por Alejandro Bercovich donde recorre diferentes países que sufrieron los embates de los paquetes de ajustes del FMI a través de los préstamos. 

(Foto: Gentileza Giuliana Mastrángelo)
Por Martín Piqué - @MartinPique
10 de Octubre de 2019

Un documental puede sintetizar el debate –también el drama y la incertidumbre- del tiempo que viene. Quedó demostrado el miércoles por la noche en la avant-première de la película Fondo. Otra vez la misma receta, que tiene al periodista especializado en economía Alejandro Bercovich como protagonista casi absoluto en la pantalla. La proyección del documental, realizada en el Teatro ND/Ateneo con presencia de personalidades de la política y los medios, confirmó todas las sospechas que circulan en torno al organismo multilateral creado en 1944 en la localidad estadounidense de Bretton Woods. Bercovich y equipo aprovecharon dos viajes del periodista a Portugal y Grecia para exponer a partir de esos dos casos las inconsistencias, los intereses y los efectos de los paquetes de ajuste ordenados por el FMI.

El desenlace del programa monetario implementado en Portugal, para suerte de su población, es bien distinto del griego. La llegada de un gobierno socialista en el año 2015, como parte de un frente electoral de izquierda, hizo posible que la administración de Lisboa desoyera las exigencias de austeridad, pudiera reactivar la economía, recuperara ingresos para el Estado y pagara su deuda con el FMI. Así ganó autonomía y flexibilizó la tutela del ente trasnacional que comanda desde este martes la economista búlgara Kristalina Georgieva.

El núcleo argumental del film apunta a desmentir los mitos que hace circular el neoliberalismo. Se trata, en buena medida, de falsificaciones interesadas que buscan justificar las intervenciones del FMI en países muy diversos pero unidos por una condición: la de ver arrasadas las vidas de sus habitantes por la implementación de políticas de austeridad aconsejadas por el organismo.

Como recurso narrativo, los realizadores asociaron cada una de las recomendaciones cargadas de ideología que se intentan naturalizar –como la necesidad de reducir el Estado y poner en marcha medidas ‘market-friendly’ para así atraer inversiones-  con categorías ligadas a la actividad gastronómica. Así es que por la película van desfilando, a modo de subtítulos que organizan el despliegue del guión, términos como “recetas”, “ingredientes” y “cocineros”.

La metáfora culinaria se completa con la aparición en pantalla del chef Juan Braceli, reconocido por el gran público a partir del programa de la TV Pública Cocineros Argentinos. Braceli es un personaje secundario de la trama. Su presencia busca hacer más didáctico lo que en una explicación lineal podría sonar intrincado, complejo o demasiado especializado. Bercovich, por su parte, aparece haciendo preguntas en la calle en Atenas, Porto o Lisboa, pero también delante de entrevistados de renombre, como el economista estadounidense Joseph Stiglitz, o ex autoridades del Fondo, como la alemana Anne Krueger.




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Ex subdirectora gerente del Fondo (2001-2006), Krueger protagoniza un momento estelar de la película, ya visto en TV, al reconocer que ningún país acude al salvataje del organismo salvo que no tenga otra opción. Otro fragmento revelador es la advertencia que le hace el francés Michel Camdessus, titular del FMI en los ’90, al entonces presidente Carlos Menem. En la escena el riojano lo invita a posar juntos para una foto y Camdessus, sonriente, le advierte sobre los riesgos que la postal implica para el mandatario argentino: “Dicen que una foto con el diablo siempre es peligrosa”.

Bercovich no sólo recorre el mundo para contar el ajuste del Fondo en conversaciones con griegos o portugueses. Tampoco se limita a intentar un abordaje casual, en el marco de actividad pública, con personajes emblemáticos del organismo, al estilo de Andy Kusnetzoff o del CQC de los ‘90. El periodista lleva sobre sus hombros la mayor parte de la narración y así es que en ciertos tramos del documental conversa en la cocina de una vivienda porteña con figuras asociadas con la temática: sea el ex ministro de Economía y candidato presidencial Roberto Lavagna, sea el diputado de sesgo industrialista José Ignacio De Mendiguren. Otra de las voces consultadas es la de la ex embajadora en Estados Unidos, Cecilia Nahón.   

El FMI y la Argentina

Por el tipo de edición, por el uso de animación y de placas de texto, por el protagonista/conductor dirigiéndose a cámara, la película tiene una impronta más bien televisiva. Aunque también remite a los documentales en primera persona al estilo Michael Moore.

Un hallazgo del film es la comprobación en el terreno de que el FMI utiliza los mismos eufemismos y las mismas frases hechas para intentar descomprimir la desconfianza que genera su intervención. “A nosotros nos dijeron que este FMI era distinto del que perjudicó tanto a Sudamérica en los ‘90”, cuenta uno de los funcionarios griegos que tuvo que lidiar con los emisarios del organismo. Palabras casi calcadas a las que utiliza la ex titular del Fondo, la francesa Christine Lagarde, en la videoconferencia que mantuvo con Jorge Lanata en mayo de 2018.



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El documental describe la lógica de ganadores y perdedores que acarrea el desembarco del FMI sobre las sociedades de los países que empiezan a ser monitoreados. En Grecia, por ejemplo, son los propios jubilados y pensionados quienes cuentan que en los últimos diez años sus ingresos mensuales perdieron un 55% de su valor nominal. Una maestra jardinera o un investigador universitario relatan cómo perdieron la posibilidad de irse de vacaciones, de afrontar un alquiler para vivir sola o de dedicarse full time a un único trabajo.

 En contraste con ese deterioro de la vida cotidiana, la película  dedica una mención a aquellos individuos que se beneficiaron con la acción del Fondo, al menos en la Argentina. Hacia el final del film se habla del fondo de inversión BlackRock, el mayor de su tipo en todo el mundo; en otro momento se muestra en la pantalla a los empresarios Marcelo Mindlin (Pampa Energía), Paolo Rocca (Techint) y Marcos Galperín (Mercado Libre). El documental remarca que las acciones del FMI, a pesar de su prédica en pos de la recaudación y el equilibrio fiscal, permiten y alientan la formación de activos en el Exterior, el uso de guaridas fiscales y la creación de sociedades fantasma.

A juzgar por los dichos de los responsables de “Fondo. Otra vez la misma receta” (junto a Bercovich trabajaron el productor televisivo Claudio Martínez y los realizadores Woody González y Luis Hassan) el documental tendrá una exhibición en el circuito de salas. Una de las decisiones editoriales de ese equipo, que no pasó desapercibida (a fin de cuentas se trata de una película sobre el FMI realizada desde la Argentina, con todo lo que eso supone) fue no incorporar ningún testimonio, ni alusión ni imagen de archivo de Néstor Kirchner o Cristina Fernández. En enero de 2006, Kirchner canceló toda la deuda que tenía por entonces con el organismo; el actual gobierno de Portugal hizo lo mismo en diciembre de 2018.



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La convocatoria al estreno, en el ND/Ateneo, logró llenar el teatro con invitados de distintas pertenencias políticas y profesionales. En el hall se pudo ver al legislador porteño Carlos Tomada, al diputado Daniel Filmus, a su par de Cambiemos Daniel Lipovetsky, a De Mendiguren. También asistieron la concejala platense Victoria Tolosa Paz, los intendentes Ariel Sujarchuk (Escobar) y Julio Zamora (Tigre), el candidato presidencial del FIT Nicolás del Caño. Hubo, también,  una presencia importante de economistas y hombres de empresas: se los vio Fernando Peirano y Matías Kulfas, del equipo económico de Alberto Fernández y con destino seguro en un eventual gabinete. Ambos entraron al teatro junto al ex titular del Banco Ciudad Eduardo Hecker, hoy allegado a Matías Lammens.

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