Impulsan que la estación Callao del subte B lleve el nombre de Alfredo Bravo

Busca homenajear al fundador de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos fallecido en 2003. El proyecto avanza en la Legislatura porteña.
13 de Marzo de 2018

La estación Callao del la línea B del subterráneo porteño está a un paso de sumar el nombre “Maestro Alfredo Bravo”, en homenaje al ex sindicalista de CTERA, ex diputado y fundador en 1975 de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). El proyecto que avanza en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires tiene el respaldo y el impulso de la Asamblea. “Alfredo es una figura que trasciende porque ha sido un ejemplo de vida y la historia ha confirmado que por lo que él militó era la verdad”, recuerda María Elena Naddeo, secretaria de la APDH.

El proyecto para que la estación sume el nombre del maestro ya está avanzado y no tiene oposición. Fue presentado por el legislador socialista Roy Cortina, pasó por la instancia de la audiencia pública y el siguiente paso es que se debata en el recinto. La iniciativa tiene como antecedentes estación Entre Ríos de la Línea E, que lleva el nombre del escritor y militante político desaparecido Rodolfo Walsh.

En la audiencia recibió el respaldo explícito de la APDH a través de Guillermo Torremare. “Desde la Asamblea Permanente por los derechos humanos saludamos esta feliz iniciativa, y lo hacemos con entusiasmo y gratitud. Esperamos que muy pronto podamos bajar en la Estación que actualmente se llama Callao y veamos que el cartel diga 'Estación Maestro Alfredo Bravo'”, dijo en esa oportunidad.

El lugar elegido para el homenaje no es casual. A unos pocos metros sobre la avenida Callao está ubicada desde hace décadas la sede de la APDH. En la Asamblea esperan que en esa estación no solo esté su nombre, sino que también esperan poder hacer un mural con su imagen y una semblanza.

“En 1975 Alfredo era secretario general de la Ctera, uno de los gremios docentes más importantes del país y se unió junto a diferentes sectores para enfrentar a la Triple A en un momento muy endeble de nuestra democracia”, recordó Naddeo.

Y explicó que la fundación de la APDH fue en un clima de amenazas, de detenciones y de desapariciones de militantes políticos. “El objetivo de la APDH era frenar el golpe y enfrentar la escalada de violencia”, explicó la Secretaria de la Asamblea.

Pero por otra parte, el contexto tampoco pareciera ser casual: la idea cobra fuerza cuando en medio de un incremento de excarcelaciones de genocidas, el ex policía Miguel Osvaldo Etchecolatz accedió a la prisión domiciliaria. El ex comisario seis veces condenado por crímenes de lesa humanidad fue quien torturó e interrogó a Alfredo Bravo.

Bravo era presidente de la APDH cuando fue secuestrado el 8 de septiembre de 1977, durante la dictadura cívico militar. Ese día, un grupo de tareas lo secuestró en la escuela donde estaba dando clases y lo trasladó a un centro clandestino de detención, donde fue torturado y permaneció desaparecido durante alrededor de doce días. Sobrevivió a su secuestro gracias a la presión internacional desatada en su favor: fue blanqueado como preso político a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y finalmente liberado en 1979.

Bravo logró reconocer a su torturador por la voz. Y veinte años más tarde, el 28 de agosto de 1997, vivió un episodio traumático en el set del programa de televisión “Hora Clave”, de Mariano Grondona, cuando el conductor de derecha lo enfrentó cara a cara con el ex comisario.

Eran épocas en que el país vivía en la impunidad de los indultos de Carlos Menem y las leyes de Ovediencia Debida y Punto Final de Raúl Alfonsín, a las que el maestro se había opuesto duramente luego de formar parte del gobierno de radical en la cartera de Educación. “Mi renuncia nace de un principio ético que me nutre y me sostiene en la lucha por los derechos humanos”, dijo al renunciar. Alfredo Bravo falleció en las primeras horas del 26 de mayo de 2003 de un ataque al corazón.

“Que se impulse el homenaje en este momento es parte de la batalla cultural y el debate que hay que dar”, opinó Naddeo. “Algunas figuras dejan huellas que no se pueden borrar. Y Alfredo Bravo trasciende su partido y los organismos de derechos humanos. Ni siquiera la derecha se atreve a cuestionarlo”, completó.

La APDH decidió acompañar el proyecto de Roy Cortina y dobló la apuesta: “Estamos proponiendo la realización de un mural con su imagen, un mural que lo recuerde como docente y luchador por los derechos humanos y por nuestra democracia”, redondeó Naddeo.

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