Qué fantástica, fantástica esta fiesta (virtual)

De gira por los festejos que se viralizan en Zoom, vivos de Instagram y hasta por streaming en cuarentena. Masivos, privados, inclusivos, encuentros que satisfacen las ganas de bailar respetando, aunque cueste, la distancia social.
Por Nicolás G. Recoaro - @ngrecoaro
28 de Junio de 2020

La morocha tiene coronita. Pero no hay que alarmarse, anda bárbaro de salud. Es más, baila como una reina adentro del cuadradito de la esquina izquierda de la pantalla. Dos grillas más abajo, un pibe de glamorosos anteojos ahumados y cómodo pero demodé pijama agita los brazos al ritmo de una cumbia. Al fondo, a la derecha del monitor, una parejita se mata a besos mientras liquidan una botella de birra. Algunas postales de la nueva cuadrícula fiestera online que trajo la cuarentena. Fiebre de sábado por la noche en el Zoom.

Con nostalgias del humo dulce del porro zurcido a la ropa y al pelo, de la cola eterna para pegar el último fernet, del tórrido cuerpo a cuerpo en la pista, los bailongos en físico se mudaron a la fuerza al barrio virtual. Hay masivos, cerrados, inclusivos, multitudinarios. Se encienden cada fin de semana en los salones de las plataformas y en los vivos de Instagram. Desde finales de marzo, mover el esqueleto frente a la pantalla de la computadora o el celular ha obligado a repensar los modos de juntarse a celebrar. El cachengue se convirtió en “salida” terapéutica y resistencia fiestera frente al maldito Covid-19. Porque en tiempos de distancia social obligatoria, bailar (des)pegados por Internet, también es bailar.


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Hitazo tras hitazo

Lo dicen las frías estadísticas. La caliente fiesta Bresh está al tope del ranking en las preferencias de los bolicheros durante la cuarentena. Un fenómeno viral que llegó a tener 850 mil visualizaciones y 83 mil conexiones simultáneas en una noche vía Instagram. Más de tres millones de personas “fueron” a la Bresh en las 12 ediciones celebradas durante los más de cien días en que millones de argentinos llevan aislados por la peste.

“El 2019 fue un año de tremendo crecimiento para nosotros: 30 fechas en Buenos Aires, viajes a las provincias, Uruguay, Ecuador. Cuando armábamos el 2020, lo pensábamos como el año de la expansión y la consolidación. Teníamos fechas sold out en España, Perú, Chile, Colombia. Pero llegó el virus y fue un freno de mano. Bajón. Lo primero que pensamos fue: ‘Nos quedamos sin trabajo’”. El que habla desde su encierro en Colegiales es Broder, DJ y uno de los cráneos de esta fiesta parida en 2016 por un grupete de amigos. Frase remanida: la crisis se transformó en oportunidad.

“Empezamos a ver que todo el mundo del entretenimiento estaba en la misma y se tiraban para la virtualidad, que dejó de ser ese camino alternativo a la vida real, y se convirtió en realidad, porque se borraron las fronteras. Decidimos hacer un vivo. La idea era mantener el estilo de la fiesta, la diversidad, que se escuchara bien, que se viera lindo, un homenaje a la Bresh en físico. Así nació En Casita, nuestro ciclo de cuarentena. Soñábamos con meter mil personas. Hubo 22 mil. Fue un momento de revelación. Aunque estamos lejos de la sustentabilidad que teníamos en físico, nos dimos cuenta de que con lo digital podemos crecer”.

El pasado sábado 20 de junio pegaron otro estirón. Con el nuevo protocolo para los shows de streaming sin público como biblia, lanzaron Bresh TV en una transmisión HD multicámara desde la pista de Niceto Club. Tuvieron sponsors y vendieron pases para ver el show a pantalla completa y sin cortes. “Por ahí antes pensábamos que lo tecnológico era frío y distante –confiesa Broder–, pero nos dimos cuenta de que se puede lograr una conexión sincera con el público”.

Hitazo tras hitazo es el lema de la Bresh. Para el regreso a las pistas físicas, todos vacunados, Broder sueña con abrir la noche con un clásico de clásicos: “Ni lo dudo, ‘We Are the Champions’ al taco, va a ser algo épico”.


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After Chabón

Fiestas Nómades, Parakultural, Condon Clú, Nave Jungla. Nito Dardenne bailó en todas esas pistas. De día es docente de la UBA y técnico en prácticas cardiológicas. De noche, DJ alternativo. Hace una década que está en el gremio de las bandejas. Suele musicalizar las noches del mítico e inclusivo Club Namunkurá, que hace dos meses cumplió 15 años.

Nito cuenta que en abril pasado tuvo su primera experiencia de fiesta a distancia: “Me invitaron a pasar música para un club español vía streaming. Allá eran las 7 de la matina y acá las 2 de la madrugada. Ellos en el after y yo medio frío en el living de casa. Fue raro, pero me gustó. Como una experiencia en la que tenía que imaginarme cómo les pegaba la música. Le di duro al tecno furioso. En una de esas estaban todos bailando, o se fueron a dormir, no lo sé”.

Repitió la faena en el Instagram de Namunkurá hace algunas semanas: “Fue un estilo muy ‘resistiendo al Covid’: yo con ambo y mi pareja de enfermera con corona de jeringas. Tocás a ciegas porque, más allá de los comentarios y los corazones en la pantalla, no tenés referencias. También estaba el tema de los vecinos, a ver si se quejaban con la policía. Pero todo salió muy bien”.

Para el DJ, las fiestas virtuales de alguna manera democratizan el acceso a estos espacios. Pero no las cambia ni a palos por la experiencia física: “Todo muy lindo con lo online. Pero dejar de sentir un abrazo, un beso, dar la mano, bailar pegados en una pista. Eso no se consigue en Internet”.


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Quiero un zoom

La fiesta A Pura Cuarentena (APC) nació en marzo pasado, justo el primer sábado de confinamiento. “Tenemos una productora de comunicación y eventos con dos amigues. Veíamos que todo el mundo se empezaba a juntar por Zoom para festejar cumpleaños y nos propusimos armar una fiesta virtual. Abierta y bien inclusiva, donde todos seamos protagonistas, distinto a los vivos de Instagram”, explica la relacionista pública Camila Roel, motor de APC junto a Esteban Pata y el ecléctico influencer y animador del ágape Pablo Redes, más conocido como el Presidente Gay de la Argentina.

Y todo a pulmón desde la primera noche, resalta Roel. Sin cuenta premium en la plataforma de videoconferencias, armaron tres sesiones al hilo, hubo flor de baile y la gente se quedó pidiendo más. Repitieron desde entonces. Ahora con la premium activa. “Es un auténtico boliche, hay interacción, que es lo que la gente busca, no ser un mero espectador. Tenemos un público que vuelve, un vínculo puramente virtual”.

Con el paso de los bailongos, APC sumó concursos de looks: “Es terapéutico romper el aislamiento. Maquillarse, sacarse el jogging que tuviste puesto toda la semana, sentirse linda, producida, lookearse forma parte de eso. Destacamos videos y se vota el mejor”. La última incorporación al fiestón es la figura de Cupido, un moderador que linkea internautas. Dicen que hay mucho matcheo en la fiesta. Con tono que recuerda al eterno Roberto Galán, Camila resalta que ya se han formado como 40 “parejas”. Quizá alguna rompió la cuarentena y pasó al físico, no lo sabe. Esta tarde de domingo APC promete dancing desde las 16 horas: el Festival Orgullose, por el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+. También es el cumpleaños del Presidente Gay.


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Viernes, estoy enamorade

En la era pre-Covid, les chiques de Ah Pero Anoche! (APA) ya llenaban boliches de todo el país con sus fiestas atiborradas de memes. Durante los viernes de cuarentena siguen con la costumbre. “Somos bichos de redes y ganamos público por ahí. Es muy divertida, apunta a la gente de treinta y pico. Mucha cumbia, reguetón, perreo, fiesta-fiesta”, cuenta Diego Perla, impulsor del festejo junto a la diseñadora La Coneja China y Neneca, reina de los memes. En la cuarentena se sumó la participación estelar de Dyhzy, el hijo drag queen del presidente Alberto Fernández.

Aunque APA! tiene Instagram, explota por Zoom: “El Live es como ver la tele. Mejor el Zoom, ahí sentís que estás como en una fiesta, viéndonos todes las caras –dice Perla–. Por ahora cuesta monetizar. Habíamos repuntado a fin de año después de la macrisis y la cuarentena nos dejó sin los ingresos de los eventos. Pero apostamos. Incluso hay propuestas para hacerla por radio”.

Cuando pase el temblor del coronavirus, Perla arriesga que las fiestas virtuales seguirán teniendo un público fiel: “A nivel personal, no veo la hora de volver a menear en vivo, compartir una birra y un finito. Pero hay toda una camada de chiques que no toman este escenario como algo nuevo, lo viven con total naturalidad. Ellos van a seguir bailando por siempre en Internet”. «

Tiempo Audiovisual

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