“La pregunta sobre la memoria es el motor de esta obra”

Una pareja que se encuentra de casualidad, 40 años después, abre las puertas a un diálogo inesperado. La guionista y directora Ana Laura Suárez Cassino analiza los pormenores de una historia que vas más allá de la anécdota.  

(Foto: PEDRO PEREZ)
13 de Agosto de 2019

Dice que desde que a los diez años leyó Cuentos para Verónica, de Poldy Bird, no dejó de preguntarse por el tiempo. No el tiempo así, como una abstracción filosófica o como una variable de la física. Lo que Ana Laura Suárez Cassino se pregunta desde entonces es cómo, a su paso, el tiempo va fijando caracteres, modos, procederes, principios, memoria.

“Empezamos viendo cómo podíamos poner en escena un recuerdo -recapitula Suárez Cassino el proceso creativo de El Olvido, su nueva obra-. Qué movimientos hace la memoria y si eso puede mostrarse en el escenario. Quería mostrarlo como si fuera un objeto que cae y todas las partes que lo componen explotan, si era posible hacer eso con un recuerdo. Y a partir de ahí, cómo se reconstruye el recuerdo, qué se acuerdan las partes del recuerdo, hasta dónde hacia atrás se puede volver, cuál es el punto cero de la historia. Y fueron apareciendo distintas formas teatrales para poder poner en tela de juicio ese recuerdo.”

En el transcurso, la historia de dos personas de alrededor de 60 años que no se ven desde hace 40 y casualmente se encuentran en un aeropuerto, mutó en otra, que si bien tiene que ver con la memoria, no lo hace desde el recuerdo: lo hace desde la prisión que a veces implica ese recuerdo. “La obra pasó a hablar más de un encuentro: ¿cómo es encontrarse 40 años después?, ¿dónde están los puntos de encuentro? ¿Temblás, te enamorás igual que a los 20? ¿Cómo es el sexo? ¿Cómo es el amor de la gente grande? Eso no vende, no se habla hoy de la vejez desde ese lugar.”


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Así la obra se divide en cuatro partes “bien diferentes -pero conectadas- que además cuentan con distintos recuso actorales: una tiene objetos, otra proyección, otra elementos post dramáticos (los actores hablando con el público) y la otra más dramática tradicional”. Lo que permite “al tiempo ‘acordonearse’: ellos representan en ese presente momentos de su pasado, pero sin volver al pasado; luego pasan a momentos de su soledad; en esos contrastes, en esa tensión, se va tejiendo la obra. Y el hecho de que los actores cuenten con esa edad aporta más riquezas al encuentro”.

Una edad, la de los actores, que tiene que ver con la elección de la propia Suárez Cassino. “El teatro es un signo en la escena -parece que hoy todos fueran actores de de 20, 30 años- y la edad de los actores resignifica la obra. El actor que tiene 70 años es, no hay que actuarlo, es un signo en escena. Es tan contundente que es casi empezar a hablar de otras cosas, porque a ellos lo que menos les interesaba era el recuerdo. Y ahí me apareció la pregunta a mí, que tengo 41, sobre qué quería contar. Entonces apareció la necesidad de conectar con el presente. A ver, acá, ¿qué está pasando? ¿Intentemos esto? ¿Cuánto uno se abre a esa posibilidad de empezar de nuevo? ¿A la posibilidad de que viene alguien que te permite romper tú recuerdo, toda la estructura que se generó a partir de ese recuerdo y te dice: empezamos, cuál es tu onda? Esta obra tuvo un recorrido gigante.”

Un recorrido que comenzó hace cuatro años cuando la llamaron para un trabajo sobre la memoria. “Eso derivó en el encuentro, y en el tiempo en que ocurre ese encuentro. La pregunta sobre la memoria es el motor de esta obra, la excusa, y al meter el cuerpo a trabajar dejó de ser una pregunta intelectual para plantear cómo es recupera algo. El teatro tiene eso de que a medida que lo vas haciendo se va muriendo, y por eso requiere todo el tiempo del presente. Y por eso era interesante cómo poner en escena la memoria, porque la memoria está muerta ya al empezar.”

Y ahí aparecen dos presentes que se potencian y alcanzan su forma teatral (¿perfecta?) con los actores. “La cuestión de la generación era fundamental. No es lo mismo la nuestra que la de ellos, que es de los 70; aman, tienen sexo, se encuentran de una manera generacional, más allá del género. Los chicos de 20 de hoy tienen sus formas más allá de los géneros en los que se sientan bien, y eso tiene sus marcas.” Marcas que habrán de quedar en su memoria, que en su futuro puede ser aliada u obstáculo, según cómo puedan disponerse al encuentro.


¿Cuándo?

El Olvido, de Ana Laura Suárez Cassino. Desde el domingo 4 de agosto, 17.30 hs, El Excéntrico de la 18°(Lerma 420, CABA).  Entradas: $300. Estudiantes y jubilados: $250. Por Alternativa Teatral.

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