La seguridad con la que el FBI empezó sus investigaciones apuntando a un mismo individuo como autor de los hechos de Texas hace recordar a uno de los atacantes en serie más famosos de la historia de Estados Unidos que mantuvo en vilo a las autoridades desde 1978 hasta 1996: el Unabomber.

Theodore ‘Ted’ Kaczynski era en aquel entonces un genio matemático y exprofesor de la Universidad de Berkeley que abruptamente renunció a su carrera y se fue ido a vivir en completa soledad a un cuarto de 3 por 4 metros en las montañas de Lincoln, Montana, desde donde ideó y operó todos sus ataques.

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El 25 de mayo de 1978 un paquete se encontró en el estacionamiento de la Universidad de Illinois, en Chicago. El paquete fue recogido y enviado de vuelta a la dirección que aparecía en caso de extravío. Sin embargo, cuando ese misterioso bulto llegó a las manos de Buckely Crist, el profesor de ingeniería que aparecía sugerido en la dirección, él no lo reconoció y lo regresó al departamento de seguridad de la universidad en donde finalmente un guardia lo abrió detonando la primera de las 16 bombas preparadas por Kaczynski.

El FBI comenzó entonces costosos despliegues y operativos que intentaron capturar por casi dos décadas al Unabomber, que en principio y al igual que en los ataques en Austin no parecía tener un objetivo claro a juzgar por sus ataques igual a campus universitario que a aviones de American Airlines.

Sin embargo, con el paso de los años, después de haber ejecutado varios ataques con bombas enviadas a través de cartas, en donde, por ejemplo, habían resultado asesinados Thomas Mosser, ejecutivo que había estado relacionado con el naufragio del petrolero Exxon Valdez, y el lobista de industria Timber Lobbyst, el Unabomber envió una misiva al diario The New York Times en la que se identificaba como parte del grupo terrorista FC (Freedom Club) y en la que prometía que si le publicaban su manifiesto detendría el envío de cartas bombas.

A pesar del dilema que generó esto en su momento, medios como el Washington Post publicaron el 19 de septiembre de 1995 su texto de más de 35,000 palabras en el que acusaba a la sociedad industrial de destrozar la vida humana y en el que dejaba claro que la tecnología debería ser aniquilada para salvar a la humanidad.

Después de 16 bombas que dejaron tres personas muertas y 28 heridas, alguna de gravedad, y de 9 atentados parcialmente fallidos, el Unabomber fue identificado gracias a que su hermano leyó el manifiesto publicado por los medios y encontró muchas similitudes con algunas de las cartas que en el pasado le había enviado Theodore.

El 3 de abril, el exprofesor de Harvard con una célebre tesis doctoral finalmente fue apresado, sin que su condena pudiera menguar la curiosidad y cierta fascinación que había creado su misteriosa identidad y modo de operar en todo el país.

El caso de las detonaciones explosivas en Texas justamente ha revivido más que nunca la historia de este atacante serial con bombas cuya historia ha derivado en varias novelas y quien recientemente fue objeto de la serie de televisión Manhunt: Unabomber (Cacería: Unabomber).