El acento riojano era inconfundible. También su sonrisa que se acentuaba más todavía cuando estaba sobre el escenario tocando la guitarra. Sencillo, humilde, Nicolás “Colacho” Brizuela fue uno de los mejores guitarristas que tuvo la Argentina. En la tarde del sábado se apagó su vida, luego de haber estado internado desde febrero a causa de un cáncer de riñon. 

Con 50 años de carrera musical, fue el gran y mejor acompañante de la música popular. Tocó junto a Daniel Toro, Víctor Heredia, Los Hermanos Albarracín, Horacio Guarany, Ginamaría Hidalgo, Teresa Parodi, Julia Zenko, Ariel Ramírez, Dino Saluzzi, Los Fronterizos, Oscar Cardozo Ocampo y Alfredo Ábalos. 

Varios músicos, como la cantante y compositora Teresa Parodi lo recordaron en sus redes sociales. 

También León Gieco fue uno de los artistas que despidió al querido guitarrista. 

Su carrera estuvo marcada por haber sido el ángel musical de Mercedes Sosa. La acompañó durante casi 30 años y grabó junto a ella 27 discos, el primero fue Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui. La magia que había en el escenario junto a la cantora tucumana fue única. Musicalmente invencible, fue el compañero durante los años de exilio en Francia, luego Brizuela volvió a la Argentina porque iba a nacer su primera hija y cuando Mercedes Sosa regresó en el 82, volvieron a tocar juntos hasta 2004. A pesar de que llevaban varios años sin tocar juntos fue para el guitarrista un golpe durísimo.

“Yo viví más con ella que con mis padres, hermanas y con mis hijas. Si se llega a dar un romance musical como ese y de amistad… ¿Sabés qué lindo es? Nosotros tocábamos porque nos gustaba la música que hacíamos. Siempre le digo a los cantores que tienen que tener un par y tiene que ser el guitarrista, si el guitarrista no piensa como vos no va a funcionar. Nosotros pensábamos entre los dos por eso siempre funcionó”, dijo el músico en el libro Mercedes Sosa, la Mami.



Colacho empezó a tocar la guitarra a los 8 años y a los 17 se fue de La Rioja, provincia donde nació, a Buenos Aires donde comenzó su carrera profesional en el tango. Era el género que tocaba de niño junto a sus hermanos.

“Viví siempre de la música no puedo dejar, la música es mi trabajo soy un enamorado de la música. Pero es un trabajo duro, el día que se me pase el entusiasmo dejaré la música, para mi es la pasión y eso me llevó por todo el mundo”, dijo al portal riojano Puente Alado durante una visita a su provincia en 2015.

También Alfredo Ábalos encontró en la guitarra del riojano un lugar para su música, con él grabó cinco discos, entre los que están La voz de la chacarera en 1982 y  Las coplas de la vida de 1987.

Desde 2004, el músico inició su carrera como solista. En esa época comenzó a acompañar al bandoneonista Rodolfo Mederos, años antes había realizado juntos un concierto luego de haber sentido afinidad musical durante un recital de Mercedes Sosa donde Mederos fue como invitado. Años después, grabaron juntos el disco Tangos.




Dentro del tango integró el grupo de Rubén Juárez, tocó con Raúl Garello, Roberto Grela y el Palermo Trío, y en 2012 publicó el álbum Tango 12 al frente de un cuarteto de guitarras y contrabajo.

Tanto el tango como el jazz fueron géneros que entusiasmaban a Colacho, quien en 2011 se instaló en Francia para explorar el jazz y sacarle más provecho al stick, un instrumento que enamoró por completo al guitarrista. “Me puse a estudiarlo en serio y me da mucha alegría hacerlo porque permite hacer cosas maravillosas. Es un instrumento muy especial: son dos guitarras en una. Es el mejor invento de los últimos tiempos”, reveló a Télam años atrás.

Fue un músico de sonido exquisito, personal, y con un vuelo popular que ya no se encuentra. Pero sobre todo fue un gran compañero de escenario, un cómplice de la canción y sobre todo, de los intérpretes. 

Todos los veranos Colacho recorría el país, en los distintos festivales. Solía terminar su recorrido en la Fiesta de La Chaya, en su querida Rioja. Durante esos días de carnaval, Colacho andaba de patio en patio acompañando a los cantores riojanos que musicalizan cada siesta de febrero.

Este verano, su ausencia fue enorme. En diciembre detectaron un tumor en su riñón, del que no pudo recuperarse. En sus últimos días, Colacho pedía escuchar los discos que había grabado junto a Mercedes Sosa, esas canciones alegraban su convalecencia.