Un adiós a Andrea Camilleri

El escritor siciliano conocido en todo el mundo a través del comisario Montalbano, el personaje de sus novelas policiales, murió en Roma, a los 93 años de edad.

(Foto: Captura tv)
17 de Julio de 2019

Murió Andrea Camilleri, el creador del inolvidable Montalbano El escritor italiano de novela negra tenía 93 años. Nacido en Porto Empedocle, Sicilia, en 1925, murió en Roma en el hospital de Santo Spirito, luego de 25 días de internación debido a problemas cardiorrespiratorios.

Dejó un legado de 103 libros, un personaje inolvidable y un ejemplo de coherencia política. Siempre coincidió Partido Comunista aunque se dice que no tenía carnet de afiliación, y mantuvo su posición de izquierda durante toda su vida.

En 1957 se casó con Rosetta Dello Siesto, con quien tuvo tres hijas que le darían cuatro nietos. Siempre aseguró que el día más feliz de su vida había sido el de su casamiento.

Montalbano, su personaje inspirado en el escritor Manuel Vázquez Montalbán, no sólo lo hizo conocido en Italia, sino en todo el mundo. Montalbano irrumpió en su literatura en 1994 en la novela La forma del agua y desde entonces se convirtió en un suceso.

La fama de su personaje desbordó el formato de la novela y se convirtió también en una exitosa serie de la que el propio autor participó activamente. Su éxito fue tal que el propio autor no lograba entender sus causas. «Es muy difícil explicarlo –dijo-. Ni yo me lo explico. Al crear el personaje me propuse que no fuera un policía americano, porque no hubiera funcionado; que no fuera un policía privado, porque hubiera estado limitado en sus funciones; escogí un comisario institucional, es decir, de la seguridad pública. El modelo inmediato es el inspector Maigret, de Georges Simenon. Creé un personaje que no fuera inquietante, al que pudieras invitar a comer o cenar y estar tranquilo charlando con él; un personaje leal que respeta la palabra dada y que se rebela a las órdenes cuando son absurdas. Los lectores han encontrado estos datos positivos y por eso gusta Montalbano».

Como Camilleri y como su gran maestro Leonardo Sciascia, también Montalbano había nacido en Sicilia.

Pero, además de ser el padre literario de Montalbano, Camilleri escribió también relatos cortos, novelas sin Montalbano y fábulas. Fue, además, guionista y director de teatro y televisión. Su labor teatral comenzó con el montaje   de obras de Luigi Pirandello, Eugène Ionesco, T. S. Eliot y Samuel Beckett.  Fue productor y coguionista de la serie del inspector Maigret de Simenon para la televisión italiana.

Su comienzo en la narrativa se produjo con la publicación, en 1978, de una novela, El curso de las cosas, que había escrito diez años antes y que resultó un absoluto fracaso. Se dice que fue un escritor tardío porque comenzó a publicar pasado los 50 años, pero su capacidad de trabajo –escribía disciplinadamente todas las mañanas y en varios libros a la vez- compensó ampliamente su retraso en darse a conocer como escritor. También lo compensó con el éxito. Cada vez que aparecía un libro suyo se ubicaba siempre en los primeros puestos de los rankings de ventas.

A los 80 creyó que ya era hora de despedirse de la literatura, por lo que escribió la que creyó su última novela, se la envió a su editor con la orden expresa de que no la publicara hasta que surgiera algún impedimento para que siguiera escribiendo ya se tratara de una enfermedad o incluso de su propia muerte, pero luego se olvidó de los riesgos que entrañaba su edad y siguió produciendo con el ritmo acelerado de siempre.

En los últimos años, Camilleri se quedó ciego debido a un glaucoma, lo que no le impidió seguir trabajando a ritmo febril gracias a la ayuda de su secretaria Valentina Arfej. Nunca se autocompadeció de su situación. Por el contrario, dijo alguna vez: “La ceguera me ha hecho libre. Así no debo ver ya mi cara de imbécil. Ahora mis sueños están repletos de colores.”

Fue un hombre consecuente no sólo con sus ideas políticas, sino también con los hábitos que le producían placer, aunque fuera a costa de su salud.  Desde su posición de izquierda criticó duramente a los políticos de su país y fue un fumador empedernido que nunca estuvo dispuesto a dejar el cigarrillo que era uno de los grandes placeres de su vida.

Su bien ganada fama, su edad y su carácter fuerte le permitieron dejar de lado la corrección política. No dudó en decir que ciertos políticos italianos le producían vómito y, a pesar de su ateísmo a ultranza,asegurar en una entrevista con Télam que el Papa Francisco “es la única persona con la cabeza bien puesta.”

"No escribo en italiano de verdad –dijo en una entrevista- sino en siciliano, una mezcla de idioma y dialecto. Cuando empecé a escribir en serio me di cuenta de que la lengua italiana no me servía. De la misma manera que no puedo contar historias que no tengan que ver con mi tierra".

La ironía fue otra de sus cualidades distintivas. “Es que no se puede ser siciliano, aseguró, sin mucha ironía.”

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