La escasez de combustible abruma a los venezolanos y crece la tensión en el Caribe

El bloqueo ahoga al país que tenía la gasolina más barata del mundo. Un intercambio comercial con Irán podría aliviarlo, pero Trump amenaza con impedir la llegada de los buques.

(Foto: AFP)
Por Modaira Rubio - Desde Caracas
24 de Mayo de 2020

En las próximas horas se espera la llegada del petrolero iraní Fortune a aguas territoriales venezolanas. Es el primero de otros cuatro -Forest, Petunia, Faxon y Clave- que transportan en total cerca de 1.5 millones barriles de combustible para abastecer por un mes el consumo del país en cuarentena. No se generó información oficial sobre la trayectoria de los buques, aunque sí se produjo una verdadera “guerra mediática” en la que se advierte de una inminente confrontación en el Mar Caribe entre EE UU y sus aliados contra sus “enemigos”: Venezuela e Irán.

Desde mediados de mayo, se conoce del envío de los buques con un cargamento estimado de 45 millones de dólares. El 2 de mayo, EE UU había eliminado las exenciones sobre las exportaciones de petróleo iraní como parte de su política energética para influir en el precio del mercado. Ahora, la Casa Blanca dejó entrever que EE UU impedirá la llegada de los buques que “violan” las sanciones impuestas unilateralmente sobre Venezuela. A su vez, el canciller iraní emitió una carta al Secretario General de ONU, António Guterres: advirte que cualquier agresión contra sus buques será “un acto de piratería y un riesgo para la paz y la seguridad internacional”.

Esta situación inició una polémica interna con la posición asumida por Juan Guaidó, que arremetió contra ese envío y señaló que era ilegal al no ser aprobado por la Asamblea Nacional. En la oposición se profundizó el cisma entre los sectores moderados y de ultraderecha, y se acrecentó la aversión hacia Guaidó. Lo condenan también los ciudadanos contrarios al gobierno de Maduro. Según Meganálisis, el “presidente encargado” tiene un rechazo mayor al 88 por ciento.

Las represalias estadounidenses hacia Irán, en tanto, vienen por varios flancos: hace horas, la administración Trump sancionó al ministro del Interior iraní, Rahmaní Fazlí, por supuestas violaciones a los DDHH y a 12 funcionarios (entre ellos al exjefe de inteligencia Alí Fallahian) por su supuesta participación en atentados terroristas, incluyendo el de la AMIA, en Buenos Aires, en 1994. Y el Secretario de Estado, Mike Pompeo, cargó contra el gobierno iraní equiparándolo con Hitler, tras las declaraciones del ayatolá Alí Jamenei contra Israel.

Esta semana, Donad Trump hizo uso de su rimbombante discurso para inferir nuevas amenazas contra el Gobierno Bolivariano, aseverando que lo tenía “cercado y vigilado”. El jefe del Comando Sur, el almirante Craig Faller, “alertó” sobre el envío de buques y el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, indicó que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana los escoltará en el espacio aéreo y marítimo, mientras que el presidente Maduro informó que la FANB realizó pruebas con el misil Buk y ejercicios militares en La Orchila, una isla al norte del territorio continental venezolano, en la estación aérea naval Antonio Díaz, para la defensa de aguas y costas.


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(Foto: AFP)

La venta de combustible por parte de Irán a Venezuela se realiza en un momento oportuno para ambas naciones pero incomoda a Washington, que se jacta de haber sancionado a los dos países miembros de la OPEP. La estatal petrolera iraní, National Iranian Oil Company, se vio afectada por la baja en la demanda de combustible debido a la reducción de actividades por la cuarentena mundial y estaba en dificultades para almacenar la gasolina.

En Venezuela, desde el inicio de la Revolución Bolivariana en 1998, la tensión por la confrontación de clases se centró en el sector petrolero y en los grandes recursos energéticos. El golpe de 2002 contra el entonces presidente Hugo Chávez tuvo como trasfondo un paro petrolero que dejó también a la población sin combustible por meses y que fue superado tras la derrota de la intentona.

En la actualidad, la desinversión en el sector y los problemas que enfrenta PDVSA, al ser el centro de la confrontación política y económica, conjuntamente con el daño ocasionado a su funcionamiento por las sanciones impuestas por la administración Trump, han ocasionado la preocupante escasez: el país está imposibilitado de importar aditivos químicos, insumos y repuestos para la refinación de crudo; también de hacer pagos al servicio de cabotaje o adquirir tecnología a través de cualquier empresa que tenga relación comercial con EE UU. Esta situación coloca en riesgo la productividad y la vida de millones, que no tienen garantizado el traslado por ejemplo a hospitales y centros de salud o a sus sitios de trabajo, por falta de combustible. También interfiere el correcto funcionamiento de servicios públicos, como el suministro de energía eléctrica, agua potable y gas doméstico. Esto convierte la vida diaria de los venezolanos en una verdadera tragedia.

TEMA B

Leña al fuego

La compleja situación ha permitido el surgimiento de un mercado negro de combustible, en el cual los venezolanos pasaron de pagar 0,70 centavos de dólar por litro, la gasolina más barata del mundo; a comprarla a precios de entre 3$ y 6$, mucho más caro que la media internacional. Esta coyuntura ha propiciado además una red de corrupción interna.

Recientemente, el embajador estadounidense “designado” para Venezuela, James Story, desde Bogotá y a través de una conferencia de prensa virtual, desestimó cualquier tensión bélica por la llegada de buques iraníes al Caribe. Pero no dejó de advertir que la gasolina que recibiría el país no estaría al alcance del pueblo sino que iría a manos de funcionarios y probablemente al mercado negro.

El consumo diario de Venezuela supera los 100 mil barriles diarios y por la cuarentena, puede estar a la mitad. Por tanto el eventual contenido de los buques duraría un poco más de un mes, el tiempo suficiente en el que la nueva gestión de PDVSA tiene previsto el arranque de la destilación de combustible en las refinerías de El Cardón y El Palito, que se encuentran en fase de recuperación y reestructuración.

Las expectativas de la población ante el arribo de la gasolina son altas: acudirán desesperadas a las gasolineras y si el surtido es regulado, como se sobreentiende sucederá, puede ser un factor desestabilizador y azuzar escenarios de caos y violencia. Justo esta semana, hubo un conato de incendio de una multitud enardecida en una gasolinera de Valencia. Y durante la mañana de este sábado, se produjo un extraño accidente donde explotó una cisterna con combustible en una transitada avenida capitalina. Hace días, otra góndola había sido desviada por bandas criminales en Caracas para surtirse de combustible.

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