Jazz performático y una búsqueda sin fronteras

La pianista de jazz Paula Shocron lanzó junto al baterista Pablo Díaz el álbum Algo en un espacio vacío. El trabajo también fue editado en formato de disco libro con el aporte de la artista plástica Verónica Trigo.
28 de febrero de 2021

Algo en un espacio vacío es el título de un disco-libro que nació como un proyecto sonoro performático, pero también es una declaración de principios. Sus responsables son Paula Shocron (piano, cello y voz) y Pablo Díaz (batería, percusión y objetos). Se trata de un proyecto en movimiento que multiplica sus sentidos en el tránsito. 

“Surge de una investigación que hicimos durante una residencia de performance en el Centro Cultural Sábato en 2019 –puntualiza Shocron–. Luego fuimos al estudio para ver qué pasaba, qué había decantado de esa experiencia escénica, qué nos había dejado a nivel sonoro. Y el resultado fue muy particular: creo que eso está plasmado en este disco. No fuimos al estudio a grabar temas. Buscamos registra sonidos con la cabeza de la experimentación escénica. Eso le da imágenes a lo sonoro, por eso invitamos a la artista plástica Verónica Trigo, quien pintó una acuarela por cada track en tiempo real.”

El sonido y las acuarelas de Trigo se podrán disfrutar en la flamante versión audio libro de Algo en un espacio vacío. Acceder a ambos en conjunto o por separado, escuchar el disco con auriculares o en ambiente, también es parte del juego. “Con auriculares podés escuchar todos los detalles que están en la grabación y en un ambiente el sonido se empieza a entrelazar con otros sonidos que están en ese espacio –puntualiza Shocron–. Y eso es un punto importante de esta investigación a más largo plazo: no dar una cosa totalmente cerrada, determinada, donde al oyente le decís es esto, sino que le dejás algunos lugares abiertos donde puede tener distintas maneras de percibirlo. Porque siempre para la exploración tiene que haber un deseo de jugar, de probar cosas. La música muchas veces se ha formalizado muchísimo, al punto que perdemos esa capacidad que tienen los niñes que no tienen toda esa cultura pesada encima que les dice esto sí, esto no, la música es esto. Todos los cánones que se fueron replicando a lo largo de la historia. Tiene que ver con volver a eso más primario, a esa curiosidad que te dan las cosas y simplemente vas y las hacés sin preguntarte tanto, sin enjuiciar lo que estás haciendo. Y vale para muchos niveles, en el campo de la enseñanza también: siempre tenés que dejar un espacio –al menos yo me obligo a hacerlo– para probar y para no tener el no mordiéndote la espalda.”

Docente en la carrera de Jazz del Conservatorio Manuel de Falla, coordinadora del taller El Cuerpo Rítmico, Shocron trabaja sobre una búsqueda que funciona desde una acción no acostumbrada: contemplar. “No es un trabajo direccional donde le hago hacer algo a otra persona. Es un lugar mucho más abierto a probar cosas despojadas del preconcepto y ver qué pasa. A veces queremos mucho el resultado: hacés esto y te va a pasar esto, y ver qué pasa me parece súper importante porque en ese lugar, seguramente, va a aparecer eso que no te lo va a decir ningún profesor, profesora: va a ser tuyo. En cualquier territorio de la música y las artes es ahí donde realmente aprendés algo. Si no es como una pelota que así como me la dieron, la paso", señala.

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–¿No es un lugar muy pasivo?

–Es ponerte más en un lugar de escucha de lo que está sucediendo, dejando que la situación se te venga. Y el dejar que sucede obviamente se practica. No es que me quedo sentada y las cosas pasan; hay algo de practicar cierta pasividad, no arrebatarse frente a las decisiones musicales y dejar que los sonidos mismos se expresen. No quiero presionar inmediatamente cada cosa, sino escuchar e ir detrás de esa escucha. Porque en la improvisación pasa de que voy, tocó lo que sé tocar, el otre lo mismo y a veces nos perdemos muchas cosas:  vamos tan derecho a lo que sabemos que manejamos que nos perdemos la posibilidad de crear un nuevo lenguaje. Todas las ínfimas cosas que le van pasando a uno y a los otres suman, restan, ponen, sacan, son ínfimos factores que influyen concretamente y no sabes qué sonidos van a producir. Tampoco me pongo en el ideal tonto de que todos los días vamos a ser distintes, es imposible. Pero esta escucha, esta espera, esta pasividad ante lo que está ahí, sino en cómo contemplar, también es algo muy groso: hay mil cosas que están pero en el apuro no las vemos. «

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