Ismael Serrano: “Necesitaba volver a la manera más honesta de defender las canciones”

El cantautor madrileño presentará “Todavía”, el disco que registró sólo con su guitarra y voz, este jueves, viernes y sábado en el Teatro Ópera. Sus orígenes, su relación con la Argentina y la experiencia de tocar en un Chile convulsionado.

27 de noviembre de 2019

Ismael Serrano vuelve a Buenos Aires. Una vez más. Como siempre. Aquel camino que siente que inició Serrat en su momento, que permitió a tantos otros cantautores ibéricos consagrarse y tener fieles seguidores  en estos estos parajes, se fue, en su caso, agrandando con el tiempo. Tanto que Serrano  tiene una compañera argentina y su hija mezcla el tú con el vos, según le convenga. Pero sobre todo su vínculo  se dio porque lo que tenía para decir encontró una gran recepción en nuestro país. Su poesía y canciones, su manera de mirar al mundo, poniendo el amor en primer plano, convocan a nuestro público. Tanto que la relación se continúa agrandando.

Tras la gira “Hoy es siempre”, con la que celebró sus 20 años de carrera, el año pasado, hará esta semana tres funciones en el Teatro Ópera, con “Todavía”, una tour acústico (guitarra y voz) que repasa sus canciones de siempre en un formato más íntimo y esencial, y que lleva el nombre de su último trabajo grabado en vivo en la localidad de Tigre, junto al delta del Paraná.

Serrano lo deja claro “necesitaba volver a la raíz, a la esencia del oficio. Necesitaba volver a la manera más honesta de defender las canciones, la más difícil. La idea era compartir un repaso de esas canciones que no siempre están en mis conciertos. El reto fue conseguir la intimidad de la guitarreada lograda en el disco  en los teatros a los que vamos. La verdad que estamos  terminando la gira,  fue una buena experiencia estar solo con la guitarra; nos quedaran una docena de presentaciones en España luego de estos tres de Buenos Aires, quizás algunas más en México”, detalla el trovador, voz del barrio obrero de Madrid. Cuando se charla con él –un tipo sereno, afable, directo, como sus canciones– su postura ideológica es clara. Eso tiene que ver con que tiene claro de dónde viene y mantiene una fuerte impronta de su raíz proletaria. También tiene que ver con su familia y con que tiene memoria: “soy consciente de que mis abuelos lucharon siempre por lo mismo que yo creo, mi abuelo paterno fue un albañil perseguido por ser republicano y mis abuelos maternos trabajaban en el campo y migraron a la periferia de la ciudad soñando con la oportunidad que sus hijos estudiaran. Mis padres fueron los primeros en la familia en tener estudios que universitarios, así que no quiero defraudar esa tradición de lucha”. Serrano se crió en Vallecas, un barrio trabajador del sur de Madrid. “Mi padre es periodista y mi madre licenciada en historia, siempre tuvieron inquietudes políticas, sociales, han militado en el barrio y así senté las base para tener una mirada crítica sobre el sistema reinante”, destaca el cantautor. “Toda la vida sentí la lucha y tragedia ajena como algo propio, entonces la vida te va llevando a tener la necesidad de cuestionar la realidad”, agrega, café de por medio.

–Hacer repaso de 20 años de carrera no es fácil ¿Hay en las canciones un hilo  conductor?

–Difícil decirlo, pero sí está la idea de combatir el paso del tiempo a través de las canciones. Siempre hay un empeño en todas las canciones de abrir la ventana a la esperanza. Una llamada a no rendirse. La música siempre fue para mí un lugar de encuentro para luchar. Algo muy necesario en tiempos convulsos socialmente y políticamente. La efervescencia nos invita a sentirnos acompañados frente al avance de ciertos discursos de ultraderecha, con la intolerancia como principal argumento.

–¿Cómo se enfrentan esas posturas?

–Es difícil sentarse con alguien que no propone el dialogo como método político, pero hay que tratar de mejorar. La clase dirigente tiene que hacer un examen de conciencia y ver porqué hay una parte de la ciudadanía que se siente desamparada. Las instituciones parecen dejar muchas personas afuera, como que no cuentan con ellos. También creo que no hay que amplificar sus mensajes, como  una especie de cordones sanitarios para que las ideas retrogradas no se propaguen. Si hay que poner el foco en la desigualdad, achicar eso, para que la desesperación no lleve a personas a sumarse a ideas que son perjudiciales al conjunto, porque enaltecen el individualismo y la discriminación.

–Venís de presentarte en Chile. ¿Cómo viviste tus días allí?

–Fueron muy emocionantes. El ambiente está muy caldeado, hay una expectación muy importante por parte de una ciudadanía que necesita de manera urgente cambios. Lo que se siente estando allí es que la protesta es transversal. No sólo son los jóvenes estudiantes, sino es gran parte de la sociedad que se da cuenta que años y años de alternancia entre la concertación y la derecha no han supuesto ningún cambio. Es significativo que en Chile voten cuarenta por ciento del censo: quiere decir que mucha gente siente que con su voto no puede cambiar nada. Es terrible como muchos te cuentan lo que gastan en salud, o por estudiar. Es una realidad muy dura y el milagro chileno es que no haya estallado antes. Como en muchos lados hay un espejismo. Las cifras macroeconómicas muchas veces no tienen nada que ver con la económica diaria de la gente. En España muchas veces se habla de recuperación, pero con jóvenes precarizados y sin empleos de calidad, con condiciones de vida que han bajado y demás.

–¿Cuál es tu opinión sobre la violencia que resurgió en Latinoamérica para tratar de aplacar reclamos sociales?

–El modelo económico que se quiera imponer muchas veces sólo llega así o se retira de esa forma. Lo de Bolivia es terrible, como en Chile o en Ecuador. Lo que está pasando es que hay un modelo agotado que no deja salida. Hay una cuestión pendular, que se contrapone a movimientos emencipatorios que querían dar fuerza a la región, que hacen aparecer a sectores reaccionarios que se oponen a cambios de base o de reglas de juego. La polarización es algo común, pero lo preocupante es que aparezca la violencia. Como en la poesía y en la música los matices son importantes, estaría bueno que en política se pueda ir dejando la polarización como herramienta y tratar que no se use la violencia.

–¿Cuál  el rol de un músico en ese escenario?

–Siendo parte de esa ciudadanía, no queda otra que formar parte de ese debate y ponerle banda sonora. Hacer el retrato social y sentimental del tiempo que te toca vivir. No queda otra que contagiarte de ese entusiasmo de lucha. De ese cuestionamiento, de ese cabreo. Yo creo que todo eso está trasladado en el idioma de las canciones que hago.


Ismael Serrano presenta “Todavía”. Jueves 28, viernes 29 y sábado 30 de noviembre a las 21, en el Teatro Ópera, Av. Corrientes 860.

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