Un acuerdo para ganar-ganar

(Foto: AFP)
Por Rubén Guzzetti - Analista internacional*
29 de Diciembre de 2019

El modelo de suma cero en las relaciones internacionales, donde lo que gana uno es a costa de lo que pierde otro, es practicado y sostenido por occidente desde hace siglos. El modelo ganar-ganar es difundido en los últimos años por la dirigencia de la República Popular China (RPCh). Es un acuerdo entre partes donde todos salgan beneficiados siempre que la colaboración y ayuda mutua estén por sobre la búsqueda de la máxima ganancia sin tener en cuenta la contraparte.

Después de 18 meses donde la administración Trump declarara, unilateralmente, una “guerra comercial” a China, inscripta en la política proteccionista y de sanciones desplegada por Washington a nivel global, se llegó a un preacuerdo en primera fase donde se descomprime una relación que es mucho más que un conflicto comercial. Se trata de dos modelos políticos, ideológicos, culturales, de propuesta, ejecución y desarrollo antagónicos.

Según las declaraciones de los máximos dirigentes de ambas potencias, todos quedan satisfechos. Tanto el presidente Xi Jinping como su vice ministro de comercio Wang Shouwen como el presidente Donald Trump y Robert Lighthizer, representante de EE UU de comercio internacional, se mostraron optimistas y complacidos con lo acordado. Todos coinciden en que estos acuerdos beneficiaran a ambos pueblos, a la economía y el comercio internacional.

Son en total 9 puntos que abarcan distintas áreas: propiedad intelectual, transferencia de tecnología, agricultura, alimentación, productos farmacéuticos, industria y servicios financieros.

EE UU reducirá al 7,5 % los aranceles del 15% sobre productos chinos por U$S 110 mil millones que iban a entrar en vigencia el 15 de diciembre. Mantiene el 25% sobre productos por U$S 250 mil millones.

A su vez la RPCh suspende aranceles a productos norteamericanos por U$S 75 mil millones.

La RPCh también se compromete a suspender la transferencia forzada de tecnología (acuerdo entre empresas transnacionales y empresas estatales chinas por los que se exige que las primeras compartan la tecnología).

También flexibiliza restricciones al ingreso de operaciones financieras y se compromete a llevar las compras de productos de Estados Unidos a U$S 200 mil millones en dos años.

En el sector agropecuario pasará de los U$S 24 mil millones de compras actuales a U$S 40 mil millones por año, con la posibilidad de alcanzar los 50 mil millones.

Este considerable incremento sin duda perjudicara las economías de los países emergentes, que tendrán que analizar y reformular sus estrategias comerciales con la RPCh, teniendo en cuenta la desaceleración de su economía.

El preacuerdo sin duda descomprime una situación que venia escalando peligrosamente. Washington esta claramente embarcado en una política maximalista, poniendo en juego todo su poder imperial y de primera potencia mundial.

Trump logra un éxito que lo fortalecerá en la próxima campaña electoral. Ha logrado reducir una balanza comercial negativa con la RPCh y mejorar la situación económica de su base electoral en el medio oeste del país fortaleciendo la economía nacional. En general ha hecho pocas concesiones.

La RPCh claramente ha priorizado una estrategia de largo aliento.. Ha ganado tiempo haciendo algunas concesiones. Confía en el desarrollo tecnológico alcanzado, su constante evolución y en su crecimiento arrollador.

Se puede decir que ha hecho una inversión para mejorar las relaciones con su principal socio comercial y fortalecer la paz en un mundo altamente conflictivo.

En síntesis, Washington gana algunas posiciones en la búsqueda de recuperar una debilitada hegemonía global y Beijing logra mantener un equilibrio que le permite continuar desarrollándose.

Próximamente se iniciara una segunda fase del acuerdo donde los temas centrales serán: La tecnología 5G, la carrera espacial, la misilística y la biotecnología.

Los avances y retrocesos de la relación entre las dos potencias más importantes del planeta se prolongaran por un tiempo, se tendrá que vivir muy atento a su desarrollo. Pero por lo pronto es saludable el acuerdo donde si bien EE UU saca ventaja en lo coyuntural, la RPCh piensa en el mediano y largo plazo.

En un prolongado juego, mezcla de “ajedrez y wei qi”, ceder una posición no significa claudicar si se tiene claro los objetivos estratégicos.

La propuesta de la RPCh de “ganar-ganar” no solo es posible sino urgente para la humanidad teniendo en cuenta los riesgos que afrontamos. «

* IADEG- IDEAL- CEFMA

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