Los contagios se disparan en el Conurbano y piden que la Ciudad restrinja actividades

El crecimiento de contagios en el Área Metropolitana es hoy mayor en los 40 municipios bonaerenses que rodean a la Capital: allí la duplicación de casos ya se da cada 12,9 días. Una tasa que remite a la fase 2 del aislamiento.
(Foto: Xinhua)
14 de junio de 2020

“En la Provincia está habiendo un aumento considerable de contagios y el escenario que prevemos es complejo. Trabajamos en proyecciones que hoy nos dicen que en 40 días podría estar colapsando el sistema de salud. Por eso, desde un punto de vista sanitario, nuestra recomendación es incrementar el aislamiento: restringir salidas y actividades”. Quien analiza el escenario es Leticia Ceriani, la responsable de monitorear la situación epidemiológica en la Provincia de Buenos Aires. Las estadísticas le dan la razón a la subsecretaria de Gestión de la Información, Educación Permanente y Fiscalización de la cartera sanitaria. Los casos positivos por coronavirus en los 40 municipios del Conurbano se duplican cada 12,8 días, un número compatible con la fase 2 del aislamiento social preventivo y obligatorio. Y si bien esa región no flexibilizó los permisos en las últimas tres semanas, la movilidad de la población aumentó y con ella el nivel de contagios.

“Para volver a fase 2 hay que pensar el AMBA como un todo. De poco sirve que en el Conurbano restrinjamos absolutamente las salidas si la movilidad aumenta al lado. Es muy difícil que a la larga no genere contagios en la provincia”, añade Ceriani. “Nosotros estamos indagando dónde se contagia la gente y vemos que donde más están creciendo los casos es en los municipios donde más contacto hay con la Ciudad. Pero no sería lógico atribuirle la responsabilidad a eso solo. La única relación clara que vemos es que cuando hay más movilidad, aumentan los contagios”, sostiene.

“En números globales estamos en un momento de muchos casos diarios. Hubo un salto en los últimos días que tiene que ver con la mayor capacidad de detección y la permanencia de la enfermedad en el territorio de la Ciudad”, reconoce el viceministro de Salud porteño, Daniel Ferrante. Sin embargo, trata de imprimir cautela. “Tenemos que ir viendo qué nos marca el R0, que es el índice que te dice a cuántas personas contagia cada caso positivo. Habíamos arrancado arriba de dos y fuimos bajando. Pero todavía estamos arriba de uno, así que cada caso contagia más personas de las que quisiéramos”.

En línea con el planteo de Ferrante, el ministro de Salud de la Ciudad, Fernán Quirós, dedicó un tiempo largo de su conferencia de prensa del viernes a detallar la evolución del virus en los distintos barrios de la Capital a través de dos variables: el R0 y los días de duplicación de casos. Allí destacó que el nivel de contagio bajó en abril por efecto de la cuarentena estricta (fase 1), pero subió con la detección de casos en instituciones cerradas y barrios populares. Claro que allí donde los nuevos casos crecen abruptamente, luego son los primeros en caer.

Hoy se da la paradoja de que el Barrio Padre Mugica (Villa 31) tiene un R0 de 0,6 y proyecta una duplicación de casos cada 83 días. Mientras que Balvanera, un barrio no considerado “vulnerable” y donde se implementó el operativo Detectar la última semana, tiene un R0 de 1,4 y una proyección de duplicación cada 10 días. Esto es una situación aún peor a la del Conurbano. “Por eso hay que ir mirando el serrucho que dibuja la curva de casos diarios y no dejarse llevar por un solo día”, añade Ferrante.

El foco en el Conurbano

“El foco de atención más importante hoy lo tenemos puesto en el Conurbano”, aseguran a Tiempo desde el área de epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación. Desde allí se monitorea la situación de todos los distritos del país y se generan las estadísticas utilizadas para la toma de decisiones en políticas públicas. Allí se ideó, por ejemplo, el plan Detectar, dedicado a la búsqueda activa de casos con el fin de cortar la cadena de contagios. Comenzó en los barrios populares de la Ciudad y hoy se usa en Provincia de Buenos Aires, Chaco, Río Negro y fuera de los asentamientos más vulnerables.

Desde Nación también identifican al AMBA como un distrito que debe pensarse en su conjunto por el elevado nivel de movilidad que tiene su población entre jurisdicciones. Por eso, un primer nivel de análisis muestra la diferencia entre el Área Metropolitana y el resto del país. Mientras que el virus tarda 15,7 días en duplicar la cantidad de contagiados en el AMBA, en el resto del país eso sucede cada 28,5 días.

Una lupa con mayor nivel de detalle muestra que la Ciudad, que hasta la semana pasada era la zona con mayor crecimiento de infecciones, hoy duplica cada 19 días. Mientras que en los 40 municipios del Conurbano la duplicación se da cada 12,9 días. El correlato se observa en la tasa de positividad diaria. Según detalló Carla Vizzotti, de cada 100 tests realizados el último día en cada jurisdicción, 29 fueron positivos en la Ciudad y 39 en la Provincia.

La situación no sorprende al gobierno bonaerense y por eso, el titular del Ejecutivo provincial, Axel Kicillof, siempre se manifestó más reacio a las flexibilizaciones que su par porteño Horacio Rodriguez Larreta. Tan alta es la circulación entre ambos distritos que la expansión del virus inevitablemente iba a correr de un lado al otro de la General Paz. Y allí el escenario parece más complejo de de controlar.

Entre los 40 municipios que rodean la Capital viven más de 13 millones de personas, el cuádruple de los que residen en territorio porteño. El Conurbano también cuenta con unos 1100 barrios populares, mientras que la Ciudad tiene sólo 29 villas. Y algo más sensible aún: en esos distritos bonaerenses se acumulaba, a fines del año pasado, el 51% de los hogares pobres y el 62% de los indigentes de todo el país. Datos que seguro se incrementaron producto de la crisis económica generada por la pandemia. Por si fuera poco, la respuesta estatal en la Provincia debe articular el trabajo de municipios conducidos por distintas fuerzas políticas.

“Entre los últimos casos detectados estamos teniendo muchos casos leves, que podrían pasar desapercibidos porque no estamos acostumbrados a ir al médico ante un dolor de garganta. Más bien nos movemos con la noción de 'seguir produciendo' y entonces nos bancamos un resfrío. Por eso pasamos de una vigilancia pasiva a una activa. Ha bajado la percepción del riesgo y eso es un problema”, concluye Ceriani.

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