“Lo que nos interesó es algo de origen simple pero que alcanza niveles muy complejos de difícil resolución. Y además es una que tema que existe en toda la Argentina en la base de la cordillera: en casi todas la ciudades de la Patagonia los productores se tienen que alejar de la ciudades porque los perros atacan los piño de ovejas. En Tierra del Fuego hace unas décadas había 800 mil ovejas y ahora hay 400 mil”, detalla.

Este jueves se estrena Perros del Fin del Mundo, un documental de Juan Dickinson sobre el proceso que llevó a que Tierra del Fuego se convirtiera en un territorio dominado perros asilvestrados: canes que fueron abandonados por sus dueños y que a través de los años y las generaciones se convirtieron en perros cimarrones, produciendo un proceso inverso al que llevó a esos animales a ser el mejor amigo del hombre.

“Tengo bastante relación con la isla por lazos familiares -cuenta sobre el origen de la película Dickinson-. Aunque soy porteño voy y vengo a Tierra del Fuego, y conozco la problemática de los ganaderos. Hace dos años visité la isla con Fernando Musa, que es mi productor ejecutivo habitual, buscando locaciones para una historia de ficción de un refugiado sirio, y cuando hablábamos con la gente de allá el tema no le interesaba mucho, pero siempre hablaban de los perros. En un momento nos miramos con Fernando y dijimos que esa debía ser la película.”

Director experimentado, Dickinson realizó entre otros El Diablo de Cumaná, Pintor Campesino y El Rey del Bandolín, entre otras, durante su residencia en Venezuela. Y sabe cómo es eso de adaptarse a las necesidades que impone la producción. Así que, además de la problemática en sí, supo que ahí había una historia que iba mucho más allá de Tierra del Fuego. “Lo que nos interesó es algo de origen simple pero que alcanza niveles muy complejos de difícil resolución. Y además es una que tema que existe en toda la Argentina en la base de la cordillera: en casi todas la ciudades de la Patagonia los productores se tienen que alejar de la ciudades porque los perros atacan los piño de ovejas. En Tierra del Fuego hace unas décadas había 800 mil ovejas y ahora hay 400 mil”, detalla.

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Pero Perros del Fin del Mundo no es un documental de denuncia, sino uno que describe un fenómeno. “Los perros han afectado toda la ecología del lugar: los asentamientos de las aves migratorias, los movimientos de los guanacos, los bovinos, aunque no tanto como las ovejas. Todo esto se origina por el descuido de las mascotas, que empiezan como perros sueltos en la ciudad y terminan siendo perros cimarrones en el campo.”


El fenómeno comenzó a evidenciarse en la década del 90, cuando se empezaron a manifestar los primeros síntomas de agotamiento del plan de convertibilidad de Menem. La promoción industrial implementada desde los años 70 atrajo a muchos trabajadores, que en su mayoría se asentaron, pero que en algunos casos intentaron hacer una diferencia para regresar a su lugar de origen. “La isla tiene una importante población flotante que no tiene un arraigo y básicamente están ahí para ganar plata y después irse. A su vez todos tienen un perro porque necesitan compañía, y un coche para moverse. Cuando se van se llevan el coche y abandonan el perro.”

El aumento de la emigración en los 90 produjo un crecimiento de los perros callejeros que, a diferencia de lo que sucede en una ciudad con conurbano (como Buenos Aires, Córdoba, Rosario, etc), es que en las ciudades grandes de Tierra del Fuego el campo y la ciudad están pegados: “Van y vienen entre la ciudad y el campo y eso origina graves problemas de salud pública por las enfermedades que transmiten. Con los años esos perros, en busca de comida, quedan definitivamente en el campo: allí se vuelven cimarrones y se reproducen, como volviendo hacia atrás en el tiempo cuando el lobo acompañaba al hombre para comer las sobras. Ahora comen las ovejas, a las que corren hasta precipicios y provocan muertes por ataque directo, infartos o las dejan mal de tanto estrés que le producen. En este proceso tres o cuatro perros pueden matar hasta 300 ovejas. Y lo llamativo es que no saben cómo abrir las presas: las atacan y las dejan tiradas hasta que viene un cóndor o un lobo que sí sabe, y ahí el perro come. Pero poco a poco van aprendiendo de nuevo a ser salvajes, al punto que ya a dos o tres kilómetros detectan que hay un hombre y se alejan. El hombre se transformó en un intruso para ellos.”

Desde que el problema empezó hasta hoy, se intentaron numerosas formas de solución, algunas más sofisticadas, otras más prácticas, algunas más costosas, otras más económicas. Ninguna pudo erradicar el problemas. “Se calcula que en la isla hay entre 50 y 70 mil perros en jaurías”. Y si bien la película trata el problema específico de Tierra del Fuego, “hay situaciones similares en todo el mundo: en India hay millones de personas que no pueden salir de noche porque pueden ser atacadas por los perros cimarrones”. En Tierra del Fuego ya han empezado a detectarse ataques a personas, aunque el problema está lejos de semejantes dimensiones. “Armamos el documental tratando de plantear todas las preguntas que podría hacerse el espectador, porque creemos que no estamos sabiendo bien cómo relacionarnos con nuestro medio ambiente y las especies de ese medio ambiente. Es muy negativo llevar esto a los perros, que son nuestros mejores amigos.”


¿Cuándo?

Perros del fin del mundo. Estreno: jueves 4 de julio. Cine Gaumont, Av. Rivadavia 1635. A las 12.30 y a las 19.