Más Casas y menos Prozac

Últimos poemas en Prozac es el nuevo libro de Fabián Casas. Meditaciones y ensayos en verso sobre el amor, el fin de un matrimonio, la paternidad tardía y la experiencia del dolor convertida en feroz y pura belleza.

Por NGR
21 de Junio de 2019

 “Nadie, ni siquiera una persona enamorada, te mira con tanta intensidad e interés como alguien que intenta noquearte en el tatami”. Las palabras son de Chuch Norris y están tatuadas como epígrafe en Últimos poemas en Prozac, el nuevo libro de Fabián Casas. El pensamiento del actor y karateca es una precisa llave de acceso al esperado y demorado eterno retorno a la poesía del autor de Boedo. Te empuja de cabeza en estos cincuenta y pico de poemas empapados por el amor y el desamor, el hundimiento por una separación, las brazadas para salir a flote, las formas de hacer pie y pelear con dhukha –el sufrimiento para los budistas-, el delgado flotador farmacéutico, la paternidad tardía, la amistad y la poesía. Sí, sobre todo la poesía como tabla de salvación.  

Especie de aleph borgiano con ecos de “Canción de amor de J. Alfred Prufrock” de T. S. Elliot, también a las Respiraciones mentales de Ginsberg y a las 69 Love Songs de los Magnetic Fields, todo parece caber en el noveno libro del autor de Los Lemmings y otros: el rencor, la angustia, los tranquilizantes –“Alplax, rivotril, lexotanil / El alfabeto de los que no pueden dormir”-, los celos, el deseo, la impermanencia y ciclos de la existencia –“La familia es una patología / que te acompaña toda la vida / Pongámosla en una heladera / para que no se pudra.”-, la filosofía de Nietzsche y de Kierkegaard, el matrimonio, el fin del matrimonio –“El matrimonio es un espectáculo / al cual los conyugues asisten / en cuartos separados”, el cine de Cronenberg y de Kaurismäki, la meditación, la poesía de Donne y de Pound, el humor, las canciones de New Order, los Beatles y José Luis Perales.

De alguna manera, Últimos poemas en Prozac reconstruye la travesía de una separación y la deriva posible para navegar del dolor a la “redención”. La salvación meditada que llega zurcida a la farmacéutica, la sabiduría budista, el amor filial y la poesía, esa herramienta que el escritor teje para procesar la experiencia del dolor y transformarla en belleza feroz y pura. Lástima que la mayoría de las veces, como escribe Casas, “A un poeta se lo olvida más rápido que a un paraguas. ¿Y a un marido?”

Esta nota fue posible gracias al apoyo de nuestros lectores.

Su aporte nos permite hacer periodismo sin condicionamientos. El sueño de un medio libre no es solo nuestro.

SEAMOS SOCIOS

móvil:N