Héctor Larrea y la magia de la radio a través de un recorrido riguroso y emotivo

Martín Giménez repasa y analiza la obra e influencia de esta figura icónica de la cultura popular en el libro "Héctor Larrea, una vida en la radio". "Es un personaje irrepetible", señala el autor.

29 de octubre de 2020

Martín Giménez nació en Buenos Aires en 1980. En marzo. En agosto la dictadura desapareció a su papá. Entonces su mamá tomó una decisión y la convirtió en ley: “Que la luz y la radio quedaran siempre encendidas en mi casa para combatir la soledad, para que no hubiera silencio cuando entráramos a casa. Una de esas voces que entraba era la del programa Rapidísimo, de Héctor Larrea”, recuerda en estos días en los que da entrevistas por el libro que acaba de publicar: Héctor Larrea, una vida en la radio.

El orden Rapidísimo Héctor Larrea no es arbitrario. “El primer recuerdo es el de las risas -dice-; me acuerdo que eran como un sonido. Yo tenía cinco o seis años, pero las risas, las cosas festiva, el tren de ir hacia arriba, las risas de Rina (Morán) y Beba (Vignola); era como una fiesta. Me transmitían felicidad.” Una felicidad que compartía con millones. “Nunca me hice esa pregunta que se hacen los chicos, que tampoco se la hizo Larrea: qué queríamos ser cuando fuéramos grandes; siempre tuve claro que lo mío era la radio.”


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-¿Y te acordás de la primera referencia de la voz de Larrea?

-Los anuncios de lo que él llama la tangueada. Una frase con la que ahora cierra su programa: "Yo creo que lo mejor que puede pasar ahora es que cante Gardel". En este momento lo que tengo patente como recuerdo sonoro es que decía: "Cante maestro, que usted hace falta"; y ponía un tema de Gardel. Lo que pasa con Gardel; uy, mirá qué fallido. Lo que pasa es que todos tenemos recuerdos con Larrea. En el auto con tu viejo, o en tu casa materna, en la fábrica los laburantes: es muy de lo cotidiano, es muy argentino. ¡La radio es muy argentina! Larrea es un personaje de la cultura popular y alguien irrepetible.

Giménez se graduó como periodista en TEA, también es licenciado en Comunicación Audiovisual (UNSAM) y tiene un Posgrado en Gestión Cultural y Comunicación de FLACSO. Y comparte con Larrea, además, el motivo/momento en el que se enamoró de la radio. “Igual que él, al ver a mi madre sonreír.” Giménez cuenta en su libro: “Cuando su papá muere de un ACV él tenía 10 años, y su mamá entró en un luto profundo. Y él le dice: "por qué no encendemos la radio". Y enciende la radio y ve a su mamá volver a sonreír, y sale corriendo a contarle a sus amigos de que la radio es sanadora. Estoy absolutamente convencido de que para mí también -me emociono de contarlo-, la radio fue sanadora; no sé qué hubiera sido mi infancia sin la radio.”


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Y así como a los 15 Larrea daba vueltas por las radios, a los 12 Giménez hacía lo propio por “las radios de los barrios, comunitarias, alternativas. Empecé a trabajar profesionalmente en el 99, porque me empezaron a pagar. Y tuve la suerte de estar en la radio de Juan Alberto Badía y con Quique Pesoa, que fue como mi primer maestro de radio”. Fueron tres productoras “las que pusieron plata de su bolsillo” para hacerle el primer contrato: “entre ellas Paula, con la que compartimos la vida desde hace 20 años y es la mamá de Lucía. Encontré gente maravillosa, tuve suerte también”. Entonces se le recuerda lo que recuerda el dicho popular que él recuerda en su libro: la suerte se busca.

“Es verdad -concede-, mi analista también me lo dice. Y ya que jugamos con eso, le vale a Larrea: no hubo magia. Cuando hacía Rapidísimo, que durante mucho tiempo empezaba a las 7 de la mañana, Larrea se levantaba a las 4 para salir a correr y así tener aire para el programa; entrenaba como un boxeador. Es alguien que no tiene problemas económicos, pero nunca se ha ido mucho de vacaciones, ni viajes por el mundo porque lo que le interesa es estar en la radio. Y eso se siente aún hoy. Doy fe. Lo mismo de que le habla a la base social de la pirámide, que siempre son la mayoría, que es el pueblo y que él es parte de ese pueblo. Por eso llega comunicacionalmente con ese discurso: él sabe a quién le habla. Me explicó el por qué del tono alto, que viste que (radio) Rivadavia y Larrea tiene tono alto. Está en el libro: le estaban sacando los bollos del auto, meta martillar, y no podían escuchar la radio; decían: subí la radio. Ahí se dio cuenta de que tenía que hablar con un tono alto para que lo escuchara esa base social: los laburantes en los talleres, en las fábricas, en los taxis; por eso ese tono alto. Y por eso la pasión por ir a radio Rivadavia, que la escuchaba la Argentina, que como él dice es una radio atorranta, popular y gritona.”


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Desde 2008 responsable artístico de Radio Nacional, ahí conoció “profesionalmente a Larrea”. La idea de destino ronda su libro, y también su relación con el gran conductor. “Mi vieja es una laburante y por esas cosas de la Argentina sacó un crédito en el Hipotecario con mi viejo para comprar un departamento muy chiquito, en la planta baja -que sigue viviendo- en el paquete barrio de Belgrano.” Giménez tenía 16 y trabajaba en una panadería “para pagarme el secundario porque en la radio no ganaba nada”. Ahí, un día, fue a desayunar Larrea: “Dejen, la mesa cuatro la pago yo, me hice el canchero. Pero él no me dio ni la hora”, ríe hoy. El relato de la anécdota al conocerse como colegas, le valió un “café con leche con tres medialunas” gratis de inmediato, y que Larrea, ante una invitación por homenaje o premio, le dijera que lo acompañara. “Me convertí en el conductor del gran conductor, bromeaba”. De esos viajes surgieron buena parte de las historias de su libro. “Pensé que eso tenía que estar en un libro, que tenía que trascender.” Pero Héctor no quiso, y lo explica muy bien en el prólogo: “Me mueven muchas cosas que están muy cercanas”. Y Benítez escribió su libro, que también es un recorrido por los 100 años de la radio y una mirada social y cultural sobre la Argentina. El posesivo es totalmente pertinente: Larrea sólo lo conoció cuando estuvo completo. “Él dice que es el medio más plebeyo y más democrático, lo único que te exige es honestidad.” Y con esa confianza, la misma que un conductor tiene en el operador, el operador en un productor y así, hasta armar un programa de radio de esos que se asientan en la memoria indelebles, hicieron Héctor Larrea, una vida en la radio.


De festejo

El viernes 30 Héctor Larrea cumple años. Y se lo festejarán con un Cumple Zoom a las 19, con varios invitados. La grabación quedará todo el fin de semana y el lunes, en la página de Radio Nacional http://www.radionacional.com.ar. “Festejamos la vida”, resume Martín Giménez.


Héctor Larrea. Una vida en la radio. De Martín Giménez. Gourmet Musical Ediciones.

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