Una rebelión deportiva en el patio de Donald Trump

Hace un año, Colin Kaepernick, jugador de fútbol americano, se arrodilló durante el himno en protesta por la violencia contra las minorías. Pero el fin de semana pasado, otros deportistas se volcaron contra el presidente de EE UU.
30 de Septiembre de 2017

El poder del Tío Sam, que embanderado de pies a cabeza señala con un dedo amenazante, no solo se demuestra desde las fuerzas armadas. El poder del Tío Sam también se mide desde la cultura popular que refleja los Estados Unidos hacia el mundo: Hollywood, la televisión, la música y los deportes. Claro ejemplo se vive desde el show de los premios Oscar o los Grammy y también desde la NBA o las ligas de béisbol, en donde al ganador del certamen se lo cataloga como campeón del mundo, pese a ser una competencia local.

La NFL, National Football League, es la liga más importante de ese país, la más convocante. El fútbol americano es el deporte nacional que genera cerca de 15 mil millones de dólares al año, paraliza a sus habitantes cada domingo y alcanza a 112 millones de personas durante el SuperBowl. Antes de cada juego, frente más de 100 mil espectadores en cada estadio y con la atenta mirada de militares y veteranos de guerra (¡hola Tío Sam!), se entona el himno nacional. Hasta existe un Código de Bandera, que si bien no es legal, llama a los presentes en los estadios a entonar las estrofas de The Star Spangled Banner mirando las insignias patrias con la mano en el corazón.

En ese contexto, fue Colin Kaepernick, mariscal de campo de San Francisco 49ers, quien hace un año, harto de la brutal violencia policial contra las minorías, se arrodilló en señal de protesta a la hora de cantar el himno. "No me voy a levantar para mostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a la gente negra y a la gente de color", dijo tras ese hecho. Días antes se habían dado a conocer las muertes de los afroamericanos Alton Sterling, en Luisiana, y de Philando Castile, en Minnesota, a manos de la policía.

Kap continuó con su cruzada pacífica en “el país de la libertad de expresión y de las oportunidades” durante toda la temporada, junto a otros tantos jugadores que se sumaron y hasta el día de hoy continúan esa forma de protesta cada vez más multitudinaria. Hasta traspasó la frontera del deporte. Una frontera donde el mandatario no puede poner ninguna muralla. 

El fin de semana pasado, casi todo el deporte estadounidense se volcó contra DonaldTrump, quien tildó de "antipatriotas" e "hijos de puta" a esos deportistas: “Si los fanáticos de la NFL se negaran a ir a los partidos hasta que los jugadores dejen de faltarle el respeto a nuestra bandera y país, verían un cambio rápido. ¡Despídanlos o suspéndanlos!", reclamó.

"¿No les gustaría ver a uno de estos propietarios de la NFL cuando alguna persona le falta el respeto a nuestra bandera, decir: '¡Saquen a ese hijo de puta del campo de juego ahora mismo! ¡Está despedido!", agregó Trump.

Lo que el presidente no pudo ver era que la cruzada de Kap se iba a convertir en una nueva bandera que en su momento levantaron Malcom X, Martin Luther King o Mohamed Ali. Ni siquiera supuso que hasta los mismísimos dueños de las franquicias le soltaran la mano. 

Tanto Robert Kraft, dueño de New England Patriots y amigo del mandatario, como Jerry Jones, dueño de Dallas Cowboys, y el comisionado de la NFL, Roger Goodell, se sumaron a las protestas. Entre ellos tres habían aportado poco más de 8 millones de dólares para la campaña de “Make America Great Again” que lo llevó a la presidencia. La gorra con ese slogan fue utilizada por Tom Brady, la máxima estrella de la NFL, quien ahora también le solicitó a su (ex) amigo que no los dividan más.

Tras el fin de semana donde reinó el #KneelNFL y las imágenes de los planteles enteros junto a sus entrenadores y dueños arrodillados fueron tapa de todos los diarios locales e internacionales, desde Estados Unidos se difundieron imágenes en las que ex militares, ex jugadores, y hasta algunos fanáticos quemaron camisetas de sus equipos favoritos en contra de la protesta.

Quien dio la nota fue el hijo de españoles Alejandro Villanueva, jugador de Pittsburgh Steelers, al ser el único de su equipo que se puso la mano en el corazón y entonó el himno. Su camiseta pasó a ser la más vendida en la última semana, pero días más tarde se arrepintió: “Vendí a mis compañeros”, dijo.

Robert Simth, ídolo de Minnesota Vikings, se filmó quemando camisetas en un video que ya lleva más de 100 mil reproducciones: “Tenemos moral, estamos a favor de este país. Los huesos de mi tío abuelo se encuentran en el fondo de Pearl Harbor por este país, por esta bandera, por tu libertad de jugar en la NFL".

Tras esta serie de fotos y videos que dieron vueltas por las redes sociales, los jugadores se encargaron de dejar en claro su posición: la decisión de arrodillarse ante el himno no tiene la intención de desacreditar a los militares o veteranos de guerra, sino la de llamar la atención sobre la violencia policial contra los afroamericanos. Y, claro, ante los problemas de conducta del presidente Trump.

Kaepernick, el mariscal de campo que está desocupado

A los 24 años, Colin Kaepernick lideró a San Francisco 49ers hacia el SuperBowl 2013: fue derrota ante Baltimore Ravens por 34-31. De todas formas, el futuro del mariscal de campo era prometedor. 

En marzo tomó la decisión de ser agente libre y no consiguió equipo interesado en sus servicios para la nueva temporada: no tiene trabajo. Si bien los especialistas consideran que su rendimiento en el último año bajó demasiado, resulta extraño que no haya lugar en ninguno de los 32 equipos de la NFL, que tienen hasta 51 jugadores en su plantel. Periodistas locales y ex compañeros consideran que su ausencia no se debe a su bajo rendimiento sino que ninguna franquicia quiere contar con él luego de “no haber respetado a las insignias patrias”.

Colin fue dado en adopción por su madre Heidi Russo (tenía 19 años, su padre se había fugado) cuando era bebé a los Kaepernick, quienes lo criaron en Wisconsin y estudió en la Universidad de California. 

Pese a su ausencia, Kap es considerado como uno de los militantes por los derechos humanos más importantes de los últimos años y hasta hay algunos que lo ponen a la altura de Muhammad Ali.

El 4 de julio pasado, Día de la Independencia estadounidense, Kap tomó otra decisión importante. Viajó a Ghana: “Fui a mi casa”, dijo.

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