Texas, un estado fallido por el modelo neoliberal

La tormenta Uri desnudó las falencias de los servicios públicos: 13 millones de hogares sin agua, 500 mil sin luz y 15 millones de personas sin calefacción y tarifas que se disparan por el consumo plantearon el debate sobre la desregulación y la falta de controles.
(Foto: Joe Raedle / AFP)
21 de febrero de 2021

El semáforo detiene el trayecto cerca del Obelisco. Un letrero luminoso suele advertir cuestiones de tránsito. Ahora flashea: #primero la escuela. ¿Bajada de línea subliminal? ¿Publicidad encubierta? Es una de las menores canalladas del gobierno porteño. Por debajo de la mentira lisa y llana. Unas horas antes –sin vergüenza, no la tiene–, Larreta gesticulaba su bocota de payaso para asegurar que el 100% de las escuelas había regresado a la presencialidad.

La primera señal en contrario que este periodista recibió fue íntima, dolorosa. "¿Cómo empezó Manu el primer grado?", fue la pregunta sobre el nieto. "Comienza el lunes: la escuela no está preparada", fue la lacónica respuesta. La segunda señal se lee en la web de este diario. “Ni todos los chicos ni todas las escuelas ni todos los días”, ironiza una de las notas que describe con ejemplar rigor las escuelas que no estuvieron en condiciones. Entre muchas otras, una de Barracas, otra de Soldati, la de Patricios en la que dio positivo la dire y prohibieron cerrarla; el jardín de Parque Chacabuco también con docentes con Covid. Agreguemos la de Manu. Todas en el sur porteño. La hipocresía es el reino de un gobierno irresponsable: nada es casualidad.

El colmo es esa foto de los chiquilines con sus mochilitas sentados en el patio. Podrán dar mil justificaciones. Tal vez alguna con fundamento verosímil. Pero es un símbolo que desgarra el alma de la “presencialidad a como dé lugar”.

Símbolo del poder real representado en amarillo. De qué modo tuercen brazos, incluso del Ejecutivo nacional. No hay caso más flagrante que el manejo de la pandemia. Marketing puro, base conceptual del ideario pro, mezclado con neoliberalismo profundo y sazonado con condimentos electorales ausentes de pudor. El postre lo aportan los medios hegemónicos carroñeros.

El feudo del “sálvese quien pueda” propiciado por el gobierno de CABA que responde a la sociedad que no para de elegirlo. Sin advertir que en esas mentiras hay delito de criminalidad. Sin reaccionar cuando ven que se juega con cosas que no tienen remedio. O siendo cómplice. Por caso, en el sistema de vacunación. ¿Alguien que no sea un desfachatado podía creer que no colapsaría en segundos la web de la inscripción de los 150 mil mayores de 80 años? Nos toman por imbéciles. Hacen mucho daño.

Como daño, y dolor, y vergüenza causa el escándalo de las vacunaciones vip del Ministerio de Salud nacional. No puede haber justificativos, no puede haber errores en un tema tan sensible. Un ministro como Ginés, el mejor sanitarista de las últimas décadas, un cuadro político, el que le quebró la resistencia al emporio farmacéutico con los medicamentos genéricos. Un exmilitante revolucionario como Verbitsky, un sagaz investigador que se zambulló en los barros más profundos, un periodista con décadas de preciso manejo de las palabras y las circunstancias. ¿Dos tipos así cometieron la torpeza de balearse los pies? Dos tipos como ellos rifaron pueril aunque salvajemente el prestigio de un gobierno, que desde ya tiene sus bemoles, pero como varios afirman, es lo que se pudo construir para sacarse de encima el infierno macrista. Nada menos. Lo que hubo acá es otra cosa que una mera metida de pata descomunal, que Alberto Fernández intentó resolver con la premura que la hora requería. Esa decisión enérgica y sustancial que se le requiere para otros temas, sí, de muy distinta factura.

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(Foto: Joe Raedle / AFP)


Para quienes seguimos reclamándole actitudes éticas al quehacer político significa una verdadera paliza. Para quienes propugnamos un mundo más digno, una nueva derrota lacerante.

Una enorme pena este final político de un viejo luchador de batallas justas como Ginés. El que luchó por la Salud Pública, un tipo leal que acompañó a Néstor Kirchner, el que impulsó el cuidado y la educación de la salud sexual y reproductiva; el que promovió la despenalización del aborto, se enfrentó a las mafias de los laboratorios, se ocupó de los más dignos programas para pacientes de enfermedades cruentas. El que recuperó el Ministerio de Salud denigrado a Secretaría y que se bancó la pelea a la pandemia.

Pero la macana es tan pesada que no admite ni olvido ni perdón. Aunque no merezca ser recordado por este escándalo que no le hace justicia a su trayectoria.

Exactamente lo opuesto al expresidente muerto hace una semana.

Por qué, justo en estas horas, no hacer un imprescindible ejercicio de memoria y recordar, también en modo de catástrofe, esa década de los '90, que se testimonia dolorosamente con la emblemática figura del riojano fallecido. Es que su muerte generó reacciones de amnesia, de brutal sinceramiento o de cochino fariseísmo.

Efectivamente, acá tampoco, ni olvido ni perdón.

¿O no consideramos que ese neoliberalismo que vino a clamar en democracia similares postulados que los Martínez de Hoz y los Chicago boys nos sometieron bajo el garrote de la dictadura? Las convicciones no deben ser tan cortitas para olvidar las traiciones al peronismo, la híper que hizo volar por el aire a Alfonsín, la flexibilización laboral anunciada con perfidia un 1 de Mayo; el atroz desguace del Estado a cambio de chirolas; el abrazo con el almirante Rojas, asesino de sus mal proclamados compañeros peronistas; los indultos a los genocidas; el decreto de la fusión de Clarín y Canal 13; la voladura de un pueblo para encubrir el chanchuyo de armas a Ecuador; la conversión de las escuelas en shoppings. La cultura de la pizza con champagne.

Fue el adalid del cinismo, del desprecio por la palabra empeñada, el que dejó sus patillas en la puerta de entrada a la Rosada, el que le clavó un puñal republicano por la espalda a Néstor, huyendo como rata de las elecciones y obligando al nuevo presidente a remar desde el pastoso 20% del voto popular y el exiguo poder real.

En muchos casos, la muerte (como una de las formas del adiós) nos deja la sensación de gritar "muera la muerte". Como contrapartida, la muerte jamás se celebra. De mismo modo que nunca, absolutamente nunca, mejora al muerto. Eso, si la memoria cumple su cometido.

No estamos entre los que subestiman a Hegel y a Marx. Creemos, como ellos, que "la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. Ya vivimos la tragedia.

La ola de frío que atraviesa Estados Unidos dejó al descubierto las falencias del modelo neoliberal aplicado con fervor en Texas y pone en jaque el proyecto independentista que alienta con regularidad.

Que una tormenta deje a 13 millones de hogares sin agua, a 500 mil sin electricidad, a unos 15 millones de personas sin calefacción, provocando una veintena de muertos, en otros países daría para llamarlo un estado fallido. En ese rico territorio, los medios y el establishment eligieron culpar a los ambientalistas, que propugnan el uso de energías alternativas en lugar de las tradicionales, que siguen siendo la gran fuente de ingresos de las corporaciones privadas. Para agravar esta crisis, gran parte de México se quedó sin energía eléctrica porque depende del gas que compra en Texas desde que la liberalización de la economía allí también.

Con récords de 20 grados bajo cero, la tormenta Uri produjo una cadena de calamidades, todas ellas previsibles. Los caños de agua estallaron por el frío, lo mismo que los ductos de gas. Esto provocó una serie de cortes de energía de las plantas alimentadas con combustible justo cuando en muchas viviendas necesitaron calentarse por algún medio para no morirse de fío. Para evitar el congelamiento de los caños, se sabe, es necesario dejar una canilla goteando, pero eso aceleró dramáticamente el consumo.

Las autoridades recomendaron hervir el agua para evitar posibles contaminaciones. Toby BaKer, de la Comisión de Calidad Medioambiental de Texas dijo a la radio NPR que tuvieron que emitir 250 alertas sobre la calidad del agua en 110 condados del estado ya que “hay unos 332 sistemas dañados”.

Donde más controversias se generaron es en el sistema eléctrico. En Estados Unidos coexisten tres sistemas de interconexión. El de la Este, el de la costa Oeste y Texas, que no está conectado con el resto del país. En 1935, durante el primer gobierno de Franklin Roosevelt -cuenta Kate Galbraith en el Texas Tribune- se dictó la Ley Federal de la Energía. Ese estado, que adhirió en 1845 pero se reservó el derecho a irse de la Unión cuando quisiera, aprovechó esa circunstancia para dejar su servicio eléctrico sin controles federales.

En 1976, los tejanos formaron un ente que maneja la provisión de energía, ERCOT (Consejo de Confiabilidad Eléctrica de Texas). En pleno auge neoliberal, en 1999 se liberaron totalmente los precios. Tienen libre flotación de acuerdo a la demanda en casi todo el estado. El problema de este temporal es que por el aumento del consumo, la tarifas crecen hasta un 10.000%, pudiendo llevar la factura de una casa familiar a cerca de 100.000 dólares.

Un estudio realizado en 2019 por la Coalición de Texas para la Energía Accesible (CAPTX por sus siglas en inglés) que reúne a usuarios de unas 160 ciudades, revela que en esos 20 años los tejanos que padecen el servicio no regulado pagaron cerca de 22.000 millones de dólares más que si hubieran seguido siendo clientes de servicios regulados.

La catástrofe climática, que es fácil atribuir al cambio climático, juega también en esta partida. “Las casas en Texas generalmente están diseñadas sobre la idea de mantener el calor afuera, no de retenerlo”, tuiteó el novelista Mark Sumner. El frío inesperado obligó a miles a salir en busca de garrafas de gas envasado. Entre que las carreteras estaban bloqueadas por la nieve y el mayor consumo, los centros proveedores estaban totalmente vacíos. Lo mismo ocurrió con las góndolas de los supermercados, literalmente arrasadas por los pobladores.

El mensaje brutalmente libertario si fluyó. El alcalde de Colorado City, Tim Boyd, pretendió salvar su responsabilidad alegando que “nadie le debe nada a usted ni a su familia. ¡Tampoco es responsabilidad del gobierno local apoyarte en tiempos difíciles como estos! ¡Nadar o hundirte, es tu elección ¡Estoy harto y cansado de que la gente busque la maldita caridad!”. Tuvo que renunciar.

El Premio Nobel de Economía Paul Krugman también terció en la discusión en su habitual columna del The New York Times. “A diferencia de otros estados, Texas ha optado por no presionar a las compañías eléctricas para que instalen capacidad adicional y así hacer frente a posibles emergencias. Esto hizo que la electricidad fuera más barata en tiempos normales, pero dejó al sistema vulnerable si algo salía mal”, dijo, y agregó: “Después de que una ola de frío de 2011 dejó a millones de tejanos en la oscuridad, la Comisión Federal de Regulación de Energía instó al estado a acondicionar sus plantas de energía con aislamiento, tuberías de calor y otras medidas. Pero Texas, que cortó deliberadamente su red eléctrica del resto del país precisamente para evadir las regulaciones federales, sólo ha implementado parcialmente las recomendaciones”.

Tras el colapso de la red eléctrica, el gobernador Greg Abbott prometió una reforma de ERCOT. “La red ERCOT se ha derrumbado exactamente de la misma manera que la antigua Unión Soviética. Cojeó debido a la falta de inversión y la negligencia hasta que finalmente se rompió en circunstancias predecibles”, consideró Ed Hirs, de la Universidad de Houston en el Los Angeles Times. «

Exportación de cortes

Texas no solo exporta gas a México. También le regaló cortes de electricidad a 42 millones de clientes de la Comisión Federal de Electricidad. Sucede que desde los '90, México fue perdiendo soberanía energética y gran parte de la electricidad es provista por empresas privadas que compran del otro lado de la frontera. Y como los conductos de gas que alimentan las usinas estaban congelados, quedaron sin servicio.

Los medios y la feroz oposición a Andrés Manuel López Obrador se ensañaron con esta crisis en particular y desataron un vendaval de criticas contra su gobierno. AMLO apuntó a dos factores: por un lado, obviamente, a la ola de frío inusual, pero también a las alzas en el precio de los combustibles del 5000% en los últimos días.

México tuvo una importante infraestructura energética y el país figura como uno de los grandes productores de petróleo y gas natural del mundo. Hasta que en las últimas décadas, los planes neoliberales lograron el milagro de que México tuviera que importar energía a un valor en 2020 de 18 mil millones de dólares.

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