En 1988 la legendaria banda británica editaba el disco que se convertiría en uno de los mejores de toda su carrera. Con canciones como “Can I Play With Madness”, “The Evil That Men Do” y el tema que le da nombre al álbum, la Doncella de Hierro logró uno de los trabajos más representativos del género

El álbum fue lanzado el 11 abril de 1988, y encontraba al quinteto en el mejor de los escenarios, siendo uno de los grupos en vivo más taquilleros y celebrados por los fans del género a nivel mundial. Considerados los héroes totales del heavy metal, el line-up de la Doncella de hierro parecía indestructible, funcionando a la perfección desde sus comienzos. Antes de este lanzamiento, Iron Maiden había publicado discos épicos como los celebrados Piece of mind (1983), Powerslave (1984), Live after death, de 1985 y, para muchos, considerado uno de los mejores discos en vivo de todos los tiempos, que fue editado cerca del regreso triunfal a los estudios que significó Somewhere in time, lanzado un año después.
Para Seventh son of a seventh son, la banda había introducido en su sonido solapados sintetizadores, una verdadera sorpresa, sobre todo por el tratamiento sutil que le dieron a esos arreglos. La idea de realizar música sobre un séptimo hijo partió de Steve Harris, célebre bajista, que leyó una novela del británico Olson Scott Card. La obra, que tenía como nombre El Séptimo Hijo (en castellano), lo inspiró para comenzar a trabajar alrededor de esas ideas junto al resto de sus compañeros. Así, el grupo se encerró en un estudio de grabación en Alemania bajo las direcciones del productor Martin Birch. El proceso se inició en los últimos meses de 1987, un trabajo conceptual basado que en cada canción incluye temas como los poderes sobrenaturales, la lucha emtre el Bien y el Mal y otros elementos que caracterizan al texto literario.
Así nacieron hits como “Can I Play With Madness” o el tema que le da nombre al álbum. Pero entre los que sobresalen encontramos a “The Evil That Men Do”, un clásico de Iron Maiden y del estilo que tomó el género a finales de los ‘80, donde el estilo sincopado de guitarras se roba una gran porción del álbum. De todas formas, “Seventh Son of a Seventh Son” es, tal vez, la canción más llamativa de toda la obra: una composición de diez minutos repleta de mensajes que aluden no sólo al libro de Scott Card, sino también a muchos aspectos sociales.
Todos los temas de Seventh Son of a Seventh Son representan su época y a una banda en la cúspide de su momento creativo. “Only the Good Die Young” (con su estribillo de cancha de fútbol) o “Moonchild”, también aportan a una lista indestructible, algo que Iron Maiden no sólo logró esta vez, sino que ya venía realizando desde álbumes anteriores. El quinteto ya había demostrado su calibre de fuego para construir grandes álbumes, pero sin nada de dudas, The Seventh, como suelen llamar los fanáticos al disco, es uno de los puntos más elevados en la carrera de una banda que todavía busca superarse.
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