Un violador en tu camino: denunciar poniendo el cuerpo

La performance del colectivo chileno Las Tesis fue replicado en más de 45 países. ¿Cuáles son las claves de este fenómeno que no dejó a nadie indiferente?
(Foto: AFP)
Por Javier Borelli - @JaviBorelli
22 de Diciembre de 2019

El violador eres tú. Soy yo. Somos todos los que integramos este sistema patriarcal. Lo conceptualizó Rita Segato. Lo transformó en una performance el colectivo interdisciplinario chileno Las Tesis. Lo gritaron por primera vez en las calles de Valparaíso el 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres. Su eco dio la vuelta al mundo. Viajó de Canadá a Nueva Delhi y de Estocolmo a Mozambique. Se plantó en Turquía a pesar de la represión. Incorporó estrofas y símbolos de la agenda local en cada caso. Se tradujo y sumó voces a una denuncia global de desigualdad que tomó el espacio público con la intención de cambiarlo todo. ¿Cuáles son las claves de este fenómeno que no dejó a nadie indiferente?

“El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que no ves”, dice la primera estrofa que emanó de las gargantas chilenas. Solo en 2018 la Subsecretaría de Prevención del Delito de ese país registró 15.533 denuncias por violación u otros delitos sexuales, lo que equivale a casi dos por hora.

“El sábado pasado secuestraron a una chica de 18 años que salía de un ensayo de su grupo folklórico y apareció muerta tras ser torturada. Eso es muy impresionante y da miedo, porque nos recuerda que no tenemos autorización para estar en el espacio público”, plantea a Tiempo Javiera Arce, cientista política chilena y autora del libro El Estado y las Mujeres. “La performance de Las Tesis que dice que la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía va a disputar esa esfera pública patriarcal. Algo que se repite en todos lados y, en especial, en países islámicos donde la mujer está en una situación de subyugación espantosa. En eso nos parecemos en todas partes”, plantea.

Según datos de la ONU, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual por parte de un “compañero sentimental”; la mitad de las mujeres que viven en pareja no deciden libremente sobre las relaciones sexuales, el uso de anticonceptivos y su salud sexual; y el 71% de las víctimas de trata en todo el mundo son mujeres y niñas. Por eso también solo esta semana el discurso de Las Tesis entró en dos congresos. En Chile, para reclamar la paridad de género en el proceso de sanción de la nueva constitución. Y en Turquía, encarnado por un grupo de parlamentarias que haciendo uso de su inmunidad realizaron la misma performance que un día antes la policía había impedido hacer en las calles y por la cual siete militantes feministas terminaron presas.

Las imágenes de ambas acciones viajaron por el mundo, se contagiaron y reprodujeron. Las Geochicas, un grupo que se propone “cerrar la brecha de género” a través de la promoción de mapas libres y editables, recolectó videos de más de 45 países. El planisferio intervenido con esos eventos impacta a quien lo ve. Pero nadie se transforma más que quien participa.

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Las criadas

“Las redes sociales capturan y vacían palabras e imágenes. Allí anidan las noticias falsas y los discursos de odio. Pero el arte te permite sentir por fuera del decir”, explica Claudia Acuña, integrante de la cooperativa La Vaca y de la Fuerza Artística de Choque Comunicativo (FACC), un colectivo no partidario que se juntó a inicios del macrismo en Argentina para poner el cuerpo en acción y “enfrentar cualquier máquina de violencias que pretenda disciplinar nuestros destinos sociales”.

De su primera acción participaron 120 mujeres que se desnudaron frente a Casa Rosada, los Tribunales y el Congreso. Las imágenes de aquella sorpresiva intervención muestran cuerpos apilados y evocan imágenes de guerra con el fondo de una bandera que construye sentido: femicidio es genocidio.

Con la discusión del aborto en el Congreso la intervención feminista asumió otros símbolos. Esta vez fue el colectivo de Periodistas Argentinas el que impulsó la acción y dio origen a Las Criadas, en alusión a las mujeres de la novela de Margaret Atwood que son obligadas a parir por una dictadura que las considera como vientres esclavos. Fueron alrededor de 15 intervenciones por las que pasaron entre 400 y 500 personas, recuerda Acuña. “Entre ellas había gente que nunca había participado de una medida sindical y a todas las marcó mucho disponer del cuerpo en posibilidad de expresarse”, explica.

“La performance de Las Tesis lo hace una generación más joven que Las Criadas y muestra que el violador está en tu ambiente. Las más adolescentes lo saben y se lo dicen al profesor, al amigo, al hermano. Pero encarna un corte generacional porque mientras nosotras esperamos la denuncia del malo; ellas plantean que el patriarcado no se va a caer porque está adentro. No hablan de patriarcado sino de patriarcalidad”, interpreta Acuña, quien agrega un elemento central para entender la potencia del planteo artístico: se hace en la calle, que es el único lugar donde es posible encontrar personas que piensan distinto ante la burbuja de que forman las redes sociales.

Madres de todas las batallas

“Las Madres de Plaza de Mayo son el origen de todo. Todo lo que hay que hacer en comunicación es estudiarlas”, asegura Acuña deslizando la última pista para deconstruir la pregnancia de la intervención política. Se refiere a los mensajes escritos en los billetes denunciando a la dictadura militar que desapareció a sus hijos, al siluetazo exponiendo los cuerpos que faltaban pero sobre todo a sus rondas caminando alrededor de la pirámide de mayo para no ser detenidas con los pañuelos blancos en la cabeza.

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“Cuando fuimos por primera vez a la plaza éramos 14 y no habíamos planificado nada. Fue algo que surgió porque nos habían arrancado lo más preciado que teníamos que eran nuestros hijos. Y Azucena Villaflor planteó con sabiduría que por separado no íbamos a lograr nada”, recuerda Taty Almeida, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. “Con el tiempo nos dimos cuenta las consecuencias: de que se convirtió en un acto político no partidista que fue retomado por muchas personas. En Argentina las Madres del dolor o las Madres del paco. Pero también lo veo en otros países, como cuando fuimos a Turquía y un grupo de madres nos contó que nos habían imitado usando pañuelos negros”.

El pañuelo de las Madres sigue siendo bandera de los movimientos que reclaman ampliación de derechos en Argentina y en muchas partes del mundo. Taty lo sabe y lo agradece. “Son mimos para el alma”, dice con una sonrisa que atraviesa capas de dolor. “El reconocimiento no es solo a nosotras, sino a los 30 mil desaparecidos. Porque ojala no existiéramos las Madres, ni las Abuelas, ni los Familiares de desaparecidos. Querría decir que no quedaron 30 mil agujeros”. Y sus palabras valen por todas las víctimas de la violencia y desigualdad de género que, parafraseando a Las Tesis, son el genocidio que ahora ves.

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Evita el macrismo: una performance de identidad peronista

Un centenar de Evitas: altas, bajas, gordas, flacas, con barba y bigote también. Sonríen, cantan y bailan. Se organizan bajo una consigna: Evita el macrismo. “La idea surgió a principios de año para desarrollar dispositivos comunicacionales anti-macristas”, cuenta Cecilia Flachsland, integrante del Comando Evita. “Buscamos recuperar cosas de la historia argentina y por eso evocamos la vida de Eva Perón, que rompió tantos estereotipos, para que diga algo de la actualidad. Porque creemos que el movimiento que puede construir acá es el peronismo”, explica.

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(Foto: Gentileza Comando Evita)

La génesis fue distinta a la de Las Tesis, pero la evolución tiene puntos de contacto. “Íbamos a ser solo actrices, pero convocamos por distintos grupos y rápidamente éramos 100. Somos mujeres de distintas ideas, edades y experiencias pero con una identidad peronista que se exalta cuando hay que disfrazarse de Eva Perón”, explica Flachsland. Empezaron con un acto al cumplirse los 100 años del nacimiento de Evita. Reversionaron la marcha peronista y siguieron. Las empezaron a convocar para distintas acciones y florecieron Comandos en el interior del país.

Como en el caso de Las Criadas, la inspiración de las Madres de Plaza de Mayo estuvo presente. “En nuestra primera performance les hicimos un homenaje poniéndonos los pañuelos en la cabeza. Aunque en el manifiesto fundacional pensamos más en el Siluetazo y en el Grupo de Arte Callejero (GAC), que son acciones artísticas y políticas inspiradas en esa lucha pero no realizadas desde el lugar de la víctima directa”, cierra Flachsland.

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