Un signo de los tiempos

28 de Octubre de 2018

Hay un poema de Baudelaire que se titula "Los ojos de los pobres". Una pareja come en un lujoso restaurante de la París de mediados del siglo XIX, mientras a través de la vidriera una familia en situación de calle mira fijamente. El hombre, incómodo, piensa para sí en la injusticia y en la culpa que le genera la situación. Por su parte la mujer, molesta, expresa el deseo de que alguien eche a esas personas que interrumpen su tranquilidad.

Esa vidriera es una metáfora de la sociedad del espectáculo, y el ostentoso restaurante la televisión donde ya sea a modo de tutorial, de competencia o de tertulia, la comida participa como signo de época necesario para ciertas narrativas de clase. Esto toma mayor relevancia en el contexto actual de crisis económica y social, donde por ejemplo el periodismo oficialista "milita el ajuste" con notas que invitan a dejar de desayunar, hacer dieta o valorizar alimentos de baja calidad.

La relación de todo sujeto social con los alimentos constituye una dimensión privilegiada de la cultura, y por lo tanto, un signo que interviene en la construcción de gustos y dinámicas de pertenencia. Desde allí la súper exposición de alimentos en televisión sirve para otorgar estatus social en Mirtha Legrand, intimismo en PH, diversión en Morfi.

A su vez se usa para interpelar –quizás de modo inconsciente– a audiencias desde una necesidad tan incorporada como ritualizada, borrando los porosos límites entre naturaleza y cultura. La comida está allí como parte del escenario, como excusa, pero a la vez es ineludible como signo que determina un clima donde vivir juntos es comer juntos.

Finalmente, en el mismo sentido, la comida excede a la televisión y deviene en narrativa de otros medios como Instagram, donde el plato previo a comer habla tanto de los sujetos como su propia selfie. «

*Director de la Licenciatura en
Comunicación Social UNQ.

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