"Los Rolling Stones son personas que entendieron qué lugar ocupan dentro del negocio y del arte"

El periodista Juan Cruz Revello editó La lengua universal, un libro que reúne una serie de relatos que tienen como protagonistas a los seguidores de Los Rolling Stones en todo el mundo. 

Por Maby Sosa - @Mabicita
5 de Julio de 2019

Explicar la pasión es imposible. Aunque no lo es relatarla. Este es el lugar que elige el periodista Juan Cruz Revello para hablar de la pasión por la música. Pero no cualquier música sino de la pasión por la música de los Rolling. 

En 2015, Revello viajó a Orlando para ver a los Rolling Stones. Durante el viaje conoció a fanáticos de la banda que los seguían por todo el mundo. De ahí es que nació La Lengua Universal, el libro editado por Gourmet Musical donde muestra el mundo sonoro y amoroso de sus seguidores. 

“Esa vez fui porque no había datos de si volvían a la Argentina. El viaje salía muy caro y yo no tenía cómo pagar, así que mi empleador de ese momento me lo financió. Me fueron prestando plata amigos, familia y me fui. Fue la primera vez que salía del país”, cuenta a Tiempo Argentino el periodista de Junín que desarrolla su carrera profesional en Rosario.

No era la primera vez que Revello viajaba para ver a la banda que lo enamoró ya cuando era niño, desde esos primeros años soñaba con verlos en vivo, así que en 1995, cuando vinieron a la Argentina por primera vez se tomó un micro y viajó hasta Buenos Aires. Desde entonces, lo vio cada vez que venían al país. “Es gente extraordinaria, tienen un magnetismo único. Cuando los ves una vez, querés verlos siempre”, dice Juan Cruz con los ojos iluminados, como escuchándolos de fondo mientras habla.

“Para financiarme la estadía, vendí algunas coberturas. De un medio me pidieron que no hiciera crónica del show si no que hablara con seguidores de otras partes del mundo y me enfoqué ahí”, cuenta. Apenas empezó a recolectar los testimonios, sintió que era mucho más grande que una nota. “Primero me encontré con un grupo fabuloso de argentinas y argentinos, todos de Buenos Aires. Luego conocí a un holandés que había viajado porque quería pedirle casamiento a su novia durante una canción… Esas ya eran todas grandes historias”, recuerda.

El contacto entre los fanáticos de otros países siguió y ahí, cuando ya había guardado demasiado material en su cabeza sintió que podía hacer un libro.

–¿Qué diferencia encontraste entre los fanáticos de los Rolling y de otros artistas?

–Me parece que la diferencia fundamental es la música. Lo que a mí me llamó mucho la atención una vez que me metí de lleno es que había realidades socioculturales, sociopolíticas y socioeconómicas muy diferentes y que no se notaban a la hora de hablar de la música. Estimo que debe pasar con otros fans pero lo loco acá es que están girando hace 60 años y toda su vida fueron populares. Eso me llama la atención. ¿Cómo se sostuvieron en el tiempo retroalimentando tras generación en todo el mundo? Porque esto pasa en todo el mundo, en Rusia, Japón, en Finlandia… ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué esta canción que es igual en todas partes, es la misma, se la recibe en todos lados de la misma manera?

–Estuviste en el único concierto que dio la banda en Cuba, ¿cómo fue ese histórico momento?

–En algo coincidieron los castristas y anticastristas, y es en que el show marcaba un antes y un después. Los castristas estaban muy contentos por decirles a sus pares que no estaban equivocados. Fueron seguidores que en un momento fueron acusados de imperialistas, de colonialistas porque la música cantada en inglés estaba prohibida y ellos tenían que esconderse de sus amigos para escucharla. A los discos los traían los marineros o se iban a alguna isla para sintonizar una radio de Miami donde pasaban la música de ellos a determinada hora. Fue un alivio para ellos, decir ,después de cuarenta años a esa misma gente que los señalaba, “teníamos razón, ¿vieron que no era música que nos llenaba la cabeza para no apoyar la Revolución?”. Y los anticastristas decían “a lo mejor a partir de ahora nos abrimos”. Todo con un punto en común que era que estaban de acuerdo con que toquen los Rolling Stones. Fue un show gratuito para cubanos y extranjeros, que el resto del mundo lo vivió como una celebración. No hubo banda soporte y pusieron todos los videoclips de ellos, como asumiendo que en Cuba no eran tan conocidos como en el resto de los países.

En marzo de 2019 se estrenó en Netflix la película Olé Olé Olé: A Trip Across America sobre la gira que también llegó a la Argentina en febrero de 2016, donde Mick Jagger saluda a los “rollingas”. En ese mismo concierto, se vendían remeras oficiales que tenían grabada la palabra Rollinga.

 –¿Es el “rollinga” el patrón de los fans de los Rolling?

–Cada vez que preguntaba, hacía mucho hincapié sobre si en sus países existía algo similar, una denominación para el fan de los Stones o si pertenecían a alguna tribu urbana identificada. Todos me dijeron que no, y muchos sabían de la existencia del “rollinga”. Es puramente un fenómeno de la Argentina. En el libro trato de hacer un desglose con diferentes actores sociales donde hablan de esto: un actor que encarnó un rollinga (Ariel Startari), un director que eligió un personaje rollinga (Bruno Stagnaro), un periodista fan de los Stone (Bobby Flores) y un sociólogo. Todos coinciden en que es un fenómeno que trascendió la barrera de la música de los Rolling y que trascendió la música rock, porque pasó a ser un estilo de vida y de estética. Es una tribu urbana particular, por fuera de los Stones. Después pasó lo que pasa con muchas tribus, hay cierto sector que los estigmatizó, y los señaló como que no saben lo suficiente para ser fans. Ya no se ven tanto como antes pero hay muchos rollingas.

–¿A qué le atribuís tanta pasión por esta banda?

–Todo el tiempo lo pienso. Me parece que ellos entendieron quiénes son. Creo que parte del trauma de la fama es no asumir, muchos artistas que se dañaron, se traumaron y no supieron mantener su carrera es gente que sufrió esa fama y no entendió el rol que ocupaban en la industria del entretenimiento. En cambio, los Rolling son personas que entendieron su alter ego y el lugar que ocupan dentro del negocio y del arte, y se divierten haciendo eso. Con el correr del tiempo vemos a Stones más divertidos, distendidos, relajados, entendiendo quiénes son. Eso los ayuda a cuidarse para seguir en pie. Me parece que pasa por ahí.

–¿Cuáles son los fans más apasionados?

–Tokio y Buenos Aires tienen los fanáticos más pasionales, con la diferencia del contacto físico que allá no es como acá en Argentina. La particularidad más grande en Latinoamérica es que a partir del 95 se insertó un público nuevo y en otros lugares no. La mayoría de la gente supera los 40 años y acá en el 2016 fue gente que no había nacido en 1995. Eso ellos lo notaron y pusieron hincapié en seguir viniendo. Por eso, uno tiene esperanzas siempre de que vuelvan porque se sigue generando gente nueva, eso es un dato particular con respecto de los otros países.

El prólogo de libro tiene un invitado especial: John Pasche, el diseñador gráfico que creó la obra más famosa que identificó a la banda: la lengua y los labios del logo de los Rolling. “Le mandé un mail y me contestó inmediatamente. Para mí fue muy emocionante, él es el creador de uno de los íconos más reconocidos de la historia, un ícono que trascendió inclusive la música. Para mí que esté esa persona en este libro fue tenerlo ya era tener el libro cerrado”, contó Revello.

–Como periodista, ¿cómo relatás un show de los Rolling?

–Para mí nunca son iguales los shows de los Rolling. Primero nunca tocan la misma lista de temas, siempre varían en dos o tres canciones: de 23 hay quince o 18 que repiten mucho. Varían perlitas depende del show, pero no son todos iguales. Si vas a ver tres shows seguidos no son iguales Muchos fans me decían que no son normales, “ni siquiera son dios. Son los Rolling Stones”.

La lengua universal, está editada por la editorial Gourmet Musical. El libro será presentado en agosto en Miami durante el cierre de la gira de Los Rolling en ese lugar. 

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